"Roland Barthes, por ejemplo, en un ensayo apropiada y reveladoramente dedicado a Román Jakobson, habla elocuentemente de la búsqueda por parte del escritor de una perfecta coincidencia entre las propiedades fónicas de una palabra y su función significante. 'También nos gustaría insistir en el cratilismo del nombre (y del signo) en Proust... Proust ve la relación entre el significante y el significado como motivada, uno copiando al otro y representando en su forma material la esencia significante de la cosa (y no la cosa misma). Este realismo (en el sentido escolástico del término), que concibe los nombres como 'copia' de las ideas, ha tomado, en Proust, una forma radical. Pero bien se puede uno preguntar si esto no está más o menos conscientemente presente en toda la escritura y si es posible ser escritor sin algún tipo de creencia en la relación natural entre los nombres y las esencias.
La función poética, en el sentido más amplio del término, sería así definida por una conciencia crítica cratiliana del signo, y el escritor sería el encargado de transportar este mito secular que quiere que el lenguaje imite a la idea y que, en contra de las enseñanzas de la ciencia lingüística, cree que los signos son motivados'. En la medida en que el cratilismo supone una convergencia de los aspectos fenomenales del lenguaje, como el sonido, con su función significante como referente, es una concepción orientada estéticamente. De hecho, y sin distorsión, se podría considerar la teoría estética, incluyendo su formulación más sistemática con Hegel, como el despliegue completo del modelo del cual la concepción cratiliana del lenguaje es una versión. La referencia algo críptica de Hegel a Platón en la Estética bien puede ser interpretada en este sentido."