El suelo le pareció helado, duro e incómodo.
Sabrina había caído dormida, y el Sr. Botitas le lamía la cara con su lengua áspera, para despertarla. Era inusual ver así al gato que siempre había sido distante, pero fue efectivo en su acción. Estaba algo preocupado, tal vez.
Primero fue desperezarse con dificultad, después fue tratar de estirar las manos, los pies, las piernas…¿cuántas horas había estado durmiendo ahí?
El Sr. Botitas finalmente le maulló fuerte, y Sabrina pudo ponerse de pie lentamente.
"¿Me desmayé? ¿Qué me dio por tirarme acá?"
Sabrina se preocupó de inmediato, no recordaba por qué había quedado ahí, o qué había pasado.
De pronto, recordó la bolsa de las compras sobre la mesa, las flores, las verduras, y empezó a ordenar todo con cuidado. El Sr. Botitas le maullaba más fuerte, como quizás recordándole algo, subiéndose a la mesa, y poniendo una de sus patas en su mano.
"Estás muy insistente, ven acá…"
Sabrina tomó en brazos al gato, apretándolo suavemente contra su pecho.
De pronto, una visión. Mientras Sabrina estaba en contacto con el gato, que no parecía estar incómodo, Sabrina pudo ver una silueta que le resultaba familiar, como un recuerdo sutil. Con los ojos cerrados, pudo ver un ser alto, de pelo blanco, una sonrisa bonita, y ojos profundamente oscuros.
Sabrina se alteró, respiró profundo y dejó al Sr. Botitas a un lado, estupefacta.
"Ese sujeto estuvo acá, lo puedo recordar, ¿o habrá sido un sueño?"
El Sr. Botitas maulló de nuevo, y se fue a la cocina, como guiando a Sabrina a la comida.
Sabrina dejó de escucharlo, por unos minutos, con el corazón acelerado, y una sensación de alerta. Se sintió molesta, porque…¿cómo era posible que la dejara durmiendo en el suelo, si había sido él? ¿Cómo había entrado?
"Tenía un nombre raro…¡bueno! lo recordaré más tarde".
Eso era seguro, Sabrina tenía una mente poderosa, y una memoria increíble para recordar tantas recetas, y tantos datos. Estudiosa, aplicada, y sensible, Sabrina era una chica con muchos talentos.
Allá lejos, en un lugar no identificable por ningún humano, Azrael sentía cómo alguien lo llamaba, o lo invocaba, muy suavemente. No le prestó más atención, pero era algo novedoso. Hacía siglos que no le pasaba.
"Ok, esto es raro".
Todo, en adelante, iba a ser más y más extraño para ambos.