HAY MIL FORMAS DE ARRODILLARSE Y BESAR EL SUELO
Tengo un joven amigo que me cuenta sobre el momento en que le lee cuentos a su hijita. Mi amigo me dice que es un momento que no necesita confirmación alguna. Yo encuentro una gran sabiduría en su frase: un momento que no necesita confirmación alguna. Todos necesitamos entrar con frecuencia en contacto con la fuente de la vida. Es necesario para recuperar el optimismo y seguir adelante. Puede ser que lo hagamos a través del juego, de escuchar música, de meditar, pintar amar, leer cuentos a nuestros niños o a los de nuestros amigos, incluso a nosotros mismos. Es el momento en que cerramos la mente como si fueran ojos cansados y dejamos que el corazón se rinda como se rinden los labios abiertos cuando tienen sed. Es el momento en que llegamos a la fuente común en donde se necesita pedir permiso o aceptación, donde no tenemos que afrontar ningún rechazo o crítica. Porque la vivencia misma es la única autoridad que necesitamos.
Lo más curioso es que estos momentos surgen justo cuando nos olvidamos de nosotros. somos como los caballos que no se pueden sacudir las anteojeras, así que sólo vamos olfateando el camino hasta llegar a estas profundas piletas de donde podemos beber. y entonces, al menos por un instante, estamos a salvo.
La verdad es que todos los días bebemos de esta inmensa paradoja: aunque el momento que vivimos lo compartimos con todo lo que está vivo, nadie lo vive de manera más directa que nosotros mismos. Lo único que puede decir lo que se siente estar vivo y ser tú, eres tú mismo. Nadie necesita permiso para estar vivo, ´para permanecer así, y para conocer el gozo de tocar la tierra con la irrepetible mano.
- Camina bajo la sombra de un árbol y encuentra tu centro. Ahora mira hacia arriba.
- Al respirar trata de sentir la solidez con la que el árbol estalla desde la tierra, se eleva y deja caer sus hojas como lluvia.
- El árbol crece sin solicitar el permiso o la aceptación de alguien.
- Toca el árbol y mientras respiras con lentitud, aprende de él.