Los influencers online o la próxima burbuja del ladrillo
Post de Nati Fradejas para #CarnavalRRPP
Antes de dedicarme al mundo de la Comunicación las opiniones que encontraba en las redes sociales, blogs y medios de comunicación on y offline me parecían una fuente de información muy relevante y fidedigna. Dejad que me explique, no digo que no lo sean, sólo digo que en ocasiones esa información no es todo lo transparente que el público que la consume espera. Para mí, un influencer es una persona que tiene los medios para llegar a una gran cantidad de personas, que le siguen a través de esos medios y que consideran sus opiniones relevantes para ellos. Hasta ahí, vamos bien. El problema viene cuando esa, llamémosle “capacidad de influencia”, se convierte en herramienta para que las marcas lleguen a sus consumidores de manera poco clara a través del crédito que éstos conceden a la opinión de los llamados influencers. No quiero que penséis que a estas alturas soy tan inocente como para sorprenderme de según qué cosas, sólo digo que entre el branded content y la publicidad pura y dura disfrazada de post o tweet, hay diferencias y hay que saber dejar las cosas claras para no perder credibilidad ni como influencer ni como marca.
Pero, ¿realmente quién es un influencer? Últimamente he pensado mucho en este tema, pero más bien relacionado con los influencer en los medios de comunicación tradicionales, no tanto en el mundo digital. Cierto es que muchos de ellos han dado el salto al mundo 2.0, aunque no todos. Pero hay una especie distinta, que es digna de estudio por lo variopinto de sus tipologías, los influencers 2.0. Este perfil me resulta de lo más curioso, puedes encontrar gente que se autodenomina gurú o influencer en cualquier sector: turismo, tecnología, gastronomía…
Tenemos a ese grupo de influencers a los que las marcas cubren de regalos y productos para que comenten en sus redes y blogs su último lanzamiento, les invitan a todo tipo de “saraos”, se pasan el día haciendo fotos de cada cosa que se comen y comparten en las redes sociales cada minuto de su vida. Suelen contar con una nutrida legión de seguidores que no paran de decirles lo estupendos que son y lo mucho que les gusta lo que cuentan. Un ejemplo muy claro lo vemos con la moda, cuyos bloguers en ocasiones hablan de una falda monísima y en otras del último móvil que lanza una compañía al mercado. Y, las cosas como son, la falda se agota y el móvil puede convertirse en el próximo "cacharrito" tecnológico de moda. Pero, ¿cuánto van a durar su y credibilidad y su capacidad de influencia? Personalmente creo que este tipo de influencer es una burbuja enorme a la que no le falta mucho para estallar.
Cada vez es mayor la percepción de la gente de que tras los contenidos de sus bloguers o twitteros de cabecera hay marcas, dinero y publicidad, vestida de lagarterana, pero publicidad. Creo que si queremos seguir contando con influencers 2.0 tenemos que empezar desde las agencias y las marcas a hacer las cosas mejor. El branded content me parece una buena forma de crear contenidos de calidad alrededor de una marca, compartirlos con influencers, hacerles participes de los proyectos de la marca y luego dejar que ellos compartan esos contenidos a su manera con sus seguidores. Pero hilemos fino, no es los seguidores a bulto lo que hace a un twittero un influencer. Por el hecho de que tenga seis mil seguidores no tiene que ser obligatoriamente el candidato perfecto para hablar de móviles, perfumes, joyería, ron y coches. En esto también hay que saber segmentar para aportar valor a sus seguidores y mantener viva esa capacidad de influencia, que al fin y al cabo es lo que interesa la marca y lo que se debe cuidar. En el online, como en el offline, el “café para todos” no funciona y deberíamos tenerlo claro a estas alturas del partido.
Bueno, ya no me alargo más. Me alegro mucho de haber podido participar en la segunda edición de #CarnavalRRPP y espero que os haya resultado entretenido el post. Nos vemos en Twitter y, como se suele decir allí, mis opiniones son sólo mías.
Gracias por leerme