¿A que tanto le teme el ser humano? A otro ser igual a él... La respiración del chico era pesada, le costaba, como si pagará por cada suspiro que daba, la persona al fondo del metro, mirándolo tan concentrado, le perturbaba la forma tan desconcertante de no quitarle la vista de encima, podía oír levemente sus propios latidos, llevaba las manos frías, y el camino que debía durar 20 minutos se hizo una eternidad, tomó el teléfono y llamó a su madre, nervioso seguía observando como la persona del fondo se había convertido en su espejo, repitiendo cada movimiento que el realizaba, su madre no contestaba la llamada, el odiaba sonreír y odiaba el color naranja, extrañamente esa noche al regresar a casa, acompañado de una sudadera naranja y una exuberante sonrisa en el rostro, la madre extrañada lo llama, ¡Sebastian! El chico la mira sin decir una palabra y a la madre le da escalofríos, ese no era Sebastian, ese era su espejo el tipo del metro... y Sebastian, ¿donde esta...?
Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality✓ Free Actions
Free to watch • No registration required • HD streaming
Tenía muchas noches que casi no descansaba, pasaba horas enteras dando vueltas en mi cama, sin poder dormir, primero me invadía un sentimiento inmenso de vacío, frío e intimidante, como si nada pudiesen llenarlo, luego una sensación de calor recorría mi cuerpo, hasta tocar mi sexo, y de a poco iba aumentando un deseo lujurioso por todo mi cuerpo, casi mataria por tener a mi lado otro cuerpo con quien satisfacerme.
Las primeras noches era controlable pero cada vez era peor, y lograba dormir menos, por el día no podía concentrarme en mis actividades dirias y estaba de malhumor todo el tiempo. Una noche que logre dormirme soñe que caminaba desnuda por la calle, y las manos de muchas personas me tocaban a medida que caminaba como si fuese una clase de divinidad, pero luego se multiplicaron las manos y comenzaron a rasguñarme, dejando mi cuerpo ensangrentado, con moretones y cortes por todos lados, caí en el suelo casi desmayada y vi una mano oscura que me venia a levantarme, en seguida me desperté.
La noche de nuestro encuentro, una especie de cuervo picoteo mi ventana, luego me observo por unos segundos, como si quisiera decirme algo,luego sentí ganas de quitarme el camison con el que suelo dormir, dejando mi cuerpo al desnudo. Comenzó la sensación de vacío, y mi cuerpo se empezo a calentar, cerre mis ojos y me deje llevar, empece a tocar mi cuerpo como nunca lo había hecho antes, fue tanta la intensidad que comence a gemir, por un segundo abri mis ojos y vi que mis manos no eran mis manos, eran dedos largos, de un hombre, gire mi rostro para buscarle, y vi sus ojos rojos, penetrantes, guardaban una maldad encantadora, las facciones de su rostro eran alargadas, pero aunque intimidaba era un rostro atractivo, muy elegante, y escuche su gruesa voz decir: "Eres mía, entregate a mi... sé que lo quieres, tu cuerpo cada noche pide por mi... por el placer carnal... ya eres mía, siempre podrías sentirte deseada solo debes aceptarlo... Aceptarme", mientras me hablaba, pasaba su larga lengua por mi cuello, y luego por mi senos, estremeciendo mi cuerpo, yo respiraba agitada, una parte de mi quería parar y otra sabia que no había vuelta atrás, ya no tenía control sobre mi cuerpo. Finalmente y sabiendo que estaba totalmente mal, llegue al mejor orgasmo que nunca he tenido, y en ese instante dude por un segundo de mi buen corazón, me sentí capáz de entregarme por sentirme así mil veces más.
A la mañana siguiente, limpie mi cuarto, comence a hacer ejercicio, medite y rece a Dios, me dispuse a ser mejor persona, a tratar mejor a los demás y mi estilo de vida cambio considerablemente, y nunca volví a tener encuentro sexuales con él. Pero desde entonces siento que mi alma ya esta perdida, condenada a vivir la eternidad en las llamas, gimiendo y alcanzando él climax con el demonio.
El reloj de pared no dejaba de sonar con un tic tac... tic tac intermitente, parecía no agotarse ni un poco. El ritmo que llevaba consigo estaba por agotarme la paciencia, tal cual un reloj de arena, grano a grano iba perdiendo los estribos, quedándome en la nada.
El sonido parecía nunca perder el ritmo, pero mi paciencia había rebasado su límite, hasta el punto de estallar. Entonces decidí bajarlo de la pared, tomarlo entre mis manos, darle la vuelta y... Por fin tener un momento de paz. Escondí las pilas que daban vida a aquel objeto, para que nadie más pudiera devolverle su esencia.
Como era más que evidente, lo había reemplazado por un artefacto moderno, un reloj de pulso, de hora digital con características exquisitas. Conservaba la obsoleta máquina sólo por ser un recuerdo de mi familia.
Me pasé toda la tarde mirando el reloj, recordando... Pensé en mis hermanos, en mi madre, en las deliciosas galletas que nos preparaba los fines de semana, los picnis donde degustábamos sus tartas de zarzamora y duraznos, su receta preferida, y la picada gloriosa de queso y jamón que mi padre siempre llevaba escondida al fondo de la cesta…
Un día llegó la bisabuela repleta de presentes, hubo uno que llamó en especial la atención de mi madre, era un reloj exótico, de sonido extravagante, en detalles pomposos, todo en él era glamuroso hasta... que le colocaron las pilas. Yo dormía con mis hermanos en un cuarto, el reloj se encontraba en la sala, pero su sonoridad era insoportable. Al parecer todos conciliaron el sueño al compás de su tic tac, pero esa noche yo no pude. A la mañana siguiente mamá me preguntó:
—¿Te gusta el reloj?
—¡Claro, seguro! es refinado.
¿Qué más iba a decirle? ¿Que el insulso artefacto era el culpable de mi insomnio? ¿Que lo odié apenas lo vi? Pasé la noche en vela pensando en la forma de deshacerme de él. Podía lanzarlo desde la segunda planta, pero el estruendo sería tal que despertaría a todos. Podría esconderlo y arrojarlo a la chimenea por la madrugada, pero notarían que dejó de sonar. Tenía que hacer algo, que fuera sigiloso, pero a la vez permanente, algo que hiciera que desapareciera sin dejar un solo rastro del objeto y mi culpabilidad... Estuve días ideando, planeando la manera idónea de consumar mi crimen y al final... no pude.
Cuando me fui de casa, mis padres me ayudaron a empacar y mi madre eligió algunas cosas para regalarme, entre ellas, por supuesto, el reloj endemoniado. ¡Qué ironía! El desgraciado tenía toda la intención de torturarme de por vida.
Pero ahora... ahora era totalmente diferente... La satisfacción de quitar una a una las baterías que le daban vida y verlo como un objeto más, inmóvil, estático, me dio ese poder que por años buscaba, una sensación de paz, tranquilidad y victoria. ¡Lo había logrado!
Me retiré a realizar mis quehaceres, la casa estaba sucia, telarañas adornaban los viejos muebles que me habían donado y el crujir de la madera era aparatoso y demasiado exasperante. Me cansé de fregar la cocina, acomodar mi ropa y alisar las cortinas... Solo quería terminar de preparar mi dormitorio para dormir plácidamente hasta el amanecer.
—Me perseguía y no podía ver su rostro, solo escuchaba sus carcajadas, se reía de mí y de cómo este sería mi final, me había acorralado, estaba sobre mí cuando...
Desperté súbitamente de una de mis peores pesadillas, sonaron doce campanadas... Era imposible. Le había quitado las baterías, lo había escondido en una caja.
Me levanté de repente de mi cama, estaba agitado, casi dormido, no pensaba bien. Fui a la cocina, jale con fuerza de una de las manijas de la gaveta, agarré lo primero que vi, ¡un martillo!, eso sería suficiente para que el asqueroso reloj quedase muerto, no habría forma de revivirlo, esta sería la estocada final.
Me dirigí de prisa, en medio de ira e incertidumbre. Le bajé de la pared de un solo golpe, le pegué una y otra vez, pero él ponía resistencia, cada golpe era una campanada más, hasta que logré asfixiarlo al clavarle el último martillazo en aquel vidrio casi irrompible. Lo había matado...
Tenía que deshacerme de cualquier evidencia. Recogí los pedazos, los coloqué con sutileza en una caja, tratando de no hacer ningún ruido ni cortarme con los vidrios. Corrí a cavar un profundo agujero en el patio, lo enterré... estaba hecho.¡No molestaría nunca más! O eso creía...
Aunque volví a la cama, apenas pude conciliar el sueño. Por más que di vueltas de un lado a otro, no conseguía descansar... ¿En qué te has convertido? me diría mi madre. Mis hermanos me juzgarían, nadie querría estar cerca de mí jamás.
Miré la hora en mi muñeca. "Si no me hubiese deshecho de él de forma tan cruel, el reloj estaría por sonar a las seis en punto''. Me perdí en mis pensamientos durante horas, creyendo que todo había sido producto de mi imaginación.
Me levanté antes de que sonara la alarma, a beber un vaso de leche chocolatada, seis campanadas sonaron... Un escalofrío recorrió mi cuerpo, dejándolo helado, me acerqué, el vaso cayó al piso tras verlo colgado de nuevo en la pared. "No te desharás tan fácil de mí" tenía escrito en el vidrio, y otra campanada sonó...
La familia de Ruth yacían dormidos en sus respectivas camas, pero a diferencia de su familia, Ruth no dormía pues estaba demasiado ocupada retorciéndose de dolor en su lugar
—¡Joder!— grito Ruth...
Grito en silencio en medio de la oscuridad de su habitación, Ruth estaba teniendo un fuerte dolor estomacal, y para desgracia no era cualquier dolor, era gastritis...
—¿Porque jodidos comí tanto picante hoy?— replicaba molesta.
La madre de Ruth le tenía estrictamente prohibido las comidas picantes, pero Ruth amaba el picante y tomó la advertencia como un pequeño juego y ahora estaba pagando por las consecuencias de sus actos...
Ruth se seguía retorciéndose del dolor, ni loca le iba a decir a sus padres que casi literalmente se estaba muriendo, en medio del caos que sentía en su estómago recordó una vieja técnica, doblarse en sí, como un pequeño bebé, técnicamente en posición fetal, lo hizo y eso le calmo el dolor por un momento pero aun seguía allí presente recordandole la toma de sus pésimas decisiones.
—¡Omeprazol!— recordó rápidamente
Como pudo se levantó y corrió hacia la alacena que estaba llena de medicamentos probablemente hasta caducados, pero sabía que si tomaba una de esas pastillas chistosas como cápsulas transparentes el dolor se iría y no seria descubierta por su madre, corrió hacia la cocina para dirigirse al almacén cuando en ese momento sonó el timbre
—¡Mierda!—
—¡Son las 12 de la noche!, ¿quien jodidos viene a estas horas?—
Replicaba Ruth mientras que solo llevaba el frasco de pastillas en la mano sin darle tiempo de solo tomar una... entro a su habitación y salto hacia la cama y se cubrió de cuerpo completo esperando que quien jodidos sea ya se vaya pues aun le faltaba ir por un vaso de agua o ella podría morir esa noche no por un dolor de gastritis si no por asfixia por tomarse una pastilla tan grande y peor sin agua, Ruth odiaba las pastillas grandes y ocupaba al menos un vaso grande de agua para poder tomarla. Espero unos segundos, minutos y no oyó nada, molesta por el susto el dolor había disminuido pues su atención se había ido hacia quien toco la puerta en plena madrugada
Sigilosamente y con la pastilla en la mano giro el picaporte de su puerta y con sus pies descalzos salió hacia la cocina dispuesta a tomarse esa pastilla y poder dormir, en el momento que ya tiene el agua y esta lista para finalmente hacer desaparecer el dolor, el timbre vuelve a sonar...
—¡Mierda, pudrete!— esta vez Ruth lo dice con más coraje y con un tono de voz más alto, corre nuevamente pero sin antes tomar la pastilla tan rápido que le dan arcadas cuando siente que esta es una gran cápsula, sin tanto tiempo de pensar corre hacia su habitación para evitar ser descubierta, cuando nuevamente esta en su habitación cansada recargada en la puerta que cerro con mucho cuidado, es cuando se percata de algo, el escalofrío lo siente por su cuello y nuca, baja hasta su espalda baja y también lo siente en todas sus piernas, hasta que viaja por todo su cuerpo... ellos no tienen timbre... en ese momento el timbre vuelve a sonar, pero esta vez justo debajo de su cama, el sonido es un poco más golpeado y bajo... escucha como algo se arrastra debajo de su cama hacia ella y con una voz gruesa y extraña le dice:
Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
✓ Live Streaming✓ Interactive Chat✓ Private Shows✓ HD Quality✓ Free Actions
Free to watch • No registration required • HD streaming
Se dice que aquél día la princesa se escapó sola de la torre y del perverso dragón, porque nadie más acudió a liberarla. La reina no fue capaz de rescatarla como su hija tanto soñaba. Mientras las llamas de aquél infierno consumían todo a su paso, temiendo ser devorada decidió tomar la primer oportunidad de escape, y lo logró. El tiempo pasó y así luego de muchos kilómetros de distancia y años de por medio la joven se creyó victoriosa por su hazaña, hasta que supo su cruel realidad. Algo andaba mal, iba muy pesada y abatida, en guerra con todo a su alrededor. No era precisamente alguien feliz como ella había decidido creer que era. Tuvo que aceptarlo y buscar una respuesta. Sumergida en su mundo interior lo descubrió. Su cuerpo físico iba vacío, porque las cadenas siguieron apresando su pobre y atormentada alma al pasado y a pesar de verse físicamente adulta, su esencia no había crecido a la par. Sigue aún su espíritu en absoluto y ensordecedor silencio esperando a su heroína, temeroso del infame dragón que nunca le dejó escapar realmente. Ella va dividida de sí misma y fragmentada, confundida y abandonada. Anhela habitarse a sí misma y soltar para siempre el tormentoso recuerdo de aquél mefistofélico demonio de fuego que tanta desgracia y terror causó en su vida, pero no sabe cómo recuperarse y entre pasado y presente ha quedado para siempre perdida.