Una oración
Que la mar sea contigo, rezaban los antiguos, sabedores de ambiguos senderos sin postigos. Fueron almas cantoras, aquellas de cuenqueros nómadas, sanadoras. Son chamanes postreros. Bajo el cielo, errabundos, nuestros maestros cuenqueros aún guían a vagabundos de andares lastimeros. Un mundo sin cuenqueros y sin cirqueros, ¿qué es?, pregunté un día. Nada, ¡condenados!, ¿no…
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