La primera chispa salta cuando te empezás a cuestionar pequeñas, mínimas cosas.
Y comenzás a sentir un cierto calor interno.
Que en lugar de buscar apagarlo, sólo querés más leña.
Y empezás a notar comportamientos, actitudes que ya no son para vos.
Que nunca debieron ser para vos.
Tanta sumisidad siniestra.
Tanta ciega obediciencia.
Y anhelás ir a echarles pólvora.
Y caminás entre el incendio. Sentís el calor abrazante. Liberante.
Y por primera vez, no sentís miedo.
Porque sabés que lo que vale la pena, no se caerá. Seguirá intacto. Firme. Como tu caminar a través de las olas de fuego.
Y quedarán sepultadas bajo cenizas las viejas e insalubres costumbres, las relaciones tóxicas, los fantasmas del pasado.
Y soplará el viento. Y sanarán las heridas. Y todo se lo llevará.
Y entenderás que si Roma no se hizo en un día, Troya tampoco.
Y que tal vez en la historia antigua esa entrañable ciudad haya quedado en ruinas.
Pero ahora al mando estás vos.
Vas a cambiar la historia.