Experiencia en la felicidad
No me había puesto a pensar qué sería o es la felicidad para mi, hasta que me preguntaron qué tanta experiencia en la felicidad tengo.
Es curioso. ¿Tengo experiencia? me cuestioné. Y después de un paseo dentro de mis pendientes de la mañana, me di cuenta que sí, la tengo y aunque no sea bastante, es importante.
La felicidad es un concepto muy ambiguo como transitorio, todo al mismo tiempo. Es algo que te da el chispazo y te revive, te refresca la vida, los ojos, la mirada... y quien te conoce, sonríe contigo.
Tengo 24 años y he experimentado varias cosas en mi vida. Desde las más chiquitas hasta las más grandes (aunque eso varía según quién me escuche) pero cada una, muy importante.
La felicidad ha llegado de diferentes formas: en un corazón, en una familia, en una persona, en una mente, en cuatro patas y en dos ruedas.
Un domingo por la tarde del 03 de noviembre, una pequeña niña decidió dar su primer llanto. Aquel llanto que podría significar muchas cosas, que ante todo pronóstico se decía así misma que el camino sería largo pero que valdría la pena.
Ese llanto que fue calmado por una familia que la recibió dos días después en casa, llegando como ‘regalo’ para su hermanito que cumplía 5 años en la tierra. Estos fueron los primeros contactos de vida con seres importantes para ella, dado que esta familia acompañó y apoyó en la medida de lo posible los anhelos de esta niña.
Muchas vueltas al sol tuvieron que pasar para que se diera cuenta que a veces, los caminos que tomamos, no siempre son como esperamos, y asumir las responsabilidades llegan cuando uno crece.
Conoció el reto de aprender, caer y levantarse en los primeros años de vida en un colegio que alentó y la ayudó a conocer hobbies que disfrutaría de grande (sin ella saberlo). Que aunque la profesión que escogió no era lo que hubiera anhelado y se dió cuenta tarde, está agradecida por la oportunidad.
A pesar de eso, tuvo la felicidad de compartir su camino junto a quién la acompañó de la mano por unos años, siendo su respaldo. Entre tantos vaivenes, la felicidad debían aprenderla solos siempre estando pendientes uno del otro, agradecidos por haberse encontrado.
Tomando decisiones importantes cada uno por su propio bien... La llevó a cuestionarse el renunciar a cosas que no la hacían feliz, porque era consciente que habrán trabajos que están bien conocer, pero si la mente no está preparada ni anhela algo lo suficiente, no podría continuar su camino.
Y así decidió renunciar a aquello que no la reconfortaba. Recogió sus cosas y emprendió camino de regreso a casa. Entre ellas, había una pequeña caja, donde se encontraba un pequeño acompañante, una bola de pelos de cuatro patas y una colita. Que si bien no sabía a donde se dirigían, ambos podían sentir que a partir de ese momento, la vida de ambos cambiaría.
Revolucionó una familia completa y trajo paz a la pequeña niña, que ya no parecía tan niña. Ella era consciente que al tomar ese tipo de decisiones seguiría creciendo, y cada paso que daba, era un escalón más a su idealismo de la felicidad.
Es por eso que para emprender ese nuevo camino, decidió recorrerlo en dos ruedas, donde se encontró con gente bonita que la ayudó a entender que solo con puro esfuerzo será la única manera de llegar a la meta y que debe seguir pedaleando.
Cada día que pasaba era un día más de aprendizaje, un día más de abrir los ojos por las mañanas y tomar decisiones que probablemente la lleven a un punto de su vida que se vuelva a cuestionar porqué está donde está y qué va hacer para lograr lo que quiere.
Ella conoció la paz y recordó lo importante que es estar sola. Sabe que muchas veces se cuestionará y no sabrá qué hacer, pero no cabe duda, que tomará un respiro y mirará al frente, esperando el próximo reto a enfrentar para que ella pueda seguir creciendo y anhelando todo aquello que desde aquel llanto del domingo por la tarde, sin saberlo, estaba aceptando.
Aquel llanto que volvería a repetir, porque cada lágrima que cayeron de aquellos pequeños ojos, demuestran que cada pedazo de vida que experimentó, le trajo una felicidad que nadie se la quitaría.
Ella sonreía, estaba segura, lo volvería a repetir.