Hace tiempo que ya no tengo palabras, Fernando. Hace tiempo que he estado buscando la muchosidad que alguna vez viste irradiar de mí y que ahora quién sabe en qué dimensión perdida está o si está en el nimbo o el algún recoveco lugar de mi corazón, qué mas da, tal vez ni exite la muchosidad, de todos no tengo nada y todavía estás. No tengo más que ofrecerte que un delicado en tu cumpleaños y que una buena plática con la jovencita (Tiqqun) no tengo nada más para ti que contarte mis desplantes de niña y mis pasiones de mujer, no tengo más para ti que sentirte mientras escurren tus palabras que me cuentan sobre tus nuevas devociones, nada más que bailar una canción aunque ni si quiera sepamos mover los pies, no tengo más que aquellas búsquedas que emprendemos en las que no sabemos qué es exactamente lo qué vamos a encontrar, pero tan enamorados de la Ciudad estamos que sabemos que no nos va a fallar. No hubiera sido con nadie así de rico disfrutar de los espéctaculos que ofrece Manzanares y Roldán, Circunvalación, desde la Viga pasando por San Pablo y Correo Mayor hasta San Ildefonso. Inagotable aunque no irrepetible lo que pueda contar sobre las tardes de restauración porque es ahí donde te conocí, porque no tengo nada más que ofrecerte que lo que ahí se germinó; uno de aquellos viajes en los que le hacemos el amor a las calles cómo si aquél asfalto nos estuviera esperando y lo hace y no cesará de hacerlo para aquellas veces en las que mágicamente nos encontremos y si me permites repitamos una y otra vez más el ritual…











