«El despotismo que caracteriza con frecuencia las relaciones conyugales o familiares, procede del mismo tipo de agenciamiento libidinal que aquel que encontramos en el campo social. A la inversa, no resulta absurdo abordar un cierto nĂșmero de problemas sociales a gran escala (por ejemplo, los del burocratismo y del fascismo) a la luz de una micro-polĂtica del deseo. En consecuencia, el problema no estĂĄ en tender puentes entre dominios ya constituidos y separados entre sĂ, sino en instalar nuevas mĂĄquinas teĂłricas y prĂĄcticas capaces de barrer las estratificaciones anteriores y establecer las condiciones de un nuevo ejercicio del deseo. Por ende, ya no se trata de describir los objetos sociales preexistentes, sino de intervenir activamente contra todas las mĂĄquinas del poder dominante, se trate de las del poder del estado burguĂ©s, de las del poder de las burocracias de toda Ăndole, del poder escolar, del poder familiar, del poder falocrĂĄtico en la pareja, como en la del poder del super-yo sobre el individuo.»
Felix Guattari: CartografĂa del deseo. La Marca, pĂĄg. 154. Buenos Aires, 1995.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1









