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Me encontré una mano cuando iba a la escuela estaba al costado del cordón de la vereda, tenÃa anillos de plata en el Ãndice y el anular, la guardé en mi bolso y estuvo allà todo el tiempo, cuando sonó el timbre del recreo la solté en el patio junto al árbol de cerezos y me senté a esperar a ver qué sucedÃa como una araña loca o asustada trepó hacia una rama que se elevaba al cielo y allà se quedó casi toda la semana, del kiosco le llevé caramelos y un Baggio de manzana, me levantó el pulgar agradecida, yo le sonreà y devolvà el gesto, después del fin de semana no volvà a verla, me encontré una mano que ahora, tal vez, ande perdida o esté rumbo al norte a la casa de alguien quizá pueda contar los amigos con los dedos, que no es poca cosa/










