El silencio: Alhelí
Soy una persona escandalosa. Eso lo saben todos. Cuando agarro confianza, no me puedo estar en paz y hablo hasta por los codos. Hablo cuando estoy sola, conmigo misma cuando estoy rodeada de gente extraña que no me interesa y, cuando estoy acompañada, siento la necesidad de decir tonterías para romper el hielo si el silencio amenaza con extenderse y matar la conversación o nuevas oportunidades para reunirme con esa persona en el futuro. El silencio me pone ansiosa, más que tranquilizarme.
Pero no con ella. Supongo que era porque realmente se trataba de una persona silenciosa, oscura, tranquila, hasta cierto punto. Burlona y maliciosa: era un espíritu jocoso, pero siempre estaba silencio, escondida detrás de un libro, un manga o detrás del cuello de Ahiru. A menos, claro, que algo fuera lo suficientemente digno para arrebatarle risotadas y carcajadas que, sin embargo, nunca duraban mucho. Aunque los resabios de sonrisa sobre los labios le duraban bastante.
No la conocí hace tanto: fue en mi último año de preparatoria. Éramos íntimas amigas, pero no lo éramos: era algo diferente. Todo lo que sabía (sé) de ella venía de labios ajenos, de la persona que nos presentó en primera instancia y de una vez que pasamos la noche en su casa. Sabía que era un as en la cocina y unos simples champiñones con limón y salsa de soya podían parecer bocado de maná si habían pasado por sus manos; que le gustaba la música, que se vestía de negro, que había usado brackets, que le gustaba el manga, el anime, Harry Potter, pero era más Tolkienita que nada y tenía un crush con Gandalf; que era Aries, que antes se juntaba con Ahiru allá por las penúltimas escaleras del edificio A y que había estado en coro, igual que yo, junto con Paty, que era (y es) su alma gemela. Y eso era todo, (básicamente).
Pero Dios, no fue eso lo que me acercó a ella. Eran las miradas. Las miradas significativas siempre implican cierta complicidad y camaradería. No sé cómo. No sé por qué, pero así nos entendíamos, incluso sin saber mucho la una de la otra. Siempre. Y yo la traducía frente a los demás. Y a veces no y sólo nos reíamos en voz baja. Todo lo que pudimos tener de comunicación se basaba en eso, en ligeros toques de los dedos, abrazos espontáneos y duraderos y que ella solía acostarse sobre mi regazo cuando se sentía cansada. O harta. O sola. O triste. Por horas: no necesitábamos más. Y era reconfortante. Para ambas. Nunca me he sentido lo suficientemente cómoda con alguien como para olvidarme de las palabras y dejar que el tiempo se deslice sobre mí sin estremecerme. Soy más feliz hablando y me encanta hacerlo con todos mis amigos pero ella fue y ha sido la única excepción. Ella era el silencio mismo y era dulce y acogedor y tranquilizante. Yo la quería y la apapachaba y ella me quería y me tenía en consideración. Era algo especial.
Hace unos meses la vi de nuevo. Nos encontramos por casualidad: ella iba por su desayuno, yo pasaba por ahí y llevaba algo de prisa. Entorné los ojos y luego alcé la mano a la altura de mi cintura para saludarla con timidez. No me reconoció al principio (no la culpo). Cuando lo hizo, estuvo a punto de lanzar su sándwich y su mate al aire mientras cruzaba la calle corriendo. Ella traía los ojos cargados de maquillaje oscuro y los delgados labios pintados de rojo intenso. Ahogó un gritito. Sonreía. Genuinamente. Se le veía sorprendida y encantada y volteaba a todos lados tratando de dejar su comida en algún lado para rodearme con sus brazos. Sin decir nada, le ofrecí mis manos para que me los diera, pero eso tampoco hubiera sido conveniente. Se contentó con seguir sonriendo, preguntar por la razón de mi presencia ahí y decirme que estaba en una escuela cercana estudiando música. Yo ya lo sabía, pero aun así fue lindo que lo compartiera. Pero el tiempo corría. Tuvimos que separarnos con la promesa de volver a vernos pronto y la amenaza de: "Ya no te me vas a escapar... ¡Y la próxima vez que nos veamos no traeré nada en las manos y podré abrazarte!"
Espero que así sea porque en verdad extraño esos abrazos no necesitan explicaciones ni palabras.









