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Esta clásica y excepcional pieza musical de Dean Martin me evoca siempre los bellos recuerdos de mi infancia en la finca de mis abuelos; paralelo a esto, me hago una película imaginaria donde ya tengo 70 años y me la paso en una mecedora ordenando los cartuchos de fotos y pensando “¡Los recuerdos están hechos de esto!”
(...) Todo empezó alrededor de 1950. El señor Tarquino poseía terrenos en Sitionuevo, Magdalena y Polonuevo, Atlántico. Fue uno de los mayores distribuidores de frutas (mango, sobretodo) de la empresa Conservas California (Néctar California), y de la cual, hoy está pensionado. Junto con Josefa Cervantes, tuvieron 9 hijos y además, criaron a otros 12, hijos del primo del señor Tarquino. El mayor de los 9 es Tarquino Domínguez Cervantes, mi abuelo; que desde muy chico fue guiado por su padre en el tratamiento, cuidado y producción de la tierra, para sostener a sus 8 hermanos menores. De allí, la herencia familiar de los terrenos y la labor del campo.
Alrededor de 1970, mi abuelo ya casado con Aida Cantillo, una joven oriunda de Repelón, Atlántico, llegan juntos nuevamente a Sitionuevo, Magdalena, específicamente en Palermo, donde se asientan a las orillas del río Magdalena y perduran allí aproximadamente 40 años, hasta que pronto, el gobierno les compraría sus tierras posteriormente declaradas puerto en el año 2010. En esa finca creció mi mamá, sus hermanos, primos hermanos y nosotros, los hijos de ellos. Desde el comienzo, la actividad agricultora fue la principal fuente de sustento en la familia. Las cosechas iban desde tubérculos, como yuca y ñame, hasta hortalizas y jugosos frutos, como mango, guanábano, caña, corozo, melón, borojó, guandú, frijoles, etc. Que proveían pequeños negocios aledaños, al igual con el ganado: las gallinas, patos, cerdos, vacas. (…)
#EnLosPiesDelAguador fue inspirado en gran parte por este tipo de historias de vida, de gente que ha crecido y vivido en la tierra, que han dedicado su existencia a ella y han hallado la grandiosidad y significación en cosas tan bellas y simples como la naturaleza del entorno mismo. El trabajo en el campo es una de las actividades que más nos dota de destreza física e instinto animal; conecta nuestra curiosidad con la naturaleza y nos siembra un profundo sentido de valor y apreciación hacia los pequeños detalles de la vida.
Quise hacer esta dedicatoria a mis abuelos, en especial a mi abuela Aida, hoy día de la mujer, porque uno siempre debe volver a la raíz, uno siempre debe volver a sus orígenes, fortalecerlos y hacerlos prevalecer en el tiempo, y nuestro origen es la tierra, mi origen es la tierra y eso es lo que se ha sembrado en mis adentros para mostrarlo al mundo en mi profesión como diseñadora.








