Han pasado algunos años desde la última vez que escribí para liberar mi alma de ti, ya hace bastante tiempo te marchaste y aún sigues haciendo daño, supongo que es algo con lo que simplemente aprendí a vivir, aunque a veces hace falta la manera en que atormentabas mis días, el caos que ocacionabas a mis emociones y pensamientos, es raro como extraño hasta lo malo de ti. Supongo que a veces somos adictos a lo que nos hace daño, he intentado con todas mis fuerzas soltarte, desprenderme de lo que raramente sigue atandome a ti que sigue repercutiendo en el presente aunque ya no estés en el. No se si son las palabras que me trague y nunca te dije, no se si haga falta escupirte en la cara todo aquello que siempre calle, lo que en su momento no supe como decir o explicar, o lo que simplemente nunca me diste oportunidad de expresar para poder continuar con mi vida, ponerle punto final a ese tormento que ocaciona tu recuerdo. Pero una parte de mi razón me dice que nada de eso vale ya la pena ¿a caso cambiaría algo? Mientras tanto lo único reconfortante es quedarme en mi habitación en soledad dejando que el ruido de mis pensamientos me aturda hasta quedarme dormida una vez más. Durmiendo es la única manera en que mis pensamientos guardan silencio.