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¿Cómo estás?
Preguntas sencillas con respuestas complejas. Los daños han sido colaterales.
AquÃ, bien, sentada, esperando. Ya no me importan los demás.
Podrán pisotearme, pero su hola vale más. Hoy me dicen bella, pero su linda es la que realmente anhelo escuchar.
Ya nada me hace llorar, pero lágrimas hay. El adiós indiferente de su salida inesperada aún está.
Aquà sigo, llenando mi panal vacÃo. El placer de otra miel es pasajero.
¿Dónde estoy?
No reconozco.
No encuentro.
El ego está desnutrido.
Mi yo es tempestad.
No me pienso.
No me siento.
No me creo.
No soy.
Le pedirÃa regresar, pero ya nada sacia este pesar.
Ni estando él aquÃ, ni estando yo allá.
Ni otro cuerpo, ni otro dÃa más.
¿Para qué volver? Si todo seguirá igual.
¿Para qué seguir? Si nada me hará dejar de esperar.
¿Y para qué amar? Si mi espejo no acepta el único reflejo que deberÃa de apreciar.
Mi vida, mi mundo. ¿Y los mundos que desconozco?
Las responsabilidades van aumentando con el paso del tiempo. Las emociones de los otros no nos pertenecen y no nos deberian de afectar. Aunque el concepto es idoneo, llega a ser ambigüo.
Actualmente crecemos sin tener responsabilidades afectivas con vinculos que consideramos transitivos. El sentir del otro no es mi responsabilidad, pero sà mis acciones.
Es mi responsabilidad no actuar de una manera que podra llegar hacer sentir mal al otro. Si al final, por más que nos esforzamos de no cometer acciones erróneas, el dolor ajeno es inevitable. Se habla y se resuelve.
La responsabilidad afectiva es un concepto ignorado por muchos y practicado por pocos. Va desde que paso por la calle y decido responderle la sonrisa al extraño, salidas de solo una noche con alguien, sexo casual, compañeros de trabajo. Hasta mi relación con amigos, hermanos, padres y pareja.
¿Te puedes deslindar de una responsabilidad afectiva? SÃ, conversandolo. Pero oh sorpresa, ¿Hablar? ¿Para qué? Si puedo dejar en visto y asà demuestro mi desinterés.
Las redes sociales han provocado una carencia de ponernos en los zapatos de los demás. Nos parece sensato escupir opiniones, responder a nuestro tiempo, bloquear y eliminar. Lo cual es sano, pero cuando no hay empatÃa en el otro, la intercomunicación desaparece y todo se vuelve unilateral.
El tiempo avanza, crecemos, tus interacciones se van forjando, tus amistades se reducen, la relación con tu familia mejora o se destruye.
Ser adulto no es fácil. Vivir no es fácil. Pero tampoco es difÃcil. La cuestión es comprender que no somos el mundo. Aprender de nosotros, de los demás y enfretarnos a esas conversaciones o momentos que evitamos.
Ser empáticos, compasivos, tener conciencia, recordar que todos los seres humanos sienten y a pesar de desconocer el sentir de alguien, eso no es sinónimo de no estar sintiendo. Si el reino animal y la vegetación sienten. ¿Qué te hace ser tan indiferente con el sentir de uno de tus iguales?
Un lo siento no te hará menos, aunque no desees hacerlo, piensa que la otra persona necesita escuchar eso de ti. Las debilidades no existen, tu ansiedad no es exageración, tus miedos no son irracionales, tu impulsividad es comprensible y tus dudas son válidas.
La gente daña, con o sin intención, lo hacen. La cuestión aquà es aceptar el daño que te han hecho, no lo reprimas, sufrelo, aunque haya sido mÃsero a los ojos de alguien más, si te duele, llora. Pero recuerda que pasará. Todo pasa, algunas cosas pasan mas rapido que otras. Sin embargo, se sigue viviendo. No mueres.
Te vuelven a dañar y dañas también. Pero ahora sabes como causar un dolor fugaz. La paz de la palabras son la clave de la sana convivencia. O en estos tiempos modernos el responder un mensaje incomodo, es lo que te hará sobresalir. Responde. Porque después de un tiempo incluso querrás dar respuestas de lo que te han preguntado, pero ya será tarde. No busques dañarte o autosabotearte, cuando puedes remediar todo en el instante.
Crecer aprendiendo a no dañar, aunque sea a alguien que para ti es insignificante, la responsabilidad afectiva la tienes. Crece siendo un humano que merece estar aquÃ. Que no ignore que fuera de su cabeza y mundo, existen 7 mil millones de cabezas más.
Merecer
Vienes a sentarte, respiras un momento y comienzas a quejarte. Necesitas ser escuchado, pero no te has autoinspeccionado. Te crees merecedor, eres de los Alpes. Ven aquà mi señor, hoy te daré consuelo. Pero quédate en silencio y escucha tu ánima glorificando.
Nada te ata, nada te detiene, solo eres tú. Complácete al grado que por las noches, puedas dormir en paz después de haberte masturbado. Naciste solo, otros brazos te cargaron, pero esos mismos brazos en algún punto te bajaron. Tus piernas son fuertes, el camino es largo y solo te queda andar descalzo. Para nadie es fácil, mira Jesús, murió clavado por su pueblo sagrado.
¿Si el hijo de Dios sufrió, qué te hace pensar que tú no lo harÃas? No te ames, no te odies, no te engrandezcas, no te destruyas. Solo vive y siente, siente al grado que te quedes sin llanto, que tus labios se resequen y que tus manos se llenen de callos.
Cuando sigas desconsolado, limpia tu cara con una toalla remojada en agua frÃa, ve al campo, sube la montaña y siéntate un rato. No eres nadie, te irás y todo eso que ves ahà se quedará. ¿Cuál es el caso de la miseria en tu ser si tu existencia es tan fugaz como el cerrar de tus párpados en cada pestañeo?
Descansa, el dormir hace milagros, tus sueños son los consejos que necesitas y tu almohada los abrazos que tanto estás anhelando.
Hoy
Que triste tú, jamás tendrás la dicha de probar tus labios. Que bendición la mÃa poder tener ese privilegio que muy pocas gozarán. Pero que suerte la nuestra tenernos tan cerca y darnos permiso de hacer lo que cualquiera de las dos querramos hacer en el cuerpo de la otra. No te detengas vida, no avances tan rápido tiempo, déjame disfrutar de estos minutos en los que puedo respirar el oxÃgeno de mi amada. Donde puedo probar el sudor de sus brazos por todo ese calor que su cuerpo extiende sobre mÃ. Acelera corazón, aprecia este momento que tanto has anhelado... y calla razón, que lo que pase mañana es lo que menos importa hoy.

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Ella
No encuentro los métodos, indago en poemas y te lleno de amor. Pero te mantienes en tu desdicha.
Corté mi cabello, perdà peso, cocino con aceite vegetal y empecé a vestir dorado. Pero te mantienes en tu desdicha.
Ya no salgo a caminar con Inés, deje de fumar un porro al dÃa, aprecie el buen vino y aprendà a tocar la baterÃa. Pero te mantienes en tu desdicha.
Busco ser interesante, busco tu consuelo en mÃ, busco ser amada, busco ser ella. Pero te mantienes en tu desdicha.
Me confundes, me dueles, me peleas, me quieres, me das cariño. Pero te mantienes en tu desdicha.
Duermes a mi lado, tomas mi cintura, acaricias mi espalda y limpias mis lágrimas. No hay ningún recuerdo, no hay otro amor, solo soy yo. Pero me mantengo en mi desdicha.
Fugaz
Siempre soy la no oficial. Si deseas a la indicada, es a mà a quien tienes que buscar, después vendrá ella. Está bien, no te preocupes, lo he aprendido aceptar. Pero a cambio te pido noches sinceras, conversaciones largas, besos apasionados y sexo desenfrenado. Al irte, porque sé que lo harás, dime adiós con un beso en la frente y regálame tu sonrisa fugaz, esa, que siempre de ti, yo voy recordar.
La noche
El gesto de dolor que me regalas al verme, lo atesoro. SerÃa peor ver en tus ojos nada. El saber que en tà hay un sentir hacia mi, me ilusiona. Podrán llamarme ingenua o estúpida, pero simplemente soy un ser efÃmero más en esta Tierra. No me sentaré a llorar tu rechazo, lo valorare e imagÃnare tu deseo hacÃa a mi.
No soy de piedra, siento tus palabras, las repito en voz alta al pensarlas cuando te vas. No leo tu mente, escupes oraciones, pero tu lenguaje corporal es infalible. Podrás odiarme con la misma intensidad de aferrarte a mi. Pero hoy, tú decides irte.
En mi cama siempre serás recibido, solo es cuestión de agendar en qué noche vamos a querernos. Al dÃa siguiente, podrás volver aborrecerme y yo volveré a soñar con tenerte aquÃ, mientras vivo plena sin ti... Esperando tenerte bajo las sábanas, la noche en qué tu cuerpo busque regresar, una vez más y más.