Las noches, en casa, en la soledad, sin ningĂşn chico extraño con hoyuelos o desorden existencialista, sin flores, sin montones de colchas; todo es extraño. Nostálgico incluso. No es como que lo extrañe, ni a Ă©l; nunca. Pero supongo que nunca me habĂa sentido tan solo. Y mi cabeza no lo acepta, porque maquina con demasiada fuerza, con demasiada rapidez que me marea entre el calor de la noche y la brisa del ventilador. Y pienso en Ă©l, en lo ridĂculo que es por leer un libro de corazones rotos, por tomarle fotografĂas a cosas irrelevantes, como la mesa, como el cafĂ©, los gabinetes de la cocina, yo. En lo estĂşpido que se ve intentando ser sabio, con los conocimientos universales, teorĂas sobre constelaciones y su maldito intento de poner a Dios sobre todas las cosas. Bueno, no es un intento, esa parte es real hasta para mi, y es la Ăşnica parte que apruebo, pero despuĂ©s, todo Ă©l me parecĂa ridĂculo, de otro mundo. Supongo, a ciencia cierta que mis sentimientos hacia Ă©l eran los correctos, me atropellĂł despuĂ©s de todo, Âżestoy obligado a sentir agradecimiento por sus inexistentes cuidados durante mi invalidez, o estoy permitido a sentir incomodidad en cuanto a su presencia y al millar de cosas que hace en un segundo con la excusa de que no se puede desperdiciar tiempo y espacio? O tal vez, lo que sentĂa era resentimiento por sus palabras, porque todos y cada uno, somos un desperdicio de tiempo y espacio. IncluyĂ©ndolo. sinceramente, Ă©l.