Franco Freda e Irán
Por Voxnr
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
En Risguardo, una de las publicaciones periódicas del Gruppo di Ar, se publicó lo que puede considerarse como una de las tomas de posición más significativas de Freda y sus compañeros respecto al Irán de Jomeini. En este texto, que demuestra su absoluta capacidad para reflejar las posturas del grupo, Freda declaró: «En cuanto a la revolución islámica iraní, uno de mis amigos y compañeros, Carlo Terracciano, ha expresado el punto de vista del Gruppo di Ar a través de un texto con el que estoy totalmente de acuerdo». El artículo en cuestión se titula «I giardini di Allah» [Los jardines de Alá] y contiene, a lo largo de sus extensas páginas poéticas, una descripción exaltada del Irán de Jomeini. En él se presentaba a Irán como el país que había logrado la restauración de los valores eternos por los que «millones de soldados de Europa y Asia sacrificaron su vida en el mayor holocausto bélico de todos los tiempos». Terracciano, en nombre del Gruppo di Ar, ensalzaba a Irán como una nación caracterizada por un objetivo final similar al del grupo y por un mismo adversario: «El racismo de los hijos de Israel, el sionismo cosmopolita y globalista». Según el autor, lo que tendía a aterrorizar al mundo, que se posicionaba íntegramente en contra de Irán a pesar de las diferencias entre los bloques, era precisamente el temor de que este se convirtiera en un ejemplo para todos los pueblos. Según Terracciano, no era de extrañar que el último Estado que hubiera sufrido una oposición mundial y transversal de tal magnitud fuera la Alemania hitleriana. Y la notable experiencia de Irán «puede resultar valiosa para nosotros, los europeos, y en particular para los italianos». Según el autor, esto habría sido posible mediante la exportación del jomeinismo, algo técnicamente factible, ya que, si «se separa la enseñanza de esta revolución de sus contingencias y especificidades, solo queda lo esencial, lo necesario para orientar en la dirección correcta los esfuerzos de las vanguardias revolucionarias».
Este fue «el ejemplo de una religión que toma las armas y se convierte, etimológicamente, en revolución». A los pasdaranes se los comparaba con los guardianes teorizados por Platón en su República, mientras que uno de los principales objetivos de la revolución de Jomeini habría sido la liberación de las mujeres de la tiranía de la occidentalización forzada. Por esta razón, Terracciano pudo concluir afirmando que: «Para nosotros, la lucha del pueblo iraní es hoy nuestra lucha; Irán es el contingente de vanguardia del frente común; así como nuestra lucha política deberá ser algún día la suya, hasta fundir nuestras dos banderas, que poseen los mismos tres colores, bajo el signo del tulipán de los mártires. ¡Hoy, todos somos iraníes!»
Lo que Freda apreciaba de Irán era su carácter hierocrático, centrado en una visión antimoderna, anti-individualista y antiracionalista de la vida. Eso era lo que motivaba su referencia al jomeinismo: «Todos aquellos que cuentan con una matriz cultural de tipo tradicionalista —digamos, más sencillamente, aquellos que se consideran discípulos de Evola y Guénon— ven en los acontecimientos iraníes una rectificación de las ideas del mundo moderno. Ven una especie de contrarrevolución, pues el laicismo de Occidente ha sido superado en Irán por la rigurosa observancia de la ley islámica».
Sin considerarla —no sin pesar— como una experiencia simplemente exportable a Europa, Freda reconocía en el Irán de Jomeini al portador de ciertos valores que podrían haber iluminado de nuevo a Occidente. Además, supo establecer una sintonía entre la derecha y el jomeinismo. Cuando se le preguntaba qué pensaba de las investigaciones realizadas en esa misma época, que revelaban connivencias entre los grupos iraníes establecidos en Italia y los neofascistas, él respondía: «Descarto los contactos organizativos. Sin embargo, los contactos de tipo cultural son posibles. Por ejemplo, un iraní jomeinista puede ponerse de acuerdo con un italiano de extrema derecha».
En 1985, cuando un periodista del Corriere della Sera le pidió información sobre la bendición que, según se decía, le había concedido Jomeini cuando este se encontraba exiliado en París, Freda confirmó haberla recibido, afirmando estar «convencido de la eficacia de las bendiciones (y de las maldiciones)», al tiempo que veía en Jomeini, «a mediados del siglo XX, una fuerza luminosa del Bien —mientras que su bendición, otorgada a los europeos que, con su minúscula acción cultural, contribuyen a combatir el mal, es un reconocimiento de la validez de nuestras orientaciones». En cuanto a la bendición otorgada por Jomeini, que por supuesto era de gran interés para los periodistas de la época, Freda volvió a mencionarla en otra entrevista, concedida el 17 de noviembre de 1985 para la revista mensual Storia Illustrata: el entrevistador le preguntó si la bendición de Jomeini lo honraba, y Freda respondió reafirmando y reforzando lo que ya había declarado: «Estoy convencido de la eficacia real de la benevolencia y la maldad y no solo de las bendiciones y las maldiciones. Ciertamente, la bendición otorgada en aquel entonces por Jomeini a la obra editorial en la que colaboro (que no me concernía a mí personalmente) tiene un valor propiciatorio: alienta y honra (por emplear su expresión) a quienes la reciben».
Fuente: https://www.voxnr.fr/franco-freda-et-liran

















