Texto de cierre para el Taller de Traducción Literaria 2014 de la Libreria Lugar Común, bajo la dirección del Prof. Luis MIguel Isava:
Sobre la traducción y el traductor.
La traducción es una traición. Una traición justa, una trasgresión violenta pero necesaria. Digamos que es, de alguna manera, un ajuste de cuentas. Por tanto, implica que algo se quiebra, que algo muere. Al traducir a Dostoievsky al español, intercambio justo, mueren algunas partículas de la obra que sólo pueden existir en ruso, pero, ¿cómo culpar a quienes nos otorgan el privilegio de leer Crimen y castigo, por ejemplo, por dejar de lado algunas formulas del ruso y, en el mejor de los casos, encontrar sus equivalentes en español? Todo me parece un acto circense: mucho malabareo, mucha pérdida y recuperación del equilibrio, mucho peligro, mucha ilusión. El traductor es un payaso, un domador de leones, un malabarista, sobre todo. El traductor es un circense que juega a complacer a un público demasiado amplio y variado, haciendo uso de todos los recursos con los que cuenta, incluso metiéndose en la garganta del león.
Como buen malabarista, el traductor está siempre sobre la cuerda floja descifrando qué ángulos y qué pisada lo mantendrán sobre el aire. Algunos dicen que es mejor no mirar hacia abajo, por eso del vértigo. Otros dicen que no sólo hay que mirar sino esperar con ansias la caída. Traducir es buscar el equilibro mientras caemos, no hay otra manera de hacerlo, es tratar de salvar la obra mientras se la masacra. No hay medias tintas, es un acto esquizofrénico y frenético, un juego morboso que incita al tacto con el lenguaje. Para traducir hay que tocar las palabras, saborearlas, olerlas, hay que desvestirlas y probarles nuevos trajes.
Traducir a Ida Gramcko es mirar al abismo y desearlo. La “tonta de capirota” hacía ya un trabajo de traducción hacia un lenguaje y un mundo suyos, que comenzaron en Puerto Cabello y terminaron de gestarse en Caracas, ya en su poesía hay transgresión, ya están la caída y el vuelo.
No veo manera de convertir lo poemas de Ida de un idioma a otro sin cometer un acto de traición imperdonable, pero el ejercicio de desgarrar su poesía para volverla a edificar era una deliciosa diligencia que estaba pendiente. A pesar del empeño, se pierde mucho en la traducción al inglés; demasiadas palabras y ecuaciones se ven transformadas y violadas, pero permanece la esencia de la voz original, su fuerza, los ecos del lirio que buscó su vida entera y en cada verso que escribió.
Ida Gramcko no tenía mucho respeto por las convencionalidades ni las reglas. Las hemos roto todas, podemos ir en paz a seguir violentando estructuras perfectas.