Ayer, la administradora, dio inicio a la reunión de copropietarios diciendo enérgicamente: “Primero que todo, agradezcamos a Dios por poder estar aquí, y, como buenos colombianos, cantemos el himno nacional”. Y aun me retumban esas palabras en la cabeza. Inmediatamente me imaginé un congresista con una mano fuertemente puesta contra el pecho, cantando sentidamente el himno de Polombia, para luego encontrar la manera de ir en detrimento del erario a favor de su bolsillo particular.
Me resulta curiosísimo las cosas a las que se le asignan valor (verbigracia, ponerse de pie a marmullar un himno), como si fueran indicativo de ser o no buena persona. El desatino de encontrar valor en la forma, no en el fondo.
(Al son de las palabras de la administradora también recordé que, hace un par de semanas, alguien me decía en el almuerzo: “Ese señor es bueno. ¿No ve qué es cristiano?”. Nunca he conocido al señor en cuestión, así que, literalmente, no-no-veo. Y, así como he conocido cristianos que de corazón procuran ser la mejor persona posible, también me he topado en la vida con personas que se declaran religiosas y, empero, dejan muchísimo, requetemuchísimo que desear como ser humano; entonces, pregunté: “¿Y eso qué tiene que ver con que el señor sea bueno?”. Me respondieron: “Pues, que es cristiano”... y bueee, en una nación donde la ignorancia campea, infrecuente no es estrellarse con argumentaciones de paupérrimo nivel. 🙃 )