Caminaba un día por las calles de Casablanca cuando un bonjour interrumpió mi paseo. Siendo la persona seria y responsable que ustedes conocen seguí mi camino. De pronto, unos ojos negros que me invitaban a hundirme en una interminable noche mora , me detuvieron. Enmarcaban aquellos ojos unas pestañas que no necesitaban de un rimel Max Factor extra-long lashes, pero desgraciadamente la boca que me saludó nuevamente, rompió todo el encanto.
Retomé mi paseo un poco desilusionada y acompañada por aquel joven de piel canela que, en un francés bastante rudimentario, trataba de averiguar mi país de origen.
¿France? No, le contesté. Para nada desanimado siguió nombrando todos los países que le venían a la mente. Al fin, algo harto y mirándome sospechosamente pregunto: ¿Mais alors?
Puedo asegurarles que nunca imaginé que ser de México pudiera alegrar tanto a otra persona. Por poco me abraza, pero mi mirada de: ni se te ocurra, lo detuvo.
Recuperado de su emoción, me preguntó ¿cómo está Lupita? Ahora la sorprendida era yo. Estaba convencida que no se burlaba de mi, pero no entendía. Aunque no hay nadie en la tierra o en los cielos que supere a nuestra Guadalupe, se me hacía dificil que un musulmán la conociera y la venerara. Pero, su grandeza es tal que quizás sí era posible. Por lo pronto, contesté un simple, está bien.
Mientras caminábamos en mi imaginación desfrenada imaginé a nuestra Morenita del Tepeyac paseándose por las calles de Argelia. Mientras examina una telas para un nuevo manto, escucha un: come weeth me to the Casbah. Esto fue lo que le dijo un legionario (Charles Boyer) a una turista (Hedy Lamar) en la pelíicula Argelia.
La reaalidad era tristemente otra. En vez de estar en el casba, estabámos en un puerto, y con todo y sus ojos inolvidables, él no era Charles Boyer y aunque no soy de mal ver, tampoco soy Hedy Lamar.
Tuvo la osadia de interrumpir mis vagancias preguntándome ¿Y Alejandra? Me quedé muda. ¿Qué tenía que ver eternamente bella con la Virgen? Claro que Élla era bella y lo será eternamente, pero algo olía a podrido en Dinamarca. Esos instantes de duda provocaron la ira de Ali. En realidad no creo haya sido su nombre, pero no puedo seguir llamandolo: muchacho de piel canela, ojos negros con pestañas abrumadoramente largas porque gasta mucha saliva, y yo sufro de una gran escasez de ese humidificador.
Invocó a Alá y era tal su rabia que estaba segura que le declararian una guerra santa a México. Saqué mi pasaporte, apenas lo miró. Es falso, contestó y se alejó diciéndole a todos sus amigos que no se fiaran de mi, porque era una mexicana de fayuca.
Regresé sola, fané y descangayada al hotel. Mi amigo quiso levantarme el ánimo con un té de menta y unas galletas de almendra. Pero, hubiera preferido algo más substancioso, ¿ustedes me entienden, no?
Le conté mi nefasto encuentro. Antes de llegar al triste desenlace el reía a carcajadas- Cuando no hay empatía, no la hay pensé. Aquí México al borde de sufrir una guerra santa y él se rie.
Hablaba de la telenovela, me explicó. Además, tienes suerte que no te haya hablado en árabe clásico, idioma que, segun mis paisanos, ustedes hablan admirablemente.
Entonces pude comprobar que lo que dijo Shakespeare a rose by another name would smell as sweet, era falso. En este caso, Lupita no era Guadalupe.