Me gustan las obras que te obligan a mirar y sólo puedes entrar en ellas a través de un estado de contemplación que se genera después de estar esperando un tiempo, como quedarse flotando por el espacio negro del universo. Entregarse al vacío beneficia la inmersión a un estado total de unión con el universo, o con la obra. Las obras que requieren ese tiempo te sumergen en un estado que se alarga en el tiempo. En diciembre del año pasado me escribió una amiga para que vayamos a ver la perfo Daimon de Luis Garay en el Museo del Chopo. Llegué al museo, pregunté dónde era, y me indicaron el teatro. Cuando llegue estaban todos arriba del escenario mirando a una performer ubicada sobre un elevado cubo negro, que la hacia alta y diminuta, una especie de pedestal en forma de cuadrilátero. Hacia ejercicios coordinados de box, o alguna técnica de entrenamiento similar. Me gusta mucho ver el cuerpo moverse coreograficamente, crear estructuras en las que suceden movimientos. Me incomodaba verlo desde el escenario, entonces me moví
hacia a las butacas y me senté justo en el medio del teatro. Desde ahí, desde una oscuridad plena, pude después de un rato, sumergirme en los movimientos, en el ritmo del sonido digital que acompañaba la acción. La imagen se empezó a mezclar con el recuerdo de la pelicula que habia visto unos dias atras, High Life, de la directora francesa Claire Denis, con el maravilloso Robert Pattinson y Juliette Binoche. Una película larguísima y -para mí- abstracta a la que me entregue tirada en el sillón, sin saber bien lo que pasaba narrativamente, porque estaba atrapada por la enigmática visual del espacio. Realmente no recuerdo la trama, pero me quedaron imágenes, personas muertas y mujeres embarazadas atadas, mucha locura protagonizada por Juliette en el papel de una doctora y una especie de salvador Robert. Recuerdo dos secuencias, en una de ellas, algun_s tripulantes arrastran a todas las personas muertas de la nave y las tiran al espacio, con su traje lunar. una imagen hermosa, caen un poco y luego flotan, minusculamente. Otra es cuando una de las chicas decide huir de la lenta agonía en la que están encerrad_s y se escapa de la nave, en una navecita pequeña, sabiendo que la alta presión galáctica la mataría, y le explota la cabeza, en realidad se contrae ya que con su navecita se mete dentro de una nube molecular, y en las nubes moleculares no hay lugar para nada, no hay espacio, todo lo que entra se contrae hasta desaparecer. Son una de las fábricas de estrellas. A los pocos días vi Ad Astra, con Brad Pitt y sentí que había una coneccion con todas estas obras. Me pregunté qué estaría pasando que sacan tantas películas sobre el espacio, en ese tono. Concluí que sería la certeza de que no hay nada en el espacio, de que no hay futuro en el espacio.
Me gusta cuando las obras van cayendo de a poco en tu cerebro, y van modificando tu conocimiento. Las reconozco porque al principio no me gustan mucho, pero se van filtrando en mi, como por ósmosis. Varios meses después estaba corrigiendo las correspondencias de Mensaje Original 5 entre Franco Basualdo y Aleph Escobedo -como parte de la editorial, leemos, correjimos y publicamos- y en una parte Aleph menciona y linkea una perfo de Michele Rizzo, HIGHER xtn. Es del 2015. Di click al link. Tres personas haciendo pasos coordinados en un escenario negro, despojado, levemente iluminado por luces blancas. Un baile estático, muy clubber. Durante diez minutos bailan bajo un set de Lorenzo Senni, también italiano. No pude parar de escucharlo. Estuvo en mi computadora sonando en loop todo el dia. Pero no era solo la canción, también los movimientos. Al otro dia, buque más de Lorenzo pero no me gusto. Es sólo esa cancion, la unión de esa obra de Michele con la canción. A los días, alguien me comentó que Lorenzo Senni había sacado un nuevo disco: Scacco Matto. Lo escuche yendo en bici a mi estudio y me pareció que abusaba un poco del sonido sintético del clavicordio, me hizo acordar a Goblin, una banda de rock progresivo italiano que hacía la música de las películas de Dario Argento. Pensé en que tal vez eran sonidos muy Italianos, del norte. También me hizo acordar a Bach, e intentando dilucidar la diferencia entre clave y clavicordio le pregunté a mi hermana compositora y me contó que Bach componía en teclado para clave y órgano, y que el piano recién apareció en 1700. Me contó que Bach cuando estaba muy viejito probó un piano y no le gusto y que Beethoven cuando los probaba, los terminaba rompiendo por lo fuerte que tocaba. En fin, ya me fui por las ramas. Vuelvo al tema del vacío y las obras que primero te expulsan pero cuando te absorben, como las nubes moleculares del espacio, quedas fundida con ellas para siempre.