El Huaso, parte 32: El Escritorio
Lista de capĂtulos
SubĂ a la Avenida Angamos y me fui caminando en direcciĂłn norte. SeguĂa llorando, pero en silencio. Mis lĂĄgrimas caĂan sin obstĂĄculos por mi rostro y yo evitaba mirar a la gente en la calle, hasta que a la altura del âpreviaâ, escuchĂ© una voz familiar que decĂa mi nombre.
âÂżLarry?, Larry, ÂżquĂ© te pasĂł? âme preguntĂł Pedro, el hermano del Bryan, que se separĂł de su grupo de amigos y se acercĂł a abrazarme.
âNada⊠âle respondĂ, tratando de hacerme el tonto, pero apenas hablĂ© la voz me temblĂł por el llanto.
âFue ese Huaso, Âżcierto? âme preguntĂł con certeza, y yo le respondĂ con mi silencioâ. Ya, tranqui. ÂżQuieres ir a la casa y tomarte algo? Un vaso de agua, un café⊠âme ofreciĂł amablemente.
AceptĂ© altiro porque no querĂa irme a mi casa y llegar llorando o con los ojos rojos, eso levantarĂa sospechas. El Pedro se despidiĂł de sus amigos, y el Victor, su pololo, nos acompañó.
Llegamos a la casa de los Rojas, y noté que el Bryan estaba muy arreglado (mucho mås de como estaba cuando nos juntamos mas temprano). Al verme se sorprendió y se asustó.
âLarry, ÂżQuĂ© te pasĂł? âme preguntĂł y se acercĂł a abrazarme rĂĄpidamente, tirando su celular en el sillĂłn. Yo solo le respondĂ con silencio, y apretĂĄndolo fuerte para soltar toda la angustia que tenĂa, porque no querĂa soltar el llanto gritĂłnâ. ÂżTe asaltaron? âme preguntĂł separĂĄndose de mi, y mirĂĄndome de pies a cabeza en busca de algĂșn daño.
âFue ese tal Huaso ârespondiĂł el Pedro por mĂ.
El Bryan abriĂł los ojos ampliamente, demostrando su sorpresa.
âÂżTe pegĂł el Huaso? âtenĂa rabia en sus ojosâ. EstĂĄ en su casa, Âżcierto? âme preguntĂł, dirigiĂ©ndose al sillĂłn a agarrar su chaqueta y su celu.
âNo me pegĂł âhablĂ© al finâ. No se preocupen, lloro porque soy muy cuĂĄtico, solo eso âme justifiquĂ©. No querĂa preocuparlos mĂĄs, y tampoco querĂa que el Bryan fuera a pegarle al Huaso, porque lo mĂĄs probable era que el Huaso se desquitara con Ă©l tambiĂ©n.
âÂżQuĂ© pasĂł entonces? âvolviĂł a preguntar mi amigo, calmĂĄndose un poco.
Nos sentamos en el sillón y les conté toda la historia, que tuve un pequeño palabreo con la Señora Sonia, que el Huaso se asustó y se enojó por eso y me terminó echando a la calle.
âEs bien imbĂ©cil tu pololo âdijo el Pedro despuĂ©s que terminĂ© de contarles lo sucedido.
âEs que tiene miedo de que su familia se entere⊠âtrataba de justificarlo, porque en el fondo lo entendĂa.
âNo wn, Ă©l no puede hacerte esto âcomentĂł el Bryan.
âEl miedo a que la gente sepa que te gusta el pico no te da derecho a echar a tu pololo a la calle como si nada âel Pedro estaba indignado.
Estuvimos bastante rato hablando. Ellos me aconsejaban e intentaban subirme el ĂĄnimo, y lo estaban logrando. El Victor comentaba poco pero de todas formas me hacĂa sentir su apoyo y empatĂa. Nos pusimos a ver tele mientras tomĂĄbamos tĂ© con empanadas de pino que habĂa hecho la mamĂĄ del Bryan, y pude relajarme un poco y sentir que lo que habĂa pasado no habĂa sido tan importante.
âNo puedo creer que le haya puesto tanto color. Que vergĂŒenza âcomentĂ©.
âNo le pusiste colorâŠo bueno si, un poco âme dijo el Pedroâ. QuizĂĄs exageraste el llanto âse riĂłâ, pero lo que hizo Ă©l no fue muy bonito tampoco.
âEstĂĄ bien que llores, no te preocupes por eso âme apoyĂł el Bryan, dĂĄndome unas palmadas en la espalda.
Al rato el Victor se tuvo que ir, asà que se despidió de nosotros y el Pedro lo acompañó a tomar colectivo.
âTe apuesto que aĂșn ni te ha hablado para pedirte perdĂłn âme dijo el Bryan cuando estuvimos solos.
âCapaz que no âle respondĂ buscando mi celular entre mis bolsillos. EntrĂ© en pĂĄnico al no sentir mi celu en ninguno de mis bolsillosâ. CSM se me quedĂł el celu en su cama âle dije con pesar.
âÂżEstarĂĄn preocupados tus viejos si no contestas? âme preguntĂł.
âSi, obvio que se preocuparĂan âle respondĂâ. Pero les dije que me quedarĂa a dormir donde el Huaso, y cuando lo hago no me llaman mucho. Aparte si llaman quizĂĄs el Huaso contesta y les dice que estoy durmiendo.
âÂżQuieres dormir acĂĄ entonces? âofreciĂł mi amigoâ. Digo, en caso de que el Huaso les haya dicho que estĂĄs durmiendo en su casa.
AceptĂ© su ofrecimiento. Me llevĂł a su pieza y me dijo que podĂa dormir en su cama, que Ă©l dormirĂa con su hermano, y me dio permiso para desordenar todo lo que quisiera.
âGracias por soportar mi crisis de hoy âle agradecĂ, con un poco de vergĂŒenza.
âDe nada Larry, para eso estoy âme sonriĂł y me dio un suave golpe de puño en el brazoâ. Solo no dejes que te traten mal. Nunca. Te mereces mucho mas que eso âme dio un fuerte abrazoâ. Te quiero mucho wn.
âYo tambiĂ©n te quiero caleta wn âle respondĂ, con un nudo en la garganta. Lo apretĂ© bien fuerte contra mĂ, como si haciĂ©ndolo pudiera absorber el mĂĄximo de su tranquilidad y sabidurĂa.
âBuenas noches âme dijo despuĂ©s de unos largos segundos de abrazo.
âBuenas noches âle respondĂ. CerrĂł la puerta y me dejĂł solo en su pieza.
Me saquĂ© la ropa y me acostĂ© en su cama bajo las tapas. A pesar de todo lo que habĂa pasado (o por causa de ello), me quedĂ© dormido de inmediato, y me sumĂ en un sueño profundo sin volver a despertar hasta la mañana siguiente.
Cuando despertĂ© ya tenĂa la mente mas despejada y me di cuenta de verdad lo que habĂa hecho el Huaso. EntendĂa que tuviera miedo por la posibilidad de que sus padres se enteraran, pero Ă©sta era tan remota que lo que hizo fue injustificado, y asĂ pasĂ© de la pena al enojo.
Me desperté y comencé a vestirme, y en ese momento el Bryan tocó suavemente la puerta y entró a la habitación.
âHola âme saludĂł con su habitual sonrisaâ. ÂżCĂłmo dormiste?
âBien âle respondĂâ. Ahora estoy con rabia âse riĂł.
âTranquilo wn âme dijo sacando ropa de su closetâ. Tienes hartos dĂas para no verlo si no quieres.
âMenos mal.
Me ofreciĂł quedarme a desayunar, pero le dije que preferĂa irme lo mas luego posible por si mis papĂĄs habĂan llamado mucho por telĂ©fono. Me despedĂ de Ă©l con un largo abrazo de agradecimiento, y me fui.
Al llegar a mi casa, no habĂa nadie levantado, asĂ que supuse que me habĂa salvado del interrogatorio, pero cuando estaba subiendo las escaleras, escuchĂ© que mi papĂĄ abriĂł la puerta de su habitaciĂłn y me hablĂł.
âÂżY usted por quĂ© no contesta el celular? âme preguntĂł con voz grave. Me volteĂ© para responderle, esperando que no se notara en mi rostro la pĂ©sima noche que pasĂ©.
âEs que se me descargĂł y no me di cuenta âinventĂ©.
âMmm, ya âevaluĂł mi respuestaâ. EstĂĄbamos preocupados por usted. Para la prĂłxima cargue su celular âme recomendĂł y se acercĂł a abrazarme.
âSĂ papĂĄ âle respondĂ entre sus brazos, disimulando mi emociĂłn y vergĂŒenza por haberlos preocupado tanto.
Ese fin de semana fue eterno. Como no estaba con el Huaso, las horas pasaban muy lentas y sentĂa que tenĂa demasiado tiempo libre y no sabĂa quĂ© hacer con Ă©l.
El Bryan se ofrecĂa para distraerme y no pensar en la pelea con el Huaso.
âAyer salĂ con una niña âme contĂł Ă©l mientras jugĂĄbamos play.
âÂżCon quiĂ©n? âle preguntĂ© sorprendido, desconcentrĂĄndome un poco del juego.
âEs una amiga del Nico, que conocĂ hace un tiempo. Nos Ăbamos a juntar el jueves, pero como llegaste mal, lo cancelĂ© âdijo sonrojĂĄndose.
âÂżY por quĂ© no me dijiste? âvolvĂ a sorprendermeâ. ÂĄTe arruinĂ© la cita! Yo podĂa irme a llorar a otro lado.
âNo, no, no. ÂżCĂłmo se te ocurre? Debiste verte como estabas. Eras un desastre âme explicĂł.
âÂżY quĂ© tal la cita? âle preguntĂ© dĂĄndole codazos en el brazo.
âBuena. BuenĂsima. Fuimos a las ramadas y la pasamos re bien. DespuĂ©s quiso que fuĂ©ramos a su casa, asĂ que fuimosâŠ
âPero amigo, ÂĄen la primera cita! âle dije pausando el juego, sorprendido por su rapidezâ. Eres bien puto wn âle di golpes en el abdomen, riĂ©ndome.
La conversaciĂłn se vio interrumpida por mi mamĂĄ que entrĂł a la pieza con cara seria.
âHijo, el Pato te trajo esto âme dijo y me entregĂł mi celularâ. ÂżPor quĂ© lo tenĂa Ă©l?
Me quedé congelado. No supe que responder (o inventar), asà que el Bryan intervino.
âTĂa, lo que pasa es que el celu del Huaso muriĂł, y necesitaba uno para comunicarse con su familia porque su hermana estĂĄ enferma âinventĂł mi amigo, mientras yo trataba de disimular la sorpresaâ. Yo le iba a pasar el mĂo, pero no usaban los mismos chips, asĂ que no le servĂa, y por eso el Larry le prestĂł el suyo.
Mi mamĂĄ y yo quedamos perplejos ante la explicaciĂłn del Bryan.
âÂżY estĂĄ bien su hermana? âpreguntĂł preocupada mi mamĂĄ despuĂ©s de unos segundos. Yo asentĂ con la cabeza inmediatamente.
âPor eso lo trajo, ya su hermana estĂĄ bien, asĂ que ya no necesita estar contactando a su familia 24/7 ârespondĂ.
âAh, ya. Que bueno que se haya mejorado âcomentĂł mi mamĂĄâ. Le dije al Pato que subiera, que estaban ustedes jugando acĂĄ y no quiso subir âagregĂł. Se me helĂł la sangre, pensando que el Huaso pudo haber dicho algo demĂĄs a mi mamĂĄ por el enojo.
Mi mamĂĄ nos dejĂł solos y el Bryan se quedĂł mirĂĄndome preocupado.
âÂżEstas bien? âme preguntĂł poniĂ©ndome su mano en la espaldaâ. Creo que zafaste super bien âdijo para tranquilizarme y yo me lancĂ© a abrazarlo. Necesitaba aferrarme a alguien, para sentir que todo estaba bienâ. EstĂĄs temblando âdijo sorprendido.
âSi, sorry âme disculpĂ© separĂĄndome de elâ, es que me dio miedo que pudiera haberse dado cuenta.
âAl menos lo manejaste mejor que el Huaso. Espero que no me eches a la calle âcomentĂł en broma.
âIdiota âle dije, recuperando un poco la tranquilidad.
RevisĂ© mi celu y tenĂa muchos mensajes de Whatsapp y la mayorĂa eran del Huaso, pidiĂ©ndome perdĂłn.
âSe ve arrepentido âcomentĂł el Bryan.
âSi⊠âno sabĂa como sentirme al respecto. Estaba feliz por saber que estuviera arrepentido, querĂa estar con Ă©l, abrazarlo, besarlo, amarlo; pero aĂșn estaba dolido por lo que hizo, asĂ que le dejĂ© el visto por el momento.
Al dĂa siguiente en la U, estaba trabajando en la tesis y el profe me dijo que desde ahora en adelante los trabajos experimentales no requerirĂan tanto tiempo, asĂ que el tiempo que me sobraba lo podĂa ocupar en escribir el marco teĂłrico. Y obviamente yo no le hice caso. Gracias a eso pude recuperar mis turnos en la pega y asĂ distribuĂ bien mis tiempos entre la u, la tesis y el trabajo.
Al Huaso no lo vi hasta el martes, mientras esperĂĄbamos que comenzara  la clase teĂłrica de ese dĂa. Cuando llegĂł no me saludĂł y yo no entendĂ por quĂ© si me pedĂa perdĂłn por whatsapp, pero hice como si nada, porque de todas formas aĂșn estaba molesto.
âÂżQuĂ© le pasa? âme preguntĂł el Bryan en voz bajaâ, ÂżQuĂ© pasĂł con que te pedĂa perdĂłn?
âNo sĂ© wn âle respondĂ simulando indiferenciaâ. Cada vez mĂĄs raro el HuasoâŠ
AsĂ estuvimos toda la semana. MirĂĄndonos seriamente a la distancia (aunque notaba mĂĄs enojo en su mirada que en la mĂa), con el grupo dividido entre ambos. La Claudia no me dirigĂa la palabra, y el Bryan no intentaba hablarle al Huaso porque serĂa perder el tiempo. el Victor y la Cata compartĂan con ambos, pero se inclinaban un poco mĂĄs hacia el Huaso y hacia mi, respectivamente.
âOye, ÂżquĂ© te pasa? âle preguntĂ© al Huaso el dĂa jueves, cuando lo encontrĂ© saliendo solo de la biblioteca en la tarde. El Huaso me mirĂł y siguiĂł caminando como si no hubiera escuchado nadaâ. ÂĄOye! âle repetĂ, agarrĂĄndolo del brazo.
âÂżQuĂ© me pasa de quĂ©? âme preguntĂł haciĂ©ndose el tonto y zafĂĄndose de mi agarre.
âÂżPor quĂ© estay enojado? âle preguntĂ©, calmĂĄndome un poco y bajando la voz a un volumen normal.
âÂżTe parece poco lo que hiciste?
âÂżQuĂ© hice? âle preguntĂ© desafiante.
âLe dijiste a la señora Sonia que somos pololos âdijo bajando la voz para que nadie escuchara.
âÂĄNunca le dije eso! âle respondĂ sorprendido por su capacidad de tergiversaciĂłnâ. Aparte me mandaste mensajes pidiĂ©ndome perdĂłn por eso, porque sabes que reaccionaste mal.
âTe querĂa pedir perdĂłn por haberte echado de mi casa. Para eso fui a tu casa, a dejarte tu celu y pedirte perdĂłn. Pero estabai super bien con el Bryan.
âÂżY por esa wea te enojaste? Âżpor el Bryan? âle preguntĂ© incrĂ©dulo.
âSiempre que peliai conmigo despuĂ©s te vay a meter con ese weon âme dijo con rabia.
âVoy a hablar con Ă©l, porque es mi amigo. No me meto con Ă©l âle respondĂ serioâ. ÂżO que wea querĂ que haga? ÂżQue me coma tu mierda en silencio y me deprima encerrado en mi casa sin hablar con nadie?
âYa, si. Tienes razĂłn âdijo despuĂ©s de unos segundos, y se fuĂ©, ignorando mi peticiĂłn de que se quedara para conversar.
Tenia ganas de ir tras Ă©l y abrazarlo para dejar todo atrĂĄs y solucionar nuestros problemas, insistir en que se le pasara el enojo, pero tambiĂ©n me sentĂa muy descolocado por toda la situaciĂłn. Me sentĂ© en la escalera pensando quĂ© podrĂa hacer para que volviĂ©ramos a como estĂĄbamos antes, pero solo se me ocurriĂł hacer lo que hago suelo hacer: arrancar de mis problemas.
DecidĂ que dejarĂa de ir a las clases teĂłricas por el momento para dejar de ver al Huaso. AsĂ, podrĂa despejar bien la mente y decidir quĂ© era mejor para mĂ.
Claramente no funcionĂł. Pensaba en el Huaso todos los dĂas, a todas horas, pero al menos eso no me desconcentraba de mi trabajo en la tesis o en los laboratorios prĂĄcticos. SĂ me desconcentraba en la pega, pero no requerĂa mucha concentraciĂłn en ese ĂĄmbito, ya que el manejo de los clientes era bastante sencillo.
Después de una semana de no ver al Huaso, un dia jueves en la tarde, pensé que la mente me estaba jugando una mala pasada, cuando lo vi entrar a la tienda.
âHola âme saludĂł con timidez.
âHola âlo saludĂ© serio, disimulando la alegrĂa que me daba verlo.
âQuiero ver camisas âdijo inseguro, como intentando omitir que Ă©ramos pololos.
âÂżDe quĂ© tipo? âle seguĂ el juego, parĂĄndome para mostrarle las camisas. Le di la espalda mientras seleccionaba distintos tipos de camisas, y Ă©l aprovechĂł la ocasiĂłn para acercarse por detrĂĄs mĂo y abrazarme. Me zafĂ© y me volteĂ© para mirarlo, enojado por su patudez.
âPerdĂłname por favor âme pidiĂł con la voz temblorosa.
âÂżPor quĂ© precisamente? âpreguntĂ© serio aĂșn.
âPor todo. Por tratarte pĂ©simo, por echarte de mi casa âdijo con las lĂĄgrimas corriendo por su rostro, pero con su voz aĂșn bastante firme para su estado emocionalâ. Por ser tan celoso y por arruinar todo por ser tan cobarde.
Me hice el fuerte y no mostré señal de perdón.
âEran varian cosas⊠âdije en voz alta, como si estuviera pensando.
âY deben haber muchas mas que no recuerdo ahora âdijo humildemente.
âÂżTe dijo algo despuĂ©s la señora Sonia? âpreguntĂ© curioso, alargando el momento para perdonarlo.
âNada⊠ârespondiĂł Ă©l, avergonzado.
âÂżY tus papĂĄs te han dicho algo? âtenĂa que confirmar que mis palabras no habĂan tenido una real consecuencia en su vida.
âNada.
âÂżEntonces admites que sobredimensionaste todo?
âSi âadmitiĂł Ă©l, cabizbajoâ, pero por favor entiĂ©ndeme tambiĂ©n.
âPero si yo te entiendo. Entiendo el miedo que sientes porque yo tambiĂ©n lo siento. Cada vez que estamos juntos en mi casa lo siento. Tengo terror de que mis papĂĄs se enteren, pero al menos sĂ© que te tengo a ti, y como sea que ellos reaccionen tĂș vas a estar ahĂ conmigo. Y me duele que tu no sientas lo mismo hacia mĂ, que prefieras echarme de tu casa en vez de aceptarme como un apoyo emocional âahora era yo el que lloraba, pero con la voz quebrada y con dificultad para hablar.
El Huaso se acercĂł a mĂ y me abrazĂł fuerte.
âTe amo. Y sĂ© que tu tambiĂ©n estarĂĄs ahĂ para mĂ, pero necesito aprender a manejar el miedo. Me bloqueo cuando entro en pĂĄnico, y no lo puedo controlarâŠ
âYa estay grande como para no saber como reaccionar frente a una situaciĂłn adversa âle dije con la voz aĂșn temblorosa.
âLo sé⊠âme abrazĂł mĂĄs fuerte.
Estuvimos ahĂ abrazados por unos segundos, asimilando nuestras palabras.
âÂżVas a dejar de enojarte por juntarme con el Bryan? âle preguntĂ©, despuĂ©s de un rato.
âLo intentarĂ© âaceptĂłâ. Todo lo demĂĄs prometo cambiarlo, pero no puedo asegurar que me va a empezar a caer bien ese weon.
âDe verdad que no te entiendo âle dije molesto, separĂĄndome de Ă©l.
âÂĄPero si tĂș sabes por quĂ© me cae mal! âdijo intentando mantener la voz en un volumen normal.
âYa, pero yo ya te dije que eso es imposible, que te estas pasando muchos rollos.
âBueno, y por eso lo seguirĂ© intentando, olvidarme de mis celos, dejarlo pasar. Te lo juro que lo intentarĂ© âprometiĂł, acercĂĄndose nuevamente a mĂâ. Por ti.
âÂżSeguro? âquise confirmar.
âSeguro. Hasta podrĂa invitarlo a salir un dĂa âse dio el lujo de bromear.
âÂżAh si? âme reĂâ. Te voy a cobrar la palabra entonces.
Nos reĂmos, relajĂĄndonos un poco por las emociones de la âreconciliaciĂłnâ.
âÂżCuĂĄnto te falta para salir? âme preguntĂł, abrazĂĄndome.
âSalgo a las 9. Si quieres esperas conmigo, queda media hora âofrecĂ.
âBueno, te espero âse comprometiĂł, y me besĂł. Por fin despuĂ©s de semanas pude sentir sus labios. Me estremeciĂł como si fuera nuestro primer beso, y de inmediato crucĂ© mis brazos en su nuca.
Ăl aprovechĂł el impulso y me tomĂł de las piernas, y cargĂĄndome me llevĂł al escritorio.
âÂżQuĂ© onda esto? âpreguntĂł sorprendido al ver que no llegaba a la superficie del mueble. El escritorio era mas bajo de lo normal, asĂ que quedĂ© a una altura medio incĂłmodaâ. Bueno, cambio de planes entonces âdijo sentĂĄndose en mis piernas, frente a mĂ, y nos besamos.
Nos besamos lentamente, disfrutando nuestro âreencuentroâ, el cual fue interrumpido por unos crujidos. Nos quedamos inmĂłviles y en silencio al escucharlos, pero al hacerse mĂĄs fuerte los crujidos caĂmos ambos al suelo, entre los restos del escritorio que habĂa cedido bajo nuestro peso.
âÂżEstĂĄs bien? âme preguntĂł preocupado el Huaso, y tras mi respuesta afirmativa con la cabeza, se puso a reir por lo ocurridoâ. Amor, creo que te acabas de quedar sin pega.
âSi⊠ârespondĂ, intentando pensar en como iba a solucionar tremendo problema.Â
Siguiente CapĂtulo: Victoria











