LOS SÍMBOLOS DE LA NAVIDAD
Ah, ¡blanca navidad! estamos una vez más en esa época del año en que las lucecitas parpadeantes y los tonos verdes, rojizos y dorados invaden los hogares. La tonada de “Santa Claus llegó a la ciudad” no deja de sonar una y otra vez en los comercios que se dedican a la vendimia de artículos para las fechas.
Seguro que a todos nos encantan estas fechas (o al menos buena parte de las personas, salvo que seas cierto personaje verde salido de un libro de Dr. Seuss), pero toda esa imaginería que concebimos hoy como parte de la navidad ¿siempre fue así?
Si bien la parafernalia navideña tuvo su mayor explosión en el siglo pasado gracias al empuje de marcas internacionales que homogenizaron la celebración a nivel global, los símbolos clásicos no son una invención de la era moderna, sino que provienen de épocas muy lejanas. A continuación revisaremos un poco de la historia de cada uno.
De origen germano, el máximo símbolo de la navidad nace de una celebración pagana en la cual algunos pueblos (como los vikingos) celebraban el solsticio de invierno el 25 de diciembre danzando alrededor de una conífera decorada llamada Yggdrasil que representaba al universo.
Posteriormente fue adaptada al simbolismo cristiano por misioneros cristianos como una forma de evangelizar a estos pueblos, asentando la tradición en el siglo XVI y consolidándose en el resto de occidente en el siglo XIX.
Este particular adorno proviene de un compendio medieval de historias sobre la vida de santos católicos, en este caso, de San Nicolás de Bari, quien de acuerdo al pasaje de su vida que se cita, en una caminata tras pasar por una casa alcanzó a escuchar la necesidad de una familia pobre y decidió arrojarles monedas de oro por la chimenea, mismas que al rebotar cayeron en unos calcetines que ellos habían colgado para secar.
Es un símbolo de la buena suerte proveniente de la cultura celta que era utilizado para invocar protección contra enfermedades y maldiciones, además de que se creía que traía fertilidad a las parejas. Estos atributos lo convirtieron en el elemento perfecto para las fiestas navideñas, pues San Nicolás representaba la prosperidad y el muérdago completó los otros atributos de la celebración, representando la salud y el amor.
La Nochebuena representa la prosperidad y fue gracias a los primeros cristianos mexicanos que el uso de esta hermosa flor se generalizó. De acuerdo a la antigua leyenda de Poinsettia, cuando Jesús nació la recibió como regalo por parte de unos niños pobres cuya única pertenencia era esta flor que originalmente era verde y el pequeño Jesús, para mostrar su agradecimiento, tiño sus pétalos de color rojo, convirtiéndola en un símbolo de la gracia divina.
Las llamativas luces navideñas derivan del uso de velas para decorar pinos en siglos pasados y que representaban la luz de Dios. Por su parte las coloridas esferas vinieron a ser sustituto de las manzanas rojas, símbolo del pecado y que también formaban parte del pino navideño original en el medievo.
Está documentado que fue Francia durante el siglo XIX que tras una época pésimas cosechas, fue un soplador del vidrio el que tuvo la idea de crear esferas de cristal como sustituto del escaso fruto rojo, idea que adaptó de forma permanente primero este país y posteriormente se extendería por todo occidente.