MelancolĂa durante la estaciĂłn de pomelos
Cuando aprendà a usar un procesador de textos, comencé a escribir relatos cortos, cuentos. Me gustaba tipear, armar historias y poder controlarlas a mi gusto.
Cuando aprendĂ a usarlo, recuerdo, era Ă©poca otoñal; Ă©poca de pomelos, en donde vivĂa.
En esa Ă©poca fresca, esperaba a que el ĂĄrbol de pomelo de Marcela dĂ© fruta. Los pomelos madurando me anticipaban lo que pondrĂa posteriormente en la heladera, puesto que solĂan caer de nuestro lado o al menos la mayorĂa.
Luego de que se enfriaran lo suficiente, podrĂa cortarlos a la mitad y cubrir una de las mitades con azĂșcar. SolĂa sentarme frente a la computadora mientras escribĂa, o al sol en el suelo de cemento, a comerlos con una cuchara y sobre un plato.
Incluso en mi recuerdo, todavĂa siento esos rayos de sol sobre el que fue mi rostro pequeño, el aroma tan deleitante y el sabor tirando a amargo del cĂtrico.
El frĂo, las seis de la tarde y esa rĂĄfaga otoñal a determinada hora del dĂa me recuerda a ese momento en el que me sentĂa tranquila comiendo pomelos con azĂșcar.