De todo un poco
Comencé a cuidarme, comencé a pensar en mí y en las cosas que necesito o no en mi vida, es difícil pero no imposible. Dejé de pensar un poco en lo que los demás estén necesitando, de ayudar a quienes no necesitan mi ayuda. Claro que todavía me cuesta horrores, no saben cuánto, pero estoy progresando, a pasos lentos pero bien decididos.
Dicen que la felicidad viene por momentos, que sólo dura poco y se va... estoy empezando a creer en eso, entonces la aprovecho cada que me visita. La tristeza, la depresión, la ansiedad se quedan, pero aprendí (un poco) a cómo permitir que me afecten. Si, ya sé, no es algo que se maneje. Pero intento cada día que no me afecten tanto, las reemplazo por otra cosa y mi mente se ocupa de algo más y así no pienso demasiado.
Aprendí a ponerme en primer lugar, a no confiar en todos, a seleccionar a las personas, aprendí que no todos tienen buenas intenciones, que no todos piensan en hacer felices y amar a los demás, no todos son amables, no todos son como yo. Y no es que piense que soy la mejor persona en el mundo porque no somos perfectos, sabemos que todos somos imperfectos y cometemos errores todos los días. Pero si estoy segura de que yo tengo demasiado amor para dar, yo no soy capaz de hacerle daño a una persona, al menos no intencionalmente, yo siempre pienso en el otro, y eso hace sentirme bien conmigo misma, eso me motiva a levantarme cada dia y pensar que, a pesar de la maldad del mundo, hay alguien esperando para amarme.
Ya sé, metí de todo un poco en este texto, pero lo estoy tomando como un desahogo, para empezar el día y creo que esto es todo...















