Llueve, pero no es cualquier lluvia, es esa que cae de los ojos y deja anegada la mirada de tanto llanto, es de esa que no es fría, la siente caliente rodando por tus mejillas y se confunde con la que cae del cielo y tratas de evitar con el paraguas del alma resiliente, del corazón que busca adaptarse a los cambios, a lo que es inevitable y tienes que aceptar con entereza a pesar de lo fuerte de la tormenta.
Hay días de monzón y necesitas empaparte un poco para sanar y que de nuevo aparezca el sol y la claridad.
Leregi Renga














