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Today we drove through Celendin, a town in the northern Andes. The town is famous for its millinery! The platform in the centre of the plaza was a giant hat, the local political figure's logo is a hat, (in Peru political names and slogans are painted on the houses along the road,) that is how famous their hats are. So the entire time I've been in Peru, I have been in search for hat - my scalp can't take this high altitude sunshine - and low and behold, our guide stops the car at this fabulous hat shop/workshop. I didn't fancy one of the traditional hats the women wear in this region- a very tall Stetson type hat, but saw this one hanging on the wall. I love it! (My face right now, not so much)
Leymebamba to Celendin, Peru
So early the morning after we arrive in Leymebamba we are off for the next town, Celendin, which I refer to affectionately as Celine Dion. We know the road will be scenic, because we keep hearing this from everyone, but we have no idea what to expect, except high altitude.
It’s something like 90-100 miles, and I think we average about 10 mph hour today, in part because of all the stops we make…
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GRANDES ESPERANZAS
Dicen que ya no importa quién gobierna porque el Perú avanza con piloto automático. Nos aseguran que los partidos políticos han muerto y que mejor es desconfiar de los candidatos, porque luego ganan y hacen lo contrario de lo que prometieron. ¿Todos los políticos son seres putrefactos? ¿Hay esperanza?
Perú, 11 abril de 2011. El país está calato. Ha terminado la primera vuelta presidencial. Quedan dos candidatos: Keiko Fujimori y Ollanta Humala, los antisistema. O como los llamó Mario Vargas Llosa, "el sida y el cáncer terminal". Nos preparamos para los dos meses más políticamente incorrectos de toda la campaña. La vida luce absurda. Los procesos electorales casi son la prueba que nuestra clase política puede causar depresión colectiva y otras enfermedades psicosociales. Pero esta vez me he vacunado durante dos años. Estoy listo para jugar el juego, elegir una opción y defenderla hasta el final, al menos entre la gente que aún no ha decidido que este balotaje es la misma vaina de siempre.
Perú, 31 de julio de 2012. El tema de moda es el mensaje a la nación que acaba de darnos el presidente tras su primer año de gobierno. Todo parece haber vuelto a la normalidad. Ya nos olvidamos de que hace poco el país era un circo.
Tan solo quince meses atrás, la prensa internacional estaba alucinada con el desempeño de la prensa nacional. En el aspecto mediático, el candidato Humala jugaba con la cancha inclinada, la barra en contra y el árbitro en modo pito regalado. Aún así el nacionalista triunfó. Por un tiempo tuve la impresión de que la derrota de Keiko significó, de alguna manera, la derrota de un sector de la prensa nacional, los grupos de poder económico, la limeñocéntrica Lima y otras ciudades costeñas. Con ese feeling, la victoria le pertenecía a la sierra, la selva, el sur y ese norte que no es sólido ni fujimorista, sino todo lo contrario.
Hoy, uno de los problemas del presidente Humala es que la cancha sigue inclinada no solo mediáticamente sino también económicamente. Muchos poderosos hubieran sido más felices si Keiko ganaba el 5 de junio de 2011, así como en 2006 fueron felices tras reelegir a uno de los gobernantes más desastrosos de la historia. La confluencia entre poder mediático y económico es evidente en época electoral, pero ello no quita que esta manera de hacer las cosas sea en realidad parte medular de un sistema que va más allá de la ley y el Estado. Un modelo que lleva dos décadas de intervención ininterrumpida, tiempo suficiente para sentar raíces en la sociedad, cultura y mente de los ciudadanos.
Así llegamos al primer año del gobierno nacionalista (2011-2012). En Internet abundan las publicaciones que analizan este periodo y proponen escenarios para el futuro. Quiero referirme a las opiniones de Alberto Vergara y Steven Levitsky. Ambos politólogos nos hablan de un mandatario que gobierna de manera muy similar a la de sus predecesores y del costo que esta condición representa para la democracia: no cumplir con la gran promesa de cambio refuerza la desconfianza pública y eleva la probabilidad de que surjan más figuras antisistema.
Aquí, en Cajamarca -cuna del "Conga No Va"-, no se habla de decepción sino de traición. La población que se moviliza en marchas y protestas contra el proyecto minero Conga está enfadada con el gobierno central. Muchos cajamarquinos creen que el presidente y sus ministros están con el "Conga Sí Va", mucho más cerca de los empresarios de Yanacocha que de los votantes que lo eligieron porque había prometido luchar por ellos y su agua.
¿Es Ollanta un traidor? Alberto Vergara opina que en realidad el presidente "ha cumplido muchas de sus promesas: la creación del Midis, el aumento de salario mínimo, el gravamen a la sobre-ganancia minera, Cunamás, Pensión 65". Por otro lado, como señala Steven Levitsky, "Conga parecía dividir las aguas entre las fuerzas de la continuidad y la base electoral de Humala, y el gobierno, sin la capacidad o la paciencia para buscar otra salida, optó –con torpeza– por la primera". Estoy de acuerdo con ambas apreciaciones, pero agregaría un hecho comunicacional: la agenda mediática se ha congalizado, tanto así que a muchos llamó la atención que en el discurso de fiestas patrias no haya una sola referencia a Conga, ni a Cajamarca ni a los cinco fallecidos durante los enfrentamientos entre la población y las fuerzas del orden.
En la misma línea, Alberto Vergara afirma que "los campesinos y ciudadanos en pleito contra la minería sí tienen derecho" a llamar traidor a Humala. En paralelo, Levitsky complementa su anterior comentario señalando que, debido a las decisiones que ha tomado durante el manejo del conflicto Conga, el mandatario "empezó a ser visto como otro presidente que se olvida de sus promesas electorales". La coyuntura política es 100% comunicacional y necesita acciones, gestos y mensajes claros y distintos de los realizados a lo largo del primer año de esta administración, especialmente durante la época de Óscar Valdés como primer ministro.
Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Quiero creer que Ollanta Humala sí está buscando la "gran transformación sin sobresaltos", solo que le es difícil "caminar derecho" (Nadine Heredia dixit). Este ha sido el primer año de aprendizaje de un político sin experiencia en gestión pública. Los cuatro años que restan no serán más fáciles. Por el contrario, la tendencia del país es que las cosas se mantengan más o menos como están. La posibilidad de un giro en la historia que beneficie a los peruanos necesitados y olvidados luce más pequeña que hace doce meses.
El futuro del gobierno nacionalista es incierto. Reconquistar Cajamarca va a ser tan o más difícil que calmar los ánimos de la familia Humala Tasso en pleno. Pero es algo que hay que hacer. Considero que la lista de consejos que Levitsky comparte en su última columna son como pases de gol que nuestro jefe de Estado o sus más influyentes asesores deben aprovechar para voltear el marcador. Además, no nos olvidemos de que la cancha sigue y seguirá inclinada. Ollanta puede salir del personaje de "mal menor domesticado" (Alberto Vergara dixit) en el que se ha metido. Todo depende de su voluntad política y su capacidad para reinventarse. Sabemos que él sí posee esta última cualidad, entonces es solo cuestión de decisión.
Culmino mi texto citando el final de la más reciente columna de Steven Levitsky, Consejos No Solicitados:
"El gobierno debe cambiar el eje del debate heredado de García: el Perú que avanza contra los enemigos del progreso. Este discurso –muy promovido por los medios limeños– no solo es peligroso para la democracia (porque termina justificando la represión) sino es políticamente fatal para el gobierno porque lo condena a enfrentarse con su base electoral. Si los que votaron por Humala son perros del hortelano, rojos revoltosos y hasta enemigos del Perú, el gobierno no tiene otra alternativa que abandonarlos. Es difícil luchar por la inclusión social si los excluidos están en el otro lado. Hay que cambiar el eje del debate. Por ejemplo, se puede enfocar en la sostenibilidad del modelo, insistiendo en que el fortalecimiento del Estado y la redistribución son necesarios para que el Perú siga avanzando, para que en el 2020 o 2030 se parezca más a Chile que a Bolivia. La persistencia de grupos armados y el surgimiento del Movadef muestran claramente las consecuencias de no construir un Estado más fuerte y una nación más inclusiva. ¿Por qué no construir, entonces, una gran alianza –que se extienda desde el centro liberal hasta Patria Roja– detrás de una campaña antisenderista, basada en reformas serias dedicadas a eliminar las bases del terrorismo? El nuevo eje del debate sería construir un Estado más fuerte y una sociedad más justa para garantizar la democracia y la economía de mercado versus aferrarse a un statu quo conservador y precario y así condenarse, tarde o temprano, a un colapso más. Pero requiere trabajo político."
AQUÍ NO HAY NADIE LIMPIO
Todos somos responsables de las muertes de hoy en Celendín. Todos sabíamos que, tarde o temprano, esto iba a pasar. Todos hemos visto lo que pasó en Bagua, Arequipa, Puno, Espinar y muchos otros lugares del Perú y el mundo. Todos sabemos qué pasa cuando un conflicto no se resuelve con diálogo. Así que dejemos de echarnos la culpa los unos a los otros. Aquí no hay nadie limpio. José Faustino Silva Sánchez, Eleuterio García Díaz y el menor César Medina Aguilar ya están muertos y nada ni nadie los va a traer de vuelta. Si realmente quieres hacer algo que valga, haz una pausa y reflexiona. ¿De qué sirve tu visión de futuro si el camino está machando de sangre? ¿Cuándo entenderás que para cambiar el mundo primero debes cambiar tú?

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¿CONGA ES AVATAR?
Opinión de alguien que está 'de paso' en Cajamarca desde 2004 y conoce el proyecto minero por dentro y fuera.
Soy uno de esos foráneos que llegaron a Cajamarca por la actividad minera. Fui parte del equipo social de Conga durante los años 2005 y 2006, antes del famoso Estudio de Impacto Ambiental. Hoy, aunque fuera del proyecto, sigo de cerca las noticias sobre él y deseo profundamente que quienes vivimos aquí encontremos el mejor desenlace al actual conflicto social.
Lo cierto es en esta parte del Perú la realidad se ha distorsionado. El conflicto Conga se ha teatralizado negativamente. La mayoría de personas han asumido una posición, sea a favor o en contra, y la defienden con mucha pasión, confrontando a sus oponentes con una vehemencia que se convierte a menudo en violencia. Esta energía fluye en las redes sociales de Internet y también en las calles.
Hoy en Cajamarca solo existen dos alternativas opuestas: "Conga va" y "Conga no va". No hay puntos medios. Allí hay un error. No se trata de darle vida o muerte a Conga. El asunto es resolver la siguiente interrogante: ¿cómo hacer minería en armonía con el medio ambiente y las personas?
Yo creo que Conga sí debe ir pero con un giro político, económico, social y ambiental. Este proyecto podría convertirse en un símbolo positivo de cambio, inclusión social, bonanza económica, cuidado ambiental, liderazgo del Estado y ciudadanía involucrada con su desarrollo.
Si bien la industria extractiva no es una actividad sostenible en sí misma, es uno de los motores económicos del país y representa una oportunidad que debemos aprovechar. Ahora, la gran minería en Perú ocurre gracias a una convivencia entre comunidades rurales o nativas e inversionistas extranjeros. Es decir, dos maneras muy distintas de ver e interpretar la realidad. Quiero creer que este "encuentro de dos mundos" puede resultar beneficioso para ambas partes. Pero, tal como van las cosas, parece que solo una de las dos posiciones sobrevivirá.
Esta lógica de vencedores y vencidos está preparándonos para un enfrentamiento que podría traer violencia y pérdidas para todos. Así será difícil encontrar el equilibrio.
Conga no es Avatar, pero los prejuicios y taras propios de un diálogo de sordos están por llevar este conflicto a un nivel de no retorno. Aún estamos a tiempo de encontrar un punto medio, una solución ganar-ganar. Para ello, es necesario que ambas posturas bajen sus revoluciones e imaginen el mejor escenario para todos los involucrados y no para solo los intereses que representan o defienden. Solo así tendrá sentido el diálogo, con apertura y sacrificio en aras del bien mayor.