Entrevista de Eduardo GarcĂa Rojas para Diario de Avisos
“No puedo evitar verlo todo un poco negro, escriba lo que escriba”
El santo al cielo es la primera novela de Carlos Ortega Vilas (Las Palmas de Gran Canaria, 1972), un libro que desde que circula en librerĂas ha logrado que se acerquen a Ă©l lectores aficionados al policĂaco como los que se encuentran en las antĂpodas del gĂ©nero. Estilo, gracia y sobre todo un acerado retrato de la condiciĂłn humanase son algunas de las claves que han hecho de El santo al cielo un tĂtulo revelaciĂłn. Carlos Ortega Vilas es además escritor de relatos cortos, territorio en el que se mueve con comodidad y que ha dado como resultados Manuel de depredadores y Tuve que hacerlo y otros relatos, precisamente son cuentos pero tambiĂ©n una nueva novela los materiales con los que el escritor trabaja en la actualidad, obras de las que no quiere avanzar mucho aunque asegura que serán, inevitablemente, negras.
- Uno de los protagonistas de la novela, Aldo Monteiro, siente debilidad por los santos. ÂżSiente Carlos Ortega Vilas debilidad por los santos?
“Esa debilidad por los santos, en el caso de la novela, es ante todo un rasgo que define la personalidad del personaje. El martirologio cristiano es una fuente inagotable de historias truculentas que me venĂan muy bien –o le venĂan muy bien a Aldo, mejor dicho– para ilustrar algĂşn aspecto de la investigaciĂłn. Al principio me pareciĂł que era una contradicciĂłn interesante, porque Aldo se declara ateo. Sin embargo, a medida que iba profundizando en el personaje, comprendĂ que la contradicciĂłn no era tal. Aldo tiene un concepto muy estricto de la justicia –inflexible, casi–, una Ă©tica personal inquebrantable. Y ahĂ es donde conecta con estos primeros mártires, que murieron por defender un ideal. Aldo, al citarlos, no hace otra cosa que ponerse en la piel de esos personajes –con ironĂa, pero tambiĂ©n con respeto– porque sabe que en otra coyuntura su propio sentido de la Ă©tica, de la justicia, podrĂa acarrearle problemas muy serios. A lo largo de la historia, Âżcuántas personas con una Ă©tica inquebrantable no han sido tambiĂ©n asesinadas por defender unos valores, como esos mártires primitivos? No los conocemos porque, curiosamente, las vĂctimas suelen perder el derecho a la individualidad. Son una masa informe sin nombre ni rostro, salvo en escasĂsimas ocasiones.”
- Pero sĂ se conoce a los verdugos.
“Los conocemos hasta la saciedad. Uno acaba preguntándose si no deberĂa ser al contrario. Aldo, al menos, es de los que se hacen esa pregunta. Mi debilidad por los santos surge tambiĂ©n de una contradicciĂłn que descubrĂ de pequeño: mis padres eran ateos –y yo tambiĂ©n, claro–, pero siempre que surgĂa un problema llamábamos a mi abuela para que intercediera por nosotros ante algĂşn santo –normalmente recurrĂa a san Benito, por ser gallega, o a santa Rita–. Y, oye, siempre resultaba. AprendĂ pronto que todos tenemos un agujero en el zapato. Es una de las lecciones que más me han servido a la hora de escribir.”
- ÂżY cĂłmo fue el proceso de creaciĂłn de los personajes?
“El proceso de creaciĂłn de personajes es siempre muy intuitivo. Quizás lo más difĂcil sea individualizarlos, otorgarles una voz propia –me molesta cuando leo novelas en las que todos se expresan de la misma manera y en el mismo tono, como si al autor le preocupase más escucharse a sĂ mismo que dotar de entidad a sus personajes–. Yo parto de la siguiente premisa: cada acciĂłn tiene consecuencias. Es ahĂ, donde se quiebra el equilibrio, que puedo intuir de quĂ© pie cojea cada uno. Siempre trabajo a partir de las contradicciones de los personajes.”
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- ¿Pero cuál le costó más trabajar?
“La protagonista femenina, Silvia, quizás fue el que más me preocupaba, porque no querĂa que cayese en el estereotipo de mujer fatal propio del gĂ©nero ni que fuera un personaje supeditado por completo a la historia de la investigaciĂłn. DebĂa tener la misma importancia –o más– que los dos investigadores. Para lograrlo tuve que idear una serie de situaciones que me permitieran mostrar un arco evolutivo propio, lo más completo posible. De ahĂ, en gran medida, las subtramas que van entrelazándose a lo largo de la novela. El resto de personajes surgieron al tiempo que esas historias paralelas iban cobrando peso. Quizás el que más claro tenĂa desde el principio –aunque apenas aparece– sea Daniel, el adolescente desaparecido. Él es el verdadero origen de todos los acontecimientos. En cuanto a los secundarios, procurĂ© tratarlos con idĂ©ntico mimo y respeto que al resto. Por breve que sea su apariciĂłn, todos tienen su momento de protagonismo, su peso en la trama.”
- ÂżY quiĂ©nes son Aldo Monteiro, inspector jefe de la Brigada de Homicidios y Desaparecidos de la PolicĂa Nacional y el teniente Julio MatarĂł, su enlace con la Guardia Civil?
“Tanto Aldo como Julio surgieron en un relato anterior a la novela. En principio, ambos eran policĂas, pero decidĂ que Julio pasara a formar parte de la Guardia Civil para crear un conflicto añadido. Por entonces –en 2006, cuando comencĂ© a escribir El santo al cielo– se habĂa vuelto a reavivar un viejo debate: la unificaciĂłn de los dos cuerpos. Me pareciĂł una buena metáfora de situaciĂłn. A lo largo de toda la novela se alude varias veces a esa posibilidad, que despierta recelos y malestar en ciertos cĂrculos muy conservadores –y homĂłfonos–, al tiempo que Julio va sintiendo una atracciĂłn cada vez mayor hacia Aldo. Hay un doble sentido en ese deseo de «unificaciĂłn» de los cuerpos que trasciende los lĂmites de lo estrictamente policial. De Aldo creo que ya he hablado bastante cuando tratamos su aficiĂłn por el santoral. En cuanto a Julio, creo que es algo más ingenuo que el inspector —aunque a veces su actitud parece más una pose, una forma de protegerse— y mucho más flexible, más humano: comprende la debilidad de los demás. Ambos comparten un sentido de la Ă©tica y del deber —no de la justicia— bastante similar. Julio no es un hĂ©roe, pero es capaz de realizar algĂşn que otro acto heroico, sin pretenderlo. Y eso es lo que, quizás, más valora Aldo en Ă©l. De alguna forma, se complementan. Creo que no puedo desvelar mucho más…”
- ÂżVolveremos a verlos juntos en otra historia?
“Eso espero. De momento, tendrán que esperar un poco. De todos modos, hay una segunda novela esbozada donde los dos personajes vuelven a encontrarse. Lo bueno de las sagas es que una vez que has interiorizado a los protagonistas, sus voces permanecen.”
- ¿Cómo fraguó el diseño de la trama?
“En principio, El santo al cielo surgiĂł de una propuesta de ejercicio en el marco de un taller de novela negra: resolver un misterio de habitaciĂłn cerrada (un cadáver, una estancia cerrada desde dentro, un asesinato). Normalmente este tipo de historias se centra en averiguar el cĂłmo. Las novelas enigma no me interesan en particular, de modo que me centrĂ© en los personajes. Mi principal preocupaciĂłn a la hora de diseñar la trama fue reflejar sus motivaciones, en particular, las de Silvia —la asesina—. PlanifiquĂ© de antemano la estructura, capĂtulo por capĂtulo, hasta el epĂlogo, que para mĂ es la piedra angular de toda la novela. Es lo que suelo hacer cuando comienzo un proyecto, ya sea un relato breve o una novela: tengo una escena final en mente que muchas veces es tambiĂ©n el origen de la trama, y voy reconstruyendo la historia con ese desenlace en la cabeza. No lo escribo hasta el final, me obsesiona de tal modo que actĂşa como un detonante con efecto retardado. Tengo que llegar a Ă©l, antes de que explote… Aunque tarde tres años, como en este caso. Reconozco que a veces resulta un tanto agĂłnico trabajar asĂ, pero es la expectativa lo que mueve toda narraciĂłn. Siempre hay que mantener una puerta abierta a la incertidumbre.”
- ÂżY quĂ© atractivos tiene para usted el gĂ©nero policĂaco?
“En primer lugar, me gusta cuestionar los estereotipos. Quizás fue uno de los retos que más me motivĂł a la hora de utilizar el gĂ©nero para contar esta historia. Ver de quĂ© manera podĂa darle un vuelco a todos esos personajes de novela negra que me parecĂan muy manidos, que me provocaban antipatĂa o con los que no lograba empatizar —en especial cuando se trataba de protagonistas femeninas o de personajes homosexuales, tan planos en ocasiones, tan poco humanos—. Lo demás, tuvo que ver con mi manera de entender la escritura. No concibo contar sin utilizar el suspense, por ejemplo. TambiĂ©n me gusta el ritmo propio del gĂ©nero, donde prima la acciĂłn sobre la descripciĂłn, los diálogos, el lenguaje cinematográfico, una cierta sensibilidad para contar que a veces se aproxima a la del realismo sucio. Me gusta el trasfondo de crĂtica social que suele contener este tipo de novela, la capacidad de retratar una Ă©poca y sus miserias. Por Ăşltimo, creo que lo negro es una forma de mirar, más que una fĂłrmula para crear tramas. Y yo no puedo evitar verlo todo un poco negro, escriba lo que escriba.”
- Usted que imparte talleres literarios, Âżcree que son necesarios para aprender a escribir una historia?
“Creo que los talleres de escritura sirven para adquirir una rutina de trabajo, para experimentar con tus propias posibilidades y sorprenderte. Es Ăştil para conocer tĂ©cnicas y desechar «vicios», para afianzar un deseo, expandir lĂmites, descubrir nuevas lecturas, nuevos autores. Quizás, lo más importante que puede aprenderse en un taller es a concebir la escritura como un oficio, y no precisamente fácil. AquĂ no hay fĂłrmulas matemáticas —ni mágicas— para conseguir un resultado idĂłneo. Luchamos constantemente con la inseguridad, con el miedo a exponernos ante la mirada crĂtica de los demás. La literatura nace de la intuiciĂłn, y de la propia literatura. La intuiciĂłn no se puede enseñar, y la literatura precisa de una inmersiĂłn demasiado Ăntima para ser impuesta. Pero sĂ se puede entrenar la capacidad de observaciĂłn, la mirada —cĂłmo objetivar el tema, cĂłmo seleccionar y dosificar la informaciĂłn—, la lectura crĂtica… Lo demás es empeño personal y, lo más importante, una mente abierta. Los prejuicios y los lugares comunes deberĂan quedar desterrados del papel.”
Carlos Ortega Vila explica que cuando escribe relato “tengo muy claro lo que debo callarme” mientras que cuando escribe novela “intento centrarme más en lo que debo contar para que los personajes hundan las raĂces en la historia y se agarren bien a ella; que no los tumbe una corriente de aire.” No obstante, reconoce que en esencia aborda de la misma manera tanto un gĂ©nero como el otro y huye de las digresiones interminables “aunque digan que en la novela están permitidas” porque intenta que todo resulte relevante en el texto, que tenga una funciĂłn, da igual que sea novela o cuento. “No soy un lector sufriente, y por tanto no me gusta hacer sufrir a nadie. Creo que la literatura no está reñida con el entretenimiento, y que muchos de los mecanismos que funcionan en el relato no hay que perderlos de vista al escribir novela: sĂntesis, acciĂłn, esfericidad…, incluso la irrupciĂłn de un elemento extraño son algunas de las cosas que tengo muy en cuenta a la hora de escribir, da igual el gĂ©nero.
Saludos, santo, santo es el Señor, desde este lado del ordenador.
Por Eduardo GarcĂa Rojas (29/07/2017)