Nikolaj Lind
NOMBRE: Nikolaj Lind
EDAD: 52 años
FECHA DE NACIMIENTO: 22/11/1969
SIGNO DEL ZODÍACO: Sagitario
LUGAR DE NACIMIENTO: Copenhague, DK.
OCUPACIÓN: Empresario
Sobre mí:
Soy hijo único. Mi madre murió por complicaciones en el parto al nacer yo y entonces mi tía, la hermana mayor de mi padre, se mudó con nosotros. Él siempre estaba trabajando, era un abogado de prestigio (y lo seguiría siendo si no le hubiera obligado a jubilarse) y fue ella quien me crió principalmente.
Como hijo de un padre ausente que no quería hacerle lo mismo a una posible descendencia, asumí que nunca la tendría. Pero Violetta llegó en los años que vivía en Nueva York, cuando estaba en una relación con su madre, y al acabarse lo nuestro y volver a Dinamarca me convertí en lo que no quería ser. Espero estar a tiempo de deshacerlo.
Quitando a Etta, mi tía era la persona más importante de mi vida. La quería mucho, y ella a mí, y me enseñó casi todas las cosas importantes que saber en la vida (a cocinar, entre ellas), pero sin dejar de ser exigente. Igual que hizo con mi padre, quería verme triunfar. Siempre tuve que sacar buenas notas, aprender idiomas, acceder a una buena universidad. Proveníamos de una buena familia, ella era muy orgullosa, y yo creo que lo he heredado un poco.
Estudié ingeniería y me adapté al sector de las telecomunicaciones cuando llegó el boom. En la actualidad, mi empresa se dedica a crear y distribuir contenido multimedia, no es muy grande, pero nos va más que razonablemente bien.
Creo en trabajar duro, en la suerte de haber tenido una base económica en la que apoyarme, pero no soy ningún estirado. Todo lo contrario, de hecho. No me pongo un traje a menos que la situación me obligue, me gusta salir a tomarme unas cervezas, el deporte (ver y practicar) y si no la lío tanto de fiesta como antes es porque ya tengo una edad y no me recupero como antes.
Desde que dejé NY no he tenido ninguna relación seria. Ni tenía espacio ni interés en ello. No sé si diría que Madeleine fue el amor de mi vida, pero desde luego que nunca se me ha ocurrido volver a tener con nadie lo que tuve con ella.
Por los proyectos de mi empresa he pasado en Europa la mayor parte de los últimos años, pero en cuanto me enteré de lo que le había pasado a Madeleine salí para NY para hacerme cargo de Etta. Es la clase de acontecimiento que te hace plantearte cosas y preguntar si tendrías que cambiar de vida, pero claro, eso es más fácil decirlo que hacerlo.













