el cartógrafo del postmundo
Ocurre en el año dos, después del mundo, cuando una cucaracha sobreviviente al colapso de todas las definiciones, se da a la tarea de volver a cartografiar todo cuanto ya había sido cartografiado. Su tamaño y complexión le permiten transitar entre, sobre y por debajo de las enmarañadas redes del mundo anterior, un enorme y tensado estambre. Montañas saturadísimas de caminos transitados y mares inundados de sustancias re y re y re mezcladas. No serán químicos, ni agua, ni fluidos, serán algo mucho peor, un nuevo color y el último que habrá dejado la era anterior.
La cucaracha habrá mutado, su cuerpo habrá cambiado, será más asqueroso, pero sin haber quien se lo diga, será el más bello, por no decir desconocido y atroz. Suave y malecho, se mira en los reflejos de superficies apiladas cuyo origen es y será para siempre incierto.
Cartografía no para buscar, no para encontrar, ni para ubicarse, ella sabe dónde está. Ya nada hay, sus motivos tendrá, no puedo ni imaginar la razón, porque apenas voy para allá. Allá donde las redes van surgiendo y se van tragando mi hogar, poco falta para que me quiten el Sol y no sobreviviré para poder preguntarle a la cucaracha porqué tejió su propia coraza.








