{ redphilanthropy }
Se avecinaba otro día tranquilo de trabajo, de nuevo estaba ocupándose de la tienda él solo, pues sus abuelos se sentían fatigados por el cambio de tiempo, y como era de costumbre la tienda estaba vacía de gente, le parecía increíble que no hubiera ido a quiebra pero suponía que vendiendo un par de esos valiosos objetos ya podían sobrellevar los gastos, una pena que la gente de hoy en día no se interesara por las antigüedades.
Así que se hallaba detrás del mostrador jugando al solitario en el ordenador hasta que oyó el sonido de la campanita de la puerta al abrirse. Dirigió la mirada hacia la entrada sorprendido y contento a la vez por recibir a un cliente al fin.
-- Bienvenido, puedo ayudarle en algo? -La comisuras de sus labios formaron una leve y efímera sonrisa.




