«¿Qué sería de ti sin las palabras? ¿Qué sería de ti si no pudieras recoger esos instantes fugitivos en el camafeo calmado de las palabras — y decirte: melancolía, arroyo, estío, nube, ciprés, recreando con cuidado el sabor especiado o frutal de todas las palabras? ¿Qué sería de ti sin ellas, sin los peces de colores que vaguean en esa laguna de mercurio que es el espejo de tu ciudad — siempre vivas? ¿Qué sería de ti?
Y sí, sabes bien, demasiado bien, esa suerte de condena que es vivir un vida como casi solo entre palabras — y todo por saber que el tejido íntimo de tu conciencia, incluso el de tus afectos más secretos, está hecho de palabras, como también la trama que llamamos mundo, o realidad, o quién sabe, lo constituyen las palabras. Conoces hasta el fastidio ese pequeños desgarro sostenido que es comprender que nunca será el tuyo el acomodo propio de habitar una especie de instante interminable — la limpia inmediatez de quien está en el mundo como debe estar el agua dentro del agua. Que estás condenado a no poder vivirte sino en la revocación de lo vivido, en la representación de una vivencia que ya está ausente como tal cuando la identificas, cuando la interpretas y nombras — que pertenece al instante, al segundo inmediatamente anterior. Entonces, si lo piensas, es como si cada minuto murieras un poco, goteando — como si fuera apagando un poco más tu mundo. Y tal vez sea así como deben ser las cosas de la vida de los hombres. Pero ¿estás seguro de que así deben ser también para ti? Nombras lo que sientes y lo que haces es recordar lo que has sentido, que ya no es exactamente algo que sientes sino un sentido que se acomoda a las pautas que le impone su mismo nombre — solamente un recuerdo en el que empeñas tozudo tu presente, que sin embargo ya ha pasado.»
Miguel Morey: Deseo de ser piel roja. Alianza Editorial, págs. 165-166. Madrid, 2026.
TGO
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