La historia que relato tiene en su actual realidad cariz y circunstancias idénticas, aunque diferentes. ¡Ahora estoy solo!
La costumbre de Ella estuvo tan enraizada, que me duelen las horas extraídas, los muebles abandonados, los gestos rutinarios: me hice a esa rutina y ahora me pesa la rutina degollada.
No te equivoques, parece decirme alguien, sobre la causa de tus sufrimientos; los únicos que sufren son los baldados: les duele el miembro que les falta. Compruebo la ausencia de innumerables minutos en el día y ya no puedo conformar ni ensamblar los instantes hasta completar las veinticuatro horas que eran péndulo y constancia de mi vida.