Perfecta para mí.
¡Hey!
Me he acordado de una escena de uno de los episodios de Eldarya, el 17. Si escoges trabajar en la biblioteca y eres ruta Leiftan tienes una escena bastante, ejem, sensual con él. Y en ese momento, me pregunté: ¿y qué pensaría Leiftan de eso?
Y se me ocurrió hacer eso mismo, como no lo sé, lo único que puedo hacer es imaginarmelo y crearlo para mí. Espero que os guste. Así que, puede contener spoilers.
Y el segundo aviso, es mazo pasteloso y cursi porque así es como veo a Leiftan.
CHEESY ACCIÓN:
A disfrutar...
Distraído.
Con los ojos en la nada, camino entre la muchedumbre del cuartel, todas estas personas ilusas apoyando una causa, engañados por ellos, gente inocente que se dejaba manipular solo por seguridad. Y ellos se la prometían pero obviamente era gracias a su grupo.
Si quisiesen aniquilarlos, lo habrían hecho, pero no querían, al menos no si no era extrictamente necesario. En aquel momento, con sus pensamientos consumiéndolo en su rabia, tropezó con alguien.
- ¡Oh, lo siento!-
- No es nada- dijo, manteniendo su apariencia tranquila y sensible.
Pero sus sentidos lo captaron al completo.
Era aquella voz que le hacía temblar, que le iluminaba, la voz de la persona por la que lo daría todo. La chica de sus sueños, a la que había estado esperando.
- Yo... Gardienne...
Y en ese momento, la rabia que lo consumía le abandonó.
Ella estaba tumbada sobre él, con una de sus delicadas y preciosas manos sobre su pecho, su cara avergonzada, con las mejillas rojas como las rosas, sus ojos violetas mirándolo aún a pesar de que quería consumirse entre sus nervios. Pestañeó y la tentación le consumió desde lo hondo de su ser.
- Eres realmente hermosa vista desde aquí-
Quería tocarla, amarla y protegerla.
No se contuvó, no podía, aquella calidez instaurada en su corazón le movía, el deseo de que ella le correspondiese crecía, a cada paso, a cada segundo de los días vividos, sus piernas colocadas alrededor de su cuerpo, Gardienne tan cerca, su corazón dolía tanto que casi era placentero. Era una incitación al crimen de besos que quería darle, quería llenarla con la belleza que sus ojos captaban, darle todo lo que se merecía, el mundo. En su delicada piel... en su delicado cuerpo. Toda para ella, todo a ella.
Ella aumentó su abrazo, entorno al cuerpo del daemon, que, al sentir aquel permiso, sintió al completo la aceptación, su duda, su piel tocándole con intensidad, se sentía deseoso de probar más, la quería tanto, el deseo incrementando por cada fibra de su piel. La atraía, inconscientemente, deseaba por completo aquel cuerpo cercano al de él.
Deslizó su mano, hacia los riñones de la chica, que se encorvó sobre él, acercándose a centímetros de su rostro, Leiftan contuvo su respiración al ver aquella maravilla tan cerca de él, una preciosa estrella que se había caído del cielo para darle lo que quería. Llevó su mano hacia la nuca de la chica.
Un beso, solo un beso sería necesario, un beso para probar el manjar de los dioses que era ella.
La acarició, en su nuca, delgada y suave, sus ojos le miraban, tranquilos y dulces, observó su rostro angelical, y entonces, ella le incitó más, mordiendo su labio inferior, deseó poder hacerlo también.
Gardienne era lo único que deseaba en el mundo. Ella era la única para él.
Sintió su aliento cálido, acariciando su piel y se dió cuenta de que, no importaba cuanto la deseasa, cuantas expectativas tuviese, era mejor incluso de lo que había imaginado un edén de sentimientos. Embriagado por aquella extenuante sensación, acarició y dibujó pequeñas trazas en su nuca.
No iba a besarla sin su consentimiento, y aunque parecía disfrutarlo, quería relajarla, quería que se acercase por si misma y lo consintiese, jamás haría algo que la disgustase pero, ahora, desearía que pudiera probarla ya.
Su respiración se aceleró, el tiempo se detenía más, solo tenía ojos para ella y sabía que era igual para él. Y entonces lo vió, acercando su cara a la suya, Gardienne se deslizó. Un roce de sus labios y Leiftan ya sentía que no tenía el control.
Aquel roce, suave, casi imperceptible, había sido como el mismo cielo para él, y, cuando pensó que continuarían, un ruido brusco les interrumpió de repente. La vió sacudir su cabeza, ruborizada, y levantarse, intentando recobrar la compostura que parecía haberle arrebatado.
Se levanto, y miró a Leiftan, tendiendo su mano, para ayudarle a levantarse. El rubio la cogió, sin duda alguna, suave y aterciopelada, tan delicada y tan necesaria. Aquello que habían compartido había sido mágico.
Inevitablemente, sin poder mirar más allá, Leiftan se levantó y quedaron frente a frente, y sus ojos solo fueron a los labios de la chica, que, dandose cuenta de la situación, llevó una mano hacia sus labios.
Quiso volver a ellos, pero se controló.
Era un avance, y tenía todo el tiempo del mundo, después de todo, ella estaba aquí y había estado esperándola desde milenios. Podía esperarla, podía hacerlo porque merecía todo el tiempo que necesitase.
Vio aquellos papeles dispersados y sonrió hacia ella, quién compartió la sonrisa, tímidamente, con él.
- ¿Quieres que te eche una mano?
- No lo rechazaría- rió, dulcemente.
Y se preguntó, seriamente: ¿cómo una criatura como ella podía ser tan dulce y bondadosa?
Se agacharon a la vez y comenzaron a recoger los papeles que estaban diseminados, apilandolos en varias montañas, una vez los juntaron todos, en silencio, deseoso de serle útil, se levantaron al tiempo, cargando el montón de documentos más grande. Pesado para ella... pensó.
- Bueno, es una sorpresa- dijo, sonriendo. -¡Eres más fuerte de lo que parece! Es bastante pesado.
- No es para tanto- la vió sonreír feliz ante el cumplido, derritiendo el corazón del daemon con aspecto angelical. -¡He vivido cosas peores!
Aquella sonrisa le hizo temblar.
Un milagro, esa chica era un milagro, completamente, su día estaba yendo bastante estresante, pero ahora que la había visto y compartido un momento tan íntimo que se estremecía de felicidad, por todos lados.
- ¿A dónde ibas?-
- A la biblioteca.
Dejándole pasar a ella primero, la vio mantener una sonrisa dulce y agradable.
De camino hacia la biblioteca, hablaron tranquilamente, había sido una charla completamente fructifera, había comentado cosas sobre ella cuando estaba en el instituto, aparentemente era lo mismo que la educación que suministraban aquí, solo que para los humanos, el instituto era un grado medio de dificultad.
Su voz sonaba clara y suave, se sentía completamente feliz y aprender más sobre ella era casi un placer.
Entraron en la biblioteca y fueron abordados por Yhkar.
Charlaron un poco, brevemente, Yhkar explicó que, el desorden de los papeles, que había causado el fortuito choque, no importaba ya que pensaba ordenarlos de nuevo, otra vez. Sus ojuelos se marcaron cuando comenzaron a ver el trabajo prosperando y a la brownie tan feliz.
La conversación iba finalizando y entonces, su ángel, sonrió.
- ¿Quieres que te ayude con todos estos papeles?
Tan altruista y maravillosa, tan perfecta, a diferencia de él.
- No, puedo yo sola- la brownie se colocó en posición de trabajo, sin siquiera mirar a la chica. –Puedes aprovechar el resto del día, te daré tus horarios de trabajo el próximo día, tengo que hacerlos aún.
- Muy bien, cuando quieras.
Entonces comenzaron a retroceder, ambos.
Esperaba que, la libertad de Gardienne y la suya propia les unieran, pensó en un paseo por el exterior, hacia la playa, donde seguirían conversando, en una comida en la
- Leiftan.
La furia rugió por dentro, pero como maestro del disfraz, desvió la vista con total calma.
- Si, pudieses quedarte- dijo ella, quiso negarse, pero la brownie continuó. –Necesitaría tu ayuda sobre los nuevos reclutas.
- De acuerdo.
Entre dientes, aceptó, hablando con su mejor tono sonrió y caminó hacia ella, despidiendose de su amada que partía con una silenciosa despedida.
Frunció el ceño, antes de darse la vuelta y después de que su amada se hubiese ido, Yhkar se arrepentiría, quizás no ahora, pero si en un futuro.














