Y déjeme decirle, caballero, que usted con su sentido del humor y su maravillosa presencia me ha cautivado desde la primera sonrisa que me regaló. No me preocupa el futuro, pues he aprendido que lo que tenga que ser, será, y no hay nada que hacerle, pero eso no me impide confesarle, que mi corazón lo tiene allá con usted, en las nubes.
Edimar Hercor













