La primera vez que había dormido al lado de Reid, había soñado con él.
Para ser más específica, había soñado con su libro "La Vie Éphémère". Me lo había regalado ese día. Su primer secreto. Más tarde esa noche, después de que madame LaBelle pronunciara su advertencia, después de que me despertara en un batiburrillo de sábanas enredadas y pánico gélido, me había arrastrado al lado de él en el duro suelo. Su respiración me había arrullado para dormir.
Ella está en camino.
El miedo a mí madre me había conducido literalmente a los brazos de Reid.
[...]
Cuando desperté a la mañana siguiente, la inquietud se había apoderado de mí. Le eché la culpa a la pesadilla. Al recuerdo de mí madre.
Ahora, mientras la acunaba entre mis brazos, no pude evitar recordar esa pacífica imagen de Emilie y Alexandre.
No había nada pacífico en esto.
Nada fácil.
Aún así, la voz de Reid llegó flotando otra vez hasta mí mientras tenía "La Vie Éphémère" en la mano...
No termina con la muerte. Termina con esperanza.












