La historia de hoy mueve la conciencia y despierta el mayor desprecio hacia un país que se ha erigido en el mundo occidental como el adalid y el defensor de la democracia y la libertad. Es una historia triste, cruel y que más parece un relato de Dickens que una historia verdadera. Vamos a hablar de una actriz desconocida para la mayoría y que llegó a ser premiada con un Oscar en el año 1940.
Hattie McDaniel nació en Kansas en 1895 en el seno de una familia muy ligada a la música religiosa; se inició pronto en el mundo del espectáculo y de ahí pasó al cine. No fue una carrera fácil en la pantalla. Su nombre posiblemente lo recordarán pocas personas; intervino en cerca de 300 películas en papeles secundarios entre los años 1932 y 1949, pero solo apareció acreditada en menos de 100. Actuó junto a Mae West, Katharine Hepburn y fue dirigida por John Ford.
Prácticamente solo hizo de sirvienta en toda su carrera por lo que fue muy criticada por sus allegados. Ella decía que lo hacía para, de alguna forma, señalar la existencia de los suyos y no solo como un medio de intervención artística. Con gran dosis de pragmatismo decía que “Prefiero actuar de sirvienta y ganar 700 dólares semanales que ser una sirvienta y ganar 7”.
En 1939 y gracias a la presión de Clark Gable fue incluida en el casting de una película que iba a convertirse en un mito de la historia del cine. No fue fácil. Numerosas presiones trataron de entorpecer su contratación, pero a la postre consiguió el papel por el que en 1940 recibió un Oscar a la mejor actriz de reparto.
La carrera de Hattie fue una sucesión de obstáculos de todo tipo para que pudiera desarrollarse con plenitud, con algunos episodios humillantes que ella procuró sobrellevarlos para lograr hacerse presente. En el gran estreno de la colosal película en Diciembre de 1939 en Atlanta, sufrió otra humillación al no permitírsele acompañar al resto de los actores y actrices que habían intervenido en el rodaje. Lo único que el productor logró es que al menos su imagen y su nombre aparecieran en el cartel publicitario de la película.
Pero todavía le esperaba una nueva humillación. A la alegría por la noticia del premio Oscar se le advirtió que no iba a poder asistir a la gala de entrega en el hotel Ambassador de Los Ángeles en Febrero de 1940. Al fin, el productor David O. Selnick obtuvo un permiso para que Hattie pudiese entrar en el hotel, pero la ubicaron en el peor sitio, en una mesa muy alejada del resto de las estrellas del cine. La película fue premiada con numerosas estatuillas y todo el equipo técnico y artístico posó para unas fotografías, pero a Hattie no se lo permitieron.
Su carrera continuó siempre ceñida al mismo tipo de papeles de sirvienta (una especie de Laly Soldevila pero con connotaciones especialmente crueles). Hattie llegó a tener participación en programas de radio y televisión. En 1952 tuvo que abandonarlo todo cuando le diagnosticaron un cáncer de mama que acabó con su vida unos meses después con 57 años. Hattie expresó su deseo de ser enterrada en el cementerio de Hollywood, pero también se le negó (la mala conciencia norteamericana hizo que en 1999 los regidores de ese cementerio colocaran un cenotafio en el mismo como homenaje a la actriz). Su entierro estuvo acompañado de numerosos ramos de flores enviados por las estrellas del cine, pero solo una de ellas, James Cagney, acudió en persona a despedirla.
A estas alturas del relato me imagino que ya sabréis que Hattie era negra ¡perdón! No se puede decir “negra” pues para la hipócrita sociedad yanqui y filoyanqui hay que decir “afroamericana”. No hay mayor cinismo. También me imagino que sabréis cual era la película multioscarizada: Lo que el viento se llevó, en la que Hattie interpretó el papel de la esclava Mammie, y que ahora algunos colectivos -creo que equivocadamente - quieren eliminar por ensalzar el racismo.
Hattie, hija de esclavos, fue la primera persona de raza negra que acudió como invitada a una gala de los Oscar y no como personal de la limpieza. Su discurso al recibir el premio fue vibrante: “Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, miembros de la industria cinematográfica e invitados de honor: este es uno de los momentos más felices de mi vida y quiero agradecer su amabilidad a cada uno de ustedes que participó en seleccionarme para uno de sus premios. Me ha hecho sentir muy, muy humilde; y siempre lo sostendré como un faro para cualquier cosa que pueda hacer en el futuro. Sinceramente espero ser siempre un crédito para mi raza y para la industria cinematográfica. Mi corazón está demasiado lleno para deciros cómo me siento, y puedo daros las gracias y que Dios os bendiga”.
Para acentuar más su situación Hattie fue censurada por un sector de la sociedad blanca por ser negra y tener éxito; además, su comunidad negra también la censuró por perpetuar los estereotipos que señalaban históricamente a su raza. Por si faltaba poco Hattie era lesbiana, un hecho conocido en la comunidad cinematográfica californiana a pesar de sus 4 casamientos (era algo normal para los homosexuales de mitad del siglo XX casarse para enmascarar su condición sexual que por aquellos años no podía destaparse con libertad, como los ejemplos de Charles Laughton o Rock Hudson).
(Un final a modo de reflexión: siempre me ha llamado la atención cómo se mantiene viva la denominada Leyenda Negra española a pesar de los varios siglos transcurridos desde la colonización de América. Sin embargo y solo remontándonos al siglo pasado -en términos históricos “hace unos minutos” – tenemos una serie de ejemplos asazmente curiosos como diría Forges. Solo voy a citar tres: 1) ¿alguien ha oído hablar, en plan leyenda negra, de los abusos, mutilaciones y muertes – cientos de miles - producidas por los belgas en el Congo en los primeros años del siglo XX? Se habla de lo malote que era el rey Leopoldo pero de los belgas nada de nada… 2) según parece la Shoah y la II Guerra Mundial fue producto de unos alienígenas denominados nazis pues siempre se habla cuando se narran estos hechos de la responsabilidad del nazismo… como si los alemanes y la sociedad germana estuvieran al margen de cualquier responsabilidad y 3) el amigo americano: la tierra de la libertad y las oportunidades… y de la esclavitud y la segregación racial… que pronto se ha olvidado esto… sin embargo hoy los negros representan el 40% de los reclusos de las cárceles mientras que la población de esa raza es solo el 13% del total del país.
Mientras tanto nosotros seguimos autoflagelándonos por nuestra historia de hace varios siglos y se aviva una Leyenda Negra desde el exterior y lo que es más penoso, desde el interior. No soy defensor de una “leyenda rosa” o de una “leyenda blanca” como también algunos pretenden hoy mostrar al mundo, pero la realidad es que nuestro país tiene una historia de luces y sombras ni mejor ni peor que la de cualquier país imperialista o colonizador a lo largo de la historia, con un matiz enormemente positivo: pregunten en los países de influencia inglesa o francesa en América cuántos mestizos hay o investiguen cuantas universidades fundaron los colonizadores de eso países en comparación con las fundadas por los españoles… pero en fin, como se decía en aquella magnifica película de Billy Wilder “Esa es otra historia...”).
CENOTAFIO EN EL CEMENTERIO QUE LA RECHAZÓ