Me sentía sola, te aprovechaste de la incrédula luna, que apenas unas cuantas horas
Veía la ciudad, que a la primer oportunidad no dudaste robar y opacar su sonrisa
Con lágrimas que aún solo rogando unos brazos, solo le hiciste pedazos y le diste pesadillas
Ahora la invade el insomnio más de una vez al año, menguando y ocultándose entre las nubes de
Abril, sin atreverse a olvidarte, porque en tan poco tiempo hiciste de ella -en ella- un manojo de
Sentir y de nerviosismo constante

















