A las mujeres nos programan para adornar el mundo con nuestra “belleza fĂsica”; para ser anfitrionas, para entretener la mirada del otro, para complacer abriendo las piernas (aunque no queramos), para sonreĂr y cumplir nuestro papel (aunque estemos agotadas, aunque nos duela el alma y nos estemos tragando un cable), para aguantar una relaciĂłn que no funciona con tal de no quedarnos solas; nos entrenan para no “molestar” al mundo con quejas personales, con ojeras, con el cabello natural, con celulitis y estrĂas, con un cuerpo normal y humano que no vive a dieta, que disfruta la vida y que se acepta. Cuando digo que no sirvo de adorno ni que me paguen, me refiero a que decido que no nacĂ para complacer la vista de nadie, ni para adornar ni mi cama. No vine aquĂ a sacrificar mi salud, mis emociones ni el placer de disfrutar lo que me gusta para que me acepte una sociedad que no se acepta a sĂ misma ÂżDe quĂ© me sirve sonreĂr y no quejarme si estoy deprimida? ÂżDesde cuándo perdemos la salud cuando nos aceptamos, vivimos en paz y en equilibrio? ÂżDe quĂ© me sirve que todo el mundo estĂ© bien y que me acepten si eso cuesta mi paz y mi salud? Busquemos el equilibrio y disfrutemos la existencia, de eso se trata el concepto real de felicidad. Es que la humanidad es nuestro regalo, no lo desperdiciemos cosificándonos.
Por: Elaine Feliz












