Debo admitir que al principio y como casi siempre sucede, me conecte contigo por tu forma de pensar, por lo sorprendente que fue saber cómo coincidíamos en muchas cosas, por qué físicamente me agradaste, porque más que química, la alquimia entre tu y yo era innegable.
Pero después, hubo algo más trascendente, más profundo, que ahondaba en tu interior y se unía con el mío; y eso fue tu alma hermosa, tu tierno corazón, la inteligencia de tu mente. Fue ahí cuando caí profundamente en la mar de tu inmenso amor.
Leregi Renga











