Ambos hermanos entraron en aquella vieja cabaña, una extraña sensación de soledad, nostalgia y tristeza se apoderó de ellos. Aunque pareciera abandonada, no podían quitarse la idea de que no estaban solos.
Caminaron lentamente en la oscuridad, hasta que la luz se encendió y la puerta detrás suyo se cerró fuertemente, mientras el grito de la pequeña Madi resonaba en aquel bosque llegando a oídos de sus atónitos padres que corriendo hasta el lugar parecían nunca llegar, y los gritos de su hija se oían cada vez más fuerte, como si viajaran a través de los arboles. Fue así que llegaron en el preciso momento en que la niña se alzaba en el aire con los brazos extendidos y mirando hacia abajo. Nathan se encontraba en el suelo, arrodillado, viéndola con horror. Su madre lo abrazó y preguntó que había pasado, pero el niño no emitió sonido, tenia esa expresión de miedo en su rostro y el recordar todo lo había inhibido. La sra. Greenfields (Rose Northem de soltera) miró a su marido, preocupada, éste se acercó y poso su mano en el hombro de la mujer. Mientras tanto, Madison levantó la mirada; sus ojos carecían de expresión, su rostro había perdido ese resplandor de la niñez que inspiraba inocencia, se había vuelto oscuro, triste, sin vida...
-Tú- dijo, no paresia su voz, se notaba que era un hombre quien hablaba. Tenia un tono fantasmal.
-Tú- volvió a decir señalando a Nath..- Pequeño, dime ¿Cual es tu nombre?, ven acércate, no te haré daño... Solo quiero contarte una historia. -Sonrió.
El niño se despegó de su madre, y caminando lentamente hacia él dijo con voz entrecortada:
-Nathan, Nathan Greenfields.
Detrás de la niña, comenzó a surgir una sombra, la pequeña Madi cayó inconsciente a la par que aquella imagen tomaba forma humana. Un hombre, de contextura media, alrededor de cincuenta años. Los miró a todos con una maligna sonrisa. La sra. Greenfields se había movido junto a su hija que yacía aún desmayada, y su esposo se encontraba a su lado. El pequeño Nath se acercó más a la extraña presencia, había sacado valor de quién sabe dónde, parecía decidido.
-Quién eres? Qué quiéres de nosotros? -Preguntó.
El hombre sonrió y caminando hacia él dijo:
-Ya lo verás pequeño, ya lo verás -Y acarició sus cabellos haciendo que el niño sintiera un escalofrío recorrer cada parte de su cuerpo- Déjame contarte una historia...
"Hace mucho tiempo -comenzó- aquí en este mismo pueblo... Yo crecí aquí sábes ? Nací, Crecí y viví toda mi vida en esta cabaña. Al morir mis padres la remodelé para mí y mi familia. Todo fue risas y sueños, todo marchaba bien; me casé y tuve hijos, mi esposa Helen era de lo más encantadora, la amaba con todo mi corazón. Lamentablemente, un día ella enfermó. Falleció al poco tiempo. Mis hijos ya eran lo suficientemente grandes así que se fueron. Y Yo, Yo me quedé aquí, Sólo. Iba al pueblo cuando realmente necesitaba algo. La muerte de Helen me había Devastado. Pronto ellos también me abandonaron. Me ahislaron aún más, dejé de existir para el resto del pueblo. O al menos para su mayoría. Algunos pocos querían comprarme la casa para demolerla y así aprovechar más el extenso terreno que poseía. Decían que se haría una fortuna con él, pués abundaban las reservas de petróleo aquí. Jamás acepté ninguna oferta, y no lo hubiera hecho ni aunque me ofrecieran todo el oro del mundo. Esta cabaña es parte de mí, mi abuelo se la dejó a mi padre, y él me la dejó a mí; yo planeaba dejarla a mis hijos también. Pero la gente es envidiosa, se aprovechan de uno cuando está más débil y ¡BAM! te atacan cuando bajas la guardia. Son Depredadores feroces Un Día éres el pobre viudo que perdió a su amada esposa, y luego te disparán mientras duermes. Y así terminó mi vida, nunca me fui de aquí. Tenía que proteger lo es mio. Espantaba a todo aquél que se acercara, y pronto dejaron de venir. Mis hijos jamás aparecieron. Y el lugar se perdió entre el bosque."
Nath lo observaba atentamente, procesaba todo en mente.
-Es horrible, Quién pudo haber hecho esto?
-Eso lo averiguaras tú... No ahora, todo a su tiempo -Dijo el hombre sonriendo- Dime pequeño Nathan, ¿Te gustan los juegos?.
-Yo? -respondió entre sorprendido y motivado- ¿Qué clase de juegos?
-Pués ya sabes, seguir pistas... Descubrir grandes cosas... Ese Tipo.
-Cómo un detective? -preguntó curioso.
-Algo así - el hombre sonrió- Te agrada la idea?.
-Pués si, quiero ser detective cuando crezca. -Sonrió de lado.
-Eso es bueno, te ayudará. Por algo te he elegido. Cuando sea el momento te lo haré saber. Ahora ve, sigue viviendo tu vida, que la niñez es la etapa más importante de ella...
El niño sonrió de lado, caminó junto a sus padres y la Familia Greenfields salió como si nada de la vieja cabaña abandonada........