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Podías sentir sus manos a cada lado de tu rostro, sus pulgares acariciando tus mejillas mientras sus suaves labios se movían contra los tuyos lentamente. Es la mejor sensación del mundo. Tu cabeza da vueltas, una explosión de juegos pirotécnicos se llevaba a cabo dentro de tus párpados cerrados, dragones y otras especies que nunca creíste que podrían existir volaban, revoloteaban, cabalgaban en tu estómago; las palabras se derretían en tu mente dando lugar a una maraña de pensamientos confusos que a su vez te trasmite una extraña sensación de alegría y calma. Y sabes la razón detrás de todos estos extraños sucesos ocurriendo en tu cuerpo, en tu cabeza, y esa razón tiene apellido y nombre: Lee Donghyuck. Si esto no es amor, no sabes qué otra cosa puede ser. Su presencia es suficiente para ponerte en trance, su voz es tu arrullo, su tacto te produce escalofríos, su mirada te quema, su risa te marea, su...
De pronto el calor en tus labios desaparece y abres tus ojos. Donghyuck tiene los suyos cerrados, su frente descansa en la tuya, su respiración es pesada y su pequeña sonrisa te deja en éxtasis.
Sus miradas se encuentran y en ambas se refleja aquello que ni mil versos ni mil poetas serán capaces de poner en palabras, y aunque lo intentaran, no podrían expresar con exactitud ni cercanía la intensidad y profundidad de tales sentimientos.
"Es hora de irme" el chico dice con un dejo de tristeza en su voz mientras se erguía, sus ojos siempre en los tuyos.
No puedes evitar sentir decepción ante el anuncio, pero en seguida queda olvidado al recordar la promesa hecha hace un par de horas de verse al día siguiente en aquel parque cerca de tu casa, frente al café en el que se conocieron.
"Está bien. Ten cuidado. Me avisas cuando llegues a casa" tu voz desborda de cariño y dulzura, una melodía exquisita a sus oídos.
Donghyuck se vuelve a inclinar para posar sus labios sobre los tuyos en un beso un poco más inocente que el de hace un momento. Sus labios no se mueven, pero ejercen una bienvenida presión en los tuyos, tratando de atesorar y grabar el momento para siempre en su memoria, junto con el olor de tu perfume y el champú de tu cabello.
Es obvio que ninguno de los dos quieren que el día termine.
"Te veo mañana" susurra Donghyuck contra tus labios y se yergue una vez más. Te regala una amplia y brillante sonrisa mientras camina de espaldas y sientes que todo el oxígeno abandonó tus pulmones. Sus manos se esconden en sus bolsillos delanteros y te lanza un guiño antes de darse vuelta y caminar por la acera con la sonrisa aún adornando su apolíneo rostro.
Lo viste alejarse con el corazón palpitando fuertemente en tu pecho y soltaste un suspiro contento.
Dios, como amas a ese chico.













