Maleficio condal: pedir cuentas al juego de palabras (vida); abandonarse a la pasión (pecado) y, a la ventura, faltar contra el orden (muerte). Recomenzar hasta la aurora. Y, al fin, quebrar la soberana argolla de la marchita libertad. Pues ¿qué lujuria sin mazmorra grana?
José-Miguel Ullán




















