Los príncipes azules también destiñen
Megan Maxwell
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Los príncipes azules también destiñen
Megan Maxwell

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"Hasta que salga el sol”, de Megan Maxwell
"Para coger un buen tren a tiempo, antes debes haber perdido el anterior"....cuanta razón!!
Pideme lo que quieras
Pero vamos a ver, Jud ¿Todavía no has entendido que el sexo para mí es un juego y que tú eres mi pieza más importante?
—Tú lo has dicho: ¡Tu pieza!
—Cuando digo pieza... me refiero a que eres la mujer que más me importa en este momento. Sin ti, ese juego pierde valor. Maldita sea, creí habértelo dejado claro”
Era mi príncipe azul. ¡El hombre perfecto! Pero, ¿sabes de lo que me he dado cuenta con esto? De que la vida no es el maravilloso cuento de hadas que yo creía… porque los príncipes azules también destiñen.

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Y ahora supera mi beso
Por lo que sé, un día recibió una misteriosa llamada telefónica en la que le pedían viajar a Los Ángeles por un asunto urgente, que resultó ser, ni más ni menos, que un bebé. A Liam, al principio, le costó mucho admitir su paternidad, pero cuando vio a la criaturita, el mundo se movió bajo sus pies: al igual que él, tenía el ojo derecho de dos colores. Así que, muy agobiado y tremendamente perdido, regresó a Canarias con su hijo, pero se dio cuenta de que necesitaba a alguien que le echara una mano y, por recomendación de mi amiga Verónica, me contrató a mí. De pronto, Liam y yo, dos personas independientes y acostumbradas a no tener que dar explicaciones a nadie, hemos tenido que ponernos de acuerdo por el bien del pequeño. Y eso ha hecho que, sin apenas darnos cuenta, hayamos reconocido el uno en el otro a la persona que nunca hubiéramos esperado encontrar. "La llegada a Los Ángeles de Liam Acosta era extraña. Ni él mismo sabía realmente qué hacía allí. Solo sabía que el archifamoso e insoportable actor Tom Blake, pareja de su exnovia, lo había llamado con insistencia porque tenía que hablar con él, y al final Liam había acudido a su encuentro por curiosidad. Tras recoger su maleta en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, se dirigió al exterior, donde cogió un taxi que lo llevó al hotel. Deseaba ducharse y descansar. Estaba agotado. Al día siguiente, mientras desayunaba leyendo la prensa en una bonita mesita junto a la piscina del hotel, pues a pesar de estar en octubre, hacía un día precioso, dio un trago a su café. Al hacerlo, su mirada se topó con la de una mujer morena de unos treinta y pocos años que estaba dos mesas más allá. Guapa, sexy, morena, elegante y, sin duda, adinerada; solo había que ver su caro bolso para adivinarlo. Sin poder evitarlo, Liam sonrió. Sabía del poder pícaro de su sonrisa, y la mujer se la devolvió. Y en ese lenguaje silencioso que entienden quienes lo utilizan de manera continua, las cosas quedaron claras. ¡Sexo! Minutos después la mujer, que se llamaba Rebeca, ya estaba tomando café con él en su mesa, y una hora más tarde ambos disfrutaban de sexo sin compromiso en la habitación de ella. Tras una mañana divertida para ambos, donde primó el morbo y el disfrute por parte de los dos, Liam regresó a su habitación con una sonrisa en los labios. Había estado bien conocer a Rebeca, que era productora de televisión, y esa noche había quedado con ella para cenar. ¿Por qué no? Después de ducharse y ponerse uno de sus impolutos trajes para acudir a su cita con el actor Tom Blake, Liam salió del hotel con esa seguridad que siempre lo acompañaba. No sabía qué pretendía aquel divo del cine, pero si quería guerra, con él no la iba a tener. En la puerta cogió un taxi y le dio al conductor una dirección de Beverly Hills. Durante el trayecto consultó su teléfono móvil y contestó distintos mensajes de su hermano Naím y de Aldegonda y Margot, dos amigas con las que últimamente se veía sin ningún compromiso, aunque Aldegonda en ocasiones fuera algo insufrible. Si algo había aprendido tras su última ruptura amorosa era que el romanticismo le sobraba y que iba a disfrutar de la más absoluta libertad durante una buena temporada. No quería atarse. No deseaba ningún compromiso porque ahora primaba él y solo él. Nadie más." Read the full article
Mírame y bésame
Las gemelas Beth y Gladis Craig se vieron obligadas a abandonar Noruega dejando atrás a su familia. Las constantes amenazas de su tío Leiv hicieron que sus padres tomaran la dura decisión de ponerlas a cargo de sus tíos Sven y Ottilia en Elgin, Escocia. Físicamente son como dos gotas de agua: pelo rubio, ojos claros, delgadas, pero sus caracteres son muy diferentes. Mientras Beth es sonriente, noble, trabajadora y luchadora, Gladis es enfadica, ruin, holgazana y conformista. A pesar de que Beth es muy consciente de los defectos de Gladis, ella la adora y la protege con su propia vida, puesto que se lo prometió a sus padres. Desde pequeña siempre ha dado la cara por ella y la ha sacado de mil apuros, sin importarle quedar como la mala por ser la más bruta y guerrera. Todo cambia cuando una noche Beth conoce a Iver McGregor, un guapo y joven highlander del clan McGregor. Gladis, en vez de alegrarse, se encela. ¿Por qué ese guapo guerrero ha tenido que fijarse en su hermana y no en ella? Adéntrate en las páginas de esta novela romántica cargada de acción y aventuras y descubre el daño que puede causar la envidia. "En el precioso valle de Bergsdalen, donde las auroras boreales que cruzaban el cielo eran increíbles, las pequeñas Revna y Agda miraban al cielo desde la ventana de su fortaleza cuando la segunda preguntó: —¿Por qué nadie mira al cielo esta noche? Revna suspiró. Su hermana llevaba razón. Desde donde estaban veía las calles desiertas. Pero era consciente de que su padre, el jarl Óttar Gundersen, duque de Bjälbo, más conocido como Óttar Costilla de Hierro , había convocado una reunión de urgencia, por lo que, para quitarle importancia, respondió: —Estarán cansados, Agda. Es tarde. Su hermana asintió convencida. Si Revna, que era quien siempre la protegía, decía eso, seguro que todo estaba bien. —¿Crees que papá se recuperará esta vez? —preguntó a continuación. Revna sonrió y asintió sin dudarlo. Para ella su padre era una pieza fundamental en su vida. Llevaba años enfermo. Una extraña tos contraída en uno de sus viajes lo mermaba año tras año, y ese último estaba siendo devastador para él. Sin embargo, intentaba ser positiva, por lo que afirmó: —Papá es fuerte. Es Óttar Costilla de Hierro y todos los años lo demuestra. —Pero este año él... —Se recuperará —la cortó Revna. De nuevo se quedaron en silencio unos instantes y, para hacer que su hermana pensara en otra cosa, la niña indicó: —¿Sabes, Agda? Me gusta mucho el brillo que proyectan las armaduras de las valkirias en el cielo. —Y a mí. —Me gusta más cuando el cielo se torna violeta. —A mí también. —Y el color verde de ahora... —insistió Revna—. Lo hace mágico. Agda iba a hablar cuando sus ojos vieron correr por la calle al que era la mano derecha de su padre, el tío Louis. Al observar su gesto apurado se dispuso a preguntar, pero Revna, que también lo había visto, se apresuró a indicar señalando al cielo: —Oh, mira el color azul..., ¡qué bonito! —Sí —afirmó su hermana, olvidándose de lo que acababa de ver. Miraban el cielo cuando Revna distinguió andando por la calle al tío Leiv Buenospelos , hermano de su padre, junto a su hijo Sigurd Diente Podrido . ¿Cuándo habían llegado? No le extrañaba verlos, pues últimamente los visitaban a menudo debido a la enfermedad de su padre. Sin embargo, en ese instante su manera de caminar y las pinturas que llevaban en el rostro la alertaron. Aun así, para que Agda no los viera, dijo atrayendo su mirada mientras sonreía: —De todos los colores que hay en el cielo, mi preferido es el violeta." Read the full article
¿Y a ti qué te pica?
Nacho Duarte es un reconocido director de cine mexicano que, tras la muerte de su esposa, cerró las puertas de su corazón a cal y canto. Le gusta disfrutar con las mujeres, pero no suele repetir con la misma porque no piensa volver a enamorarse. Su último trabajo lo traslada a España, donde va a rodar una película de acción cuya actriz principal es su amiga Estela Ponce. Sin embargo, para las escenas más peligrosas cuenta con la colaboración de Andrea Madoc, una militar estadounidense que, además, trabaja como especialista de cine. Andy es una chica simpática, bromista y divertida que hará que el corazón del guapo director mexicano vuelva a latir con fuerza. Adéntrate en las páginas de ¿Y a ti qué te pica? y descubre que a veces, aunque no te lo propongas, puedes encontrar la llave para abrir la puerta a la felicidad. Y es que el amor es uno de los pocos remedios capaz de alegrar hasta el más triste de los días. "Salto de la cama y me tiro al suelo mientras me cubro la cabeza con las dos manos. Instantes después me despierto sobresaltada, acelerada y sudando. ¡Joderrrrrr, otra vez! Estoy temblando, como siempre que me pasa esto, no puedo parar de hacerlo durante un rato a causa de lo que acabo de soñar. Miro mis manos y observo su tembleque sin poder evitarlo. Pasados unos minutos en los que respiro e inspiro como me indicó el médico, miro a mi alrededor y soy consciente de dónde estoy. Es el apartamento que mis padres tienen en Los Ángeles, no el mercado de Wahailat de Sadr City, en Bagdad. ¿Se cerrará algún día esa herida? Me levanto del suelo y, consciente de que el temblor ha cesado, voy directa a beber agua. Me muero de sed. Mientras lo hago miro mi teléfono móvil. Tengo un mensaje de Carla, la mujer de mi compañero Ramírez. Me da las gracias una vez más y me repite que está ahí para lo que necesite. Sonrío. Sé que lo dice de corazón. Ramírez, su marido, le contó lo sucedido en el océano Índico, cuando fuimos con nuestro escuadrón a apoyar un rescate para recuperar uno de nuestros barcos. Aquel día hice mi trabajo, como lo hizo Ramírez. Pero al ver que la vida de mi amigo y compañero estaba en peligro, y que o hacía algo rápido o aquello terminaría en tragedia, no lo pensé dos veces. Y, tras ordenar a mi escuadrón que regresara al portaaviones, desobedeciendo las órdenes recibidas por radio, me acerqué más de lo que debía al caza ruso y eso provocó que los chorros de propulsión se cruzaran. Mi acción hizo que los dos aviones, el ruso y el mío, entraran en barrena y perdieran la trayectoria y el control. Como pude, vi que Ramírez estaba bien. Le había quitado al ruso de encima. Pero por radio lo oía gritarme que saliera del caza «¡ya!, ¡ya!, ¡ya! ¡Eyección!». En todo momento supe que debía hacerlo. Era lo que tocaba. Después vendrían las explicaciones, las broncas, las investigaciones y las amonestaciones. Y, sin dar mi brazo a torcer, intenté hacerme con el control de mi caza; de mi Lobo , pues así era como lo llamaba, ya que llevábamos juntos diez años. Él era mi amor, mi F-35. Sin embargo, al ver que me resultaba imposible hacerme con él, con todo el dolor de mi corazón pulsé el botón de eyectar y salí disparada antes de que mi Lobo se estrellara." Read the full article