Arutam - El mito de Ayumpum-El mito de Tsunki..EPISTEMOLOGÍA SHUAR..Arutam es el poder intelectual que dirige la actividad de la mente de los Shuar, restableciendo los arquetipos semánticos de conocimiento, constantes en los mitos y rememorados constantemente mediante la oralidad. Los mitos son explicaciones simbólicas de la organización de la naturaleza y del comportamiento humano dirigido por la mente. El pensamiento mítico expresa figurativamente la “totalidad del ser”, confiriendo racionalidad especulativa a la “cosmovisión” desarrollada por el pensamiento Shuar, en la organización de la realidad.
El universo de los shuar está integrado por el nunka (tierra), nayaimp (cielo) e init (subsuelo). El espacio habitado por el hombre tiene conexiones con los otros mundos, que, también, están habitados por seres semejantes a los humanos, terrestres y subterráneos. La atribución de caracteres humanos a los cuerpos celestes les capacita para organizarse según la racionalidad del Arutam. La simbolización de Yankuam y de Etsa debe ser referencial para la organización espacial astronómica de los shuar.
El mito de Tsunki
Arutam se manifiesta como fuerza de las aguas, representada por Tsunki. La memoria mítica de los Shuar da cuenta de las grandes catástrofes que la ciencia occidental identifica con las glaciaciones que impusieron la actual organización de la naturaleza.
Los Shuar señalan la era de Tsunki, en la que tiene lugar el dominio del mundo subterráneo, poblado de animales acuáticos. Tsunki conoce con exactitud las especies benéficas y dañinas, clasificándolas según sus características y designándolas por su nombre. Destacan las anacondas por su simbólica conexión con el agua y la tierra. Tsunki representa la fuerza de Arutam manifestada a través de las aguas subterráneas. Una forma de percibir esta fuerza regenerativa es mediante la visita a las tuna (cascadas), realizada sistemáticamente, por cada Shuar, no bien se inicia su capacidad racional, al empezar la adolescencia.
La mitología hace referencia a un tiempo inicial, de armonía y equilibrio (mash aents), en el que los hombres y las mujeres tenían la posibilidad de subir y bajar del cielo a la tierra, utilizando un bejuco (Etsa naek). Existía el equilibrio perfecto de Arutam. El cielo y la tierra eran dos selvas interdependientes, conectadas por elementos que surgen de abajo arriba, como las cañas paat, y penden de arriba abajo, como el bejuco Etsa naek. Ambas eran inmensas planicies cubiertas de selva.
Tanto el cielo como la tierra tenían la misma configuración. El cielo complementaba a la tierra. El varón celestial era Yankuam, lucero matutino. Las mujeres del cielo eran las estrellas Atsut y Yaa. En la tierra vivían los Shuar con las mujeres terrenas. Pero, podía un Shuar, en la tierra, con solo un deseo, bajar una mujer celestial.
El orden que construyó Arutam pudo perturbarse en la tierra. El mito relata el primer desorden. Las mujeres vivían en paz y sosiego en la tierra. Cuando los tigres sobre poblaron la tierra, la humanidad se sintió atacada. Los shuar prepararon trampas para que cayeran en el abismo. Muchos tigres se precipitaron al vacío. Otros evitaron ser atrapados.
Una de las variedades de tigre logró salvarse de la muerte. Las mujeres, desconocedoras que esto había sucedido, empezaron a salir a descampado y disfrutar de la tranquilidad de la selva. Pero fueron atacadas por los tigres. Ellas se colgaron de las flores (wachi) que producen las cañas paat y se lanzaron al abismo. El ímpetu de la caída les impulsó al cielo, donde fijaron su morada.
El mito refiere un segundo desorden. En la tierra, Kujancham mató y decapitó a Ayumpum. Antes de morir, Ayumpum previno a su esposa que no abandonara su cadáver. Ella permaneció abrazada al cuerpo de su esposo. En el cielo vivía su hermano Ayumpum quien lanzaba destellos y rayos a la tierra, para cicatrizar la herida. La fuerza de los rayos le impulsó al cielo, juntamente con su esposa.
El cadáver del shuar Ayumpum llegó a la casa de su hermano, Ayumpum, en el cielo. Antes de entrar a la casa, la esposa del shuar Ayumpum cayó en la huerta de las atsut núa, estropeando los cultivos de fréjol, yuca y plátanos.
Las atsut núa se enojaron y no le recibieron en su casa. La esposa del shuar Ayumpum se quedó fuera. A la madrugada, las hormigas yarush (añangos) atacaron a las atsut núa, a las que devoraban.
La mujer shuar, a quien no se le había permitido entrar en la casa, hizo una fogata en la puerta de la morada de las atsut núa. Las hormigas pugnaban por invadir la casa y pasaban por encima de las llamas, chamuscándose. La mujer shuar las atrapaba y se las comía.
Las atsut núa veían maravilladas la hazaña de la mujer shuar y le invitaron a entrar a casa. En agradecimiento le agasajaron con comida y le obsequiaron con los productos de sus huertas.
En esas circunstancias, la mujer del Ayumpum del cielo se adueñó del cadáver del shuar Apumpum, convirtiéndole en moscardón ea-ea que guardó en una muits. A la madrugada del siguiente día, la misma mujer sumergió al moscardón ea-ea en las aguas de una laguna celestial, convirtiéndole en un hermoso niño. Por medio de esta acción pensaba apropiarse del niño. Todas las mañanas le sumergía en una laguna diferente. El niño crecía cada día convirtiéndose en un jovencito.
La mujer shuar, esposa del shuar Ayumpum se angustiaba por la posible pérdida de su esposo. Las atsut núa le explicaron que el apasionamiento de la mujer Ayumpum se ha de acabar. Efectivamente, así sucedió. El shuar Ayumpum volvió a ser un hombre normal y se reencontró con su esposa.
El shuar Ayumpum vio desde el cielo que sus hijos estaban sufriendo de hambre. Encomendó a la avispa Piu que les llevara mantenimientos de plátanos maduros. Piu descendió a la tierra por el bejuco y se comió los maduros en el camino. Los niños seguían padeciendo hambre. Piu les maltrataba picándoles y chupándoles el sudor.
El shuar Ayumpum envió a la esposa a la tierra para que preparara la comida y la chicha, para toda la familia. Ella debía tocar el tuntui, una vez que estuviera lista la chicha. Entonces el shuar Ayumbum descendería a la tierra.
La esposa de Ayumpum bajó a la tierra y se encontró con Kujancham que hacía la fiesta de la tsantsa de su esposo. Sin cumplir la promesa hecha a su marido, de preparar la chicha, la mujer conoció y se enamoró de Kujancham. La mujer veía en Kujancham el rostro de Ayumpum. Pero, Kujanchamera desorganizado. Uno de sus pasatiempos era tocar el tuntui, sin el debido respeto, como dispone el rito.
Ayumpum escuchó el toque del tuntui y bajó del cielo, a su casa. Encontró abandonados a sus hijos. Preguntados sobre el paradero de su mamá, los hijos le informaron que vivía con otro hombre. Ayumpum les preparó una trampa a cada uno. En el tuntuitiai, mazo de golpear el tuntui, colocó una titink, serpiente coral que picara a Kujancham; en el umamuk colocó un alacrán que picara a la mujer. Kujancham murió de la herida. La mujer se salvó, por la condescendencia de Ayumpum que no quería la muerte de la madre de sus hijos y permitió que la curaran aspirando el zumo de chiank.
Ayumpum planificó llevar al cielo a sus hijos Ikianchin, IIsip, Chiji y Ukukui. Les previno que cuando fueran trasladados por los aires, no miraran a la tierra. Ninguno de los hijos cumplió la promesa, convirtiéndose en águilas. Ellos se distraían mirando a las irshimp (mujeres hermosas). De esta manera Ayumpum debió llegar, solo, al cielo, donde se reunió con su hermano.
Se restableció el orden propiciado por Arutam, a partir del respeto a la vida. No se justificaba que Kujancham haya cortado la cabeza de Ayumpun sin motivo. El ordenamiento de Arutam llevó a restablecer el derecho a la vida de Ayumpum. Igualmente, establece que la esposa se afane en el cuidado de los hijos. Castiga con la muerte a Kujancham que no tiene el respeto debido a la solemnidad del rito, expresado a través del toque del tuntui que convoca a Ayumpum. Castiga la falta de atención de los hijos (convertidos en aves) cuando son transportados al nayaimp (cielo) y se distraen mirando a las irship