-Estaba preguntándome cuando despertarías- el hombre al que le hablas continuaba acostado, con las sabanas blancas de tu cama enredadas hasta la cintura, el torso y pectorales completamente desnudos, lo ves sonreír hacia un lado completamente satisfecho con lo que esta viendo en ese momento, tu cuerpo desnudo recién salido de la ducha. Olvidaste meter dos toallas al baño como acostumbras hacer siempre, una para el cabello y una para el cuerpo, así que no te quedo mas opción que elegir entre una y otra. Decidiste utilizar la toalla para secar tu cabello, no querías que el agua escurriera y mojara la alfombra -¿que tal la siesta?- le preguntas con tono divertido, recordando a la perfección la alocada noche que pasaron juntos. En tu vida habías conocido a un hombre con tanta energía, que pudiera soportar varias rondas de sexo desenfrenado. Terminaste exhausta después del quinto orgasmo, dándote por vencida finalmente y sucumbiendo al sueño sin importarte manchar las sabanas o limpiarte a ti misma. Te daba igual en realidad, no eras capaz de levantar un dedo ni siquiera para quejarte y sabias lo contento que él estaba por eso.
Se conocieron en un bar, Nero estaba sentado junto a un hombre de cabello negro, con un estilo gótico que llamo tu atención. Si eras franca contigo misma debías aceptar que primero lo viste a él, te pareció atractivo y original, hasta que miraste sus sandalias y supiste que no era el estilo de hombre que querías, perdiste completamente el interés en el chico. Excepto que Nero ya se había interesado en ti, lo supiste por que te estaba mirando fijamente y entonces se puso de pie, caminando hacia ti con una sonrisa arrogante y coqueta, llevaba puesta una camiseta henley en color negro, lo suficientemente ajustada para permitirte imaginar la forma de su cuerpo y un par de pantalones de mezclilla, pero no era eso lo que te llamo la atención sino la seguridad con la que camino hacia ti, se detuvo a tu lado e inicio una conversación contigo. Era valiente y atrevido, y te encantaba eso en una conquista.
Platicaron por un largo tiempo, coqueteando, y diciéndose unas cuantas insinuaciones hasta que llego la hora de marcharse y lo invitaste a tu departamento.
Lo que paso después fue indescriptible, Nero te provoco como ningún hombre lo había hecho, desde la forma en que bajo el cierre de tu vestido rojo haciéndote sentir impaciente, hasta como te toco en los puntos exactos y te besó lleno de lujuria y pasión. Fue la mejor primer ronda que tuviste, sin embargo cuando volteaste a verlo supiste que el no estaba conforme del todo. Nero volvió a besarte, acariciándote la entrepierna, sintiendo la humedad con la que te había dejado minutos antes. El contacto cálido de su piel con la tuya te mantuvo alerta a su próximo movimiento y sentiste su miembro erecto contra tu abdomen, te habrías reído si no estuvieras ocupada admirando su tamaño. Querías probarlo con tu boca por lo menos una vez, pero Nero tenia otros planes en mente, lo tomo con su mano derecha, apretándolo mas a tu cuerpo mientras lo bajaba hasta tu zona intima, sentiste un espasmo de excitación cuando lo introdujo en ti y comenzó a moverse con fuerza, provocando que tus gritos terminaran ahogándose por sus movimientos rápidos, no podías creer que un hombre así existiera
-estoy seguro que no es tu primera vez- lo escuchaste decir con tono juguetón
-no, pero es la mejor de todas- tu respuesta lo lleno de orgullo, haciendo que se esforzara mas por complacerte. Te había estado viendo desde que llegaste, sin poder creer como una mujer como tú podía sentarse sola en la barra sin que un idiota se le acercara, se sintió un poco decepcionado cuando noto que volteabas hacia donde él estaba, pero no lo veías a él, sino a V. Pensó que no tenia caso intentarlo, sin embargo V no parecía interesado en ti y creyó que tal vez si lo intentaba podría tener una oportunidad contigo. Te veías ardiente en ese vestido rojo entallado, gritándole al mundo que esa noche querías pasarla bien con un poco de compañía y entonces camino a ti.
El segundo orgasmo llego inevitablemente haciéndote gritar de locura. Tus manos aferrándose a las sabanas para contener la increíble sensación que se apodero de ti los siguientes instantes, Nero apenas y estaba sudando cuando colapso sobre ti, besándote ligeramente, recuperando el aliento. En definitiva le pedirías su numero y lo volverías a llamar para pasarla bien de nuevo.
No tenias idea de como inicio la tercera ronda, estabas cansada, un poco mareada y al mismo tiempo dispuesta a complacerlo de nuevo. Lo querías dentro de ti una vez más, lo necesitabas como a nada
-V no te habría cogido como yo-
-¿V?- preguntaste insegura a que se refería
-ahh- articulaste con dificultad, mitad gemido mitad palabra, Nero se había abierto camino de nuevo. No te importaba V en lo absoluto, lo único que te importaba era que Nero no se detuviera, querías sentir su calor y las pulsaciones que acompañaban a su eyaculación. Te estabas mojando con solo pensarlo.
Al final de la quinta ronda simplemente ya no fuiste consiente de nada, la fatiga te obligo a dormir inmediatamente, lo único que recordabas era un dulce beso que Nero deposito en tus labios.
Cuando despertaste aquella mañana de un Domingo y encontraste al peliblanco aun dormido a tu lado, sonreíste inmediatamente, lo contemplaste con una mezcla de deseo y cariño. No te enamorabas de un extraño así como así, en realidad prácticamente nunca volvías a ver a alguien después de un acoston de una noche, pero Nero era alguien difícil de olvidar, su energía te había llevado a la cima la noche anterior y sentías agradecimiento hacia él. Te levantaste de la cama para darte un baño y cuando volviste lo encontraste despierto, mirándote como si nada en el mundo fuera mas interesante que tu cuerpo desnudo, completamente a su merced
-¿pensando en continuar lo de anoche?- preguntaste con verdadera curiosidad
-no- te dijo alargando un brazo para atraerte hacia el, recostándote a su lado, te sentiste incomoda por llevar la toalla enredada en tu cabello, el la retiro suavemente y sus dedos se enredaron en el, masajeándolo cuidadosamente, el simple detalle desato tus fantasías y terminaste besándolo, llena de excitación. Nero correspondió el beso desenfrenado, sin ocultar el deseo que tenia por volver a tenerte. Entonces tu estomago rugió, las mejillas se te sonrojaron y sonreíste con vergüenza, Nero se rio un poco
-vamos a desayunar algo- sugeriste, estabas segura que si no se detenían en ese instante terminarías muriendo en algún momento, seria una de las muertes mas placenteras y aun así no estabas dispuesta a morir tan joven, no después de haberlo encontrado. Lo tomaste de la mano ayudándolo a ponerse de pie, Nero se dio un baño mientras preparabas el desayuno y cuando estuvo listo lo viste entrar en la cocina, el también estaba mirándote, camino hacia ti y envolvió tu cuerpo entre sus brazos, su pecho chocando con tu espalda, te abrazo con delicadeza, haciendo que te derritieras por dentro
-puede que suene raro- te dijo -pero me encantaría tener una cita contigo- y aceptaste, no podías negarte a una proposición así, no cuando el te sostenía de esa manera, tan sutil y llena de afecto.
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