«Frecuentemente se ha recordado el uso constante que Ockam hace del principio de economía de pensamiento: no hay que multiplicar los seres sin necesidad. Pero el modo tan característico que tiene de emplear ese principio aristotélico, contra el mismo Aristóteles si es preciso, no podría explicarse sin la preminencia indiscutida que Ockam reconoce y desea asegurar al conocimiento experimental. Si nunca se debe afirmar que una cosa existe, cuando no se está obligado a ello, es porque la experiencia directa de la existencia de una cosa constituye la única garantía que podemos tener de su existencia. Por eso, Ockam se dedicará activamente a explicar las cosas del modo más simple posible y a expurgar el campo de la filosofía de las esencias y de las causas imaginarias que lo obstruyen.»
Étienne Gilson: La filosofía en la Edad Media. Editorial Gredos, págs. 594-595. Madrid, 1989
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