Couple: Hiccup [How to train your dragon] x Elsa [Frozen].
Summary of the AU: The Royal AU has not to much changes in it, only the fact that the characters are in the same period of time, and there are some engage. Most of the new things are in the backstory of Anna and Elsa.
Warning!: English is not my first language, I feel way more comfortable writting in spanish. So, all the fanfic stuff is going to be in Spanish.
Recuerdo perfectamente la primera vez que ella llegó a Berk y todo lo que pensé sobre ella aquella vez, estaba siendo traída por un hermoso y enorme barco, un tipo de vehículo con el que mi gente apenas podía soñar con algún día llegar a construir o si quiera utilizar... no, la separación entre la tecnología de su gente y la tecnología de mi gente no era una simple barrera, era un abismo... un abismo oscuro y lúgubre que necesitaba de generaciones para tan siquiera reducirla en lo más mínimo.
Supongo que ese era el motivo del desprecio de toda la corte de Arendelle hacia mi persona y todo lo que yo significaba. Los vikingos no éramos más que sucios y problemáticos bárbaros que no tenían miedo a matar, saquear y destruir todo a nuestro paso, tan solo éramos un grupo de ladrones que había sobrevivido por nada más que eso, por robar; tan solo los berkianos teníamos un pequeño perdón de Dios, a pesar de que jamás habíamos creído en Él, pues habíamos dejado de matar dragones y habíamos aprendido a convivir con ellos, a diferencia de otras tribus que habían intentado firmar tratados de paz con la sangre de un dragón.
Ellos eran completamente diferentes a nosotros, ella era completamente diferente a mí. Ella, la heredera al trono más poderoso de la Santa Alianza, el trono más poderoso del mundo, en resumidas cuentas. Ella era seria, distante, tan fría con lo demás. Jamás me mostró ninguna emoción en público, ninguna caricia por más inocente que fuese. No me dejo hacer nada más que darle un beso en el dorso de la mano la primera vez que nos encontramos, no me dejo abrazarla cuando la volví a ver luego de casi morir y perder una de mis piernas, no me dedicó algo más de un pañuelo blanco y una bendición en mi primera pelea contra los enemigos de Berk. Y la odie, odie su lejanía que venía acompañada de exigencia hacia mi persona, yo era el hombre en aquella relación, tenía que ser yo quien la llene de amor y halagos, pero, en aquel entonces, de mi no salía ni un solo elogio para ella.
Pero la llegué a comprender, pues, al morir sus padres, intenté consolarla en público, ser el caballero que la cuidaría. Ella, en ese entonces, me frenó tiernamente, diciendo que no me tenía que preocupar por ella, me sentí ofendido, pero lo acepte, me resigne, tal y como me había acostumbrado. Mas fue enorme mi confusión cuando, una vez estuvo fuera de la vista de cualquier otro, se desplomó en mi pecho, llorando y gritando, arañando mi prendas, permitiéndose, creo yo, por primera vez, soltar cada uno de sus sentimientos hasta entonces reprimidos.
La abrace lo más fuerte que pude, la aferre a mi cuerpo, bese su frente y acaricie su cabello. La bese por primera vez, y ella lo aceptó. La llene de dulces palabras de amor, todas aquellas frase románticas que había podido entender de los poetas de su tierra, la acompañé hasta que me asegure que el dolor de su corazón nos permitía volver a estar separados.
Pero después de eso volvió a mostrarse serena, cuando los nuevos aliados de Daggur se presentaron a duras penas mostró el estrés que mis guerras le ocasionaban. No mostraba el alivio que las victorias le otorgaban, tampoco su constante preocupación por los míos o por los soldados de diferentes tierras que nos apoyaban, pero cuando se enfurecía dejaba escapar ante mí o ante mi padre todos esos sentimientos.
Ella era solo una niña cuando, luego de vivir la perdida de sus padres, casi perdemos al mío. Fue ahí cuando comprendí que, al perder al suyo, mi padre se había vuelto la única figura paternal que tenía. Era mi padre, Estoico el Vasto, el único adulto que la había tratado como la niña que era, el único que no le pedía tramar perfectas estrategias de guerra, el único que no le pedía madurar y olvidar la niñez, el único que, cada día, le preguntaba como estaba o si estaba aún segura de nuestro futuro matrimonio, el único que le permitía estallar cuando quería estallar, callar cuando quería callar y disfrutar cuando quería disfrutar.
Ella seguía siendo una niña cuando mostró por primera vez sus verdaderos sentimientos hacia otras personas que no fueran mi padre o yo. Cuando, frente a mis camaradas de toda la vida, dejó en claro el desagrado que sentía hacia mi madre. Ella seguía siendo una niña cuando me enfurecí por primera vez con ella, seguía siendo una niña cuando los dos vimos morir a mi padre después de una discusión. No me atrevo a decir que lloró más la perdid de Estoico que la de Agnarr, solo que fue diferente, le dio igual quien estuviese delante, le dio igual tanto la tradición de su pueblo como la del mío. Incluso quiso iniciar una nueva pelea cuando le dije que quemaríamos el barco donde estaría el cadáver de mi padre, porque esa era la tradición vikinga. Pero se resignó, y aprecie ese gesto de su parte.
Desde aquel entonces me dejo ver un poco más de su personalidad, dejó a otros ver más de sus sentimientos. Cuando me acompañó en la partida de los dragones, cuando la princesa de DunBroch pidió nuestro apoyo para casarse con el hombre que amaba, cuando concedió su bendición al pretendiente de su hermana para su matrimonio, cuando nos casamos. Oh, cuando nos casamos, ambos dejamos de ser niños encerrados en las obligaciones de los pactos y guerras, pasamos a ser adultos enamorados, felices. Me sentí orgulloso, de ella y de mí mismo, desee que mi padre estuviese ahí para verla, para verme. Para ver como el ella y el él se habían convertido en nosotros.