𝑴𝒊𝒄𝒉𝒂𝒆𝒍 𝑱𝒂𝒄𝒌𝒔𝒐𝒏 𝒚 𝑴𝒂𝒅𝒐𝒏𝒏𝒂
"En 1991 decidí que quería conocer mejor a Michael, asi es que lo invité a cenar. Le dije: "Yo invito. Yo conduzco. Sólo tú y yo".Él accedió y se apareció en mi casa sin ningún guardaespaldas.
Fuimos hasta el restaurante en mi carro. Era de noche pero aún asi él usaba gafas para el sol. Le dije: "Michael, siento como si le estuviera hablando a una limosina.¿Crees que puedas quitarte esos anteojos para poder ver tus ojos?"
Se quedó pensativo un rato y después lanzó las gafas por la ventana, me miró con un guiño y una sonrisa y dijo: "¿Me ves ahora? ¿Asi está mejor?"
En ese momento pude ver su vulnerabilidad y su encanto.
El resto de la noche estuve empeñada en hacer que comiera papas fritas, que bebiera vino, que comiera postre, y que dijera malas palabras --cosas que aparentemente él nunca en su vida había hecho.
Después regresamos a mi casa para ver una película y nos sentamos en el sofá como dos niños. De algún modo, a mitad de la película, su mano se posó sobre la mía y me la agarro. Me dió la impresión de que él estaba buscando una amiga más que un romance, y yo estaba feliz de complacerlo.
En ese momento él no parecía una superestrella, él parecía un ser humano"