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Cleaner crushed to death in Singapore
Cleaner crushed to death in Singapore
Cleaner crushed to death in Singapore The fatality is the first of its kind to be reported in the conservancy cleaning and waste management industry. A street view of the road leading to Bedok Reservoir Road. The estate of Bedok Reservoir Road, where the centralised refuse collection point and centre is located. Image Credit: Google Earth| Map. The scene of the fatality as seen above, where…
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Capítulo 31: Cuando las aves migran.
Enamorándonos y desenamorándonos, avergonzados y orgullosos de ello, juntos todo el tiempo...Imagina, eres la reina de todo, todo lo que alcanza la vista, está bajo tu mando. Yo seré tu guardián, cuando todo se esté desmoronando, para sujetar tu mano. Nunca puedes decir nunca, no sabemos el por qué, cuando el tiempo, el tiempo una y otra vez...más jóvenes ahora de lo que éramos antes, no me dejes ir. Nos estamos cayendo a pedazos, y nos volvemos a juntar, una y otra vez. Nos estamos desmoronando, pero nos volvemos a unir...no me dejes ir... - Never say never / The fray.
"Debemos estar dispuestos a abandonar la vida que planeamos, para vivir la vida que nos está esperando..."
El joven de orbes verdes le sonrió con dulzura, una de esas sonrisas purpurinas que sólo él sabía esbozar. Con lentitud, luego, llevó su mano derecha hasta la mejilla del ojiazul y lo acarició con suavidad, como si la piel del castaño fuese pura porcelana frágil. Louis cerró los ojos. Cada célula de su cuerpo reaccionó ante aquel contacto. Sintió paz, alivio, saciedad de aquellos roces que ya le faltaban como al mismísimo aire. Un leve cosquilleó le recorrió su corazón, pasando luego por su cabeza, y estómago, un cosquilleo que brotó como girasol expueso al sol. Un cosquilleo provocado por las tiernas acciones del menor para con él. Un cosquilleo que lo hizo sentir vulnerable.
-Lou...- Susurró el menor. Entonces los párpados de Louis volvieron a abrise y su mirada azulina como el mar colisionó contra el verde césped. Sus miradas admiraban con absoluto amor cada facción del otro. Se recorrían, se regalaban silenciosas caricias.
Con cuidado, Louis peinó los rizos chocolate desleídos de Harry, y los colocó detrás de su oreja. Repitiendo la acción una y otra vez, pero éstos parecían no estar dispuestos a aquedar detrás de la oreja del joven. Con rebeldía, volvían a escaparse, queriendo mostrarse para seguir enmarcando el rostro del joven. Entonces el castaño soltó un suspiro y los dejó ser. Harry rió por lo bajo. Sus hoyuelos aparecieron en cada uno de sus cachetes sonrosados, y esa sonrisa chueca cautivó a Louis como si estuviese observando la más brillante de las maravillas. ¿Por qué el joven opacaba hasta al mismísimo sol con su luminosidad, a la altiva luna con su hermosura, y a las millones de estrellas por su sublimidad? Se cuestionó internamente.
Lo que era mejor, él era todo de su autoría.
-Eres hermoso...-
Susurró por lo bajo, acercándose al rostro del rizado, y tomándolo por ambas mejillas. A tan corta distancia, ambos pares de ojos continuaron paseándose con deliberada libertad por cada centímetro del rostro del otro. Ambos guardando cada detalle, retratándolo muy al fondo de sus memorias para recordarlo por siempre...
Una risa estruendosa resonó por toda la vivienda y Louis despertó exaltado. Sus ojos confusos y amodorrados se pasearon con desconcierto y rapidez por todo a su alrededor. El bello campo en dónde se encontraba ya no esta allí. Ni tampoco Harry.
Louis soltó un pesado suspiro y se dejó caer nuevamente con desgano al colchón. Había soñado con Harry. Otra vez...
Era la tercera vez que el joven de orbes azules soñaba con el muchachito rizado desde que se había alejado de él, hace ya cinco días atrás. Y Louis pensó que si seguía a esos pasos le sería tarea imposible el sacar al menor de sus pensamientos. Su subconsciente aún preguntaba por él, y aunque él lo negara sólo para atraer al olvido, lo cierto era que también extrañaba a Harry. Lo extrañaba de la misma forma en que el árido y seco suelo de un día de verano extraña a la pasajera lluvia para sentirse vivo nuevamente.
Extrañaba sus suaves rizos con aroma a shampoo floral, sus mejillas constantemente teñidas de carmín, sus grandes luceros verdes que eran tumulto y calma por dónde Louis naufragaba, sus labios que sabían al más delicioso néctar, su voz que sólo parecía decir cosas bellas. Extrañaba sus caprichos de niño, sus ideas locas e infantiles, su emoción por cosas simples, su constante felicidad. Extrañaba todo en Harry.
También extrañaba el cómo era él cuando estaba junto a Harry. Extrañaba sentirse contento por cosas banales, extrañaba esa sensación de sentirse fuerte y protector cada vez que el menor se acurrucaba en él como un pequeño cachorro vulnerable. Extrañaba a Harry, y extrañaba la persona que solía ser cuando estaba en su compañía.
Otra estrepitosa risa inundó la casa y los ojos de Louis rodaron con fastidio al reconocer aquella madura voz. Era su madre. El castaño pensó que aún era demasiado temprano como para soportar a su progenitora con sus grandes y llamativos parloteos que sólo indicaban que estaba al teléfono hablando con una de sus muchas amigas, igual de fastidiosas como lo era ella.
Con un bufido, se incorporó de su cama con más lentitud de la habitual, y casi arrastrando sus pantuflas por el suelo, hizo su camino hacía el baño.
Aquel tranquilo, y solitario cuarto siempre era testigo de los problemas de la gran mayoría de las personas. El baño era un lugar en dónde reflexionar, un lugar para estar a solas con uno mismo, de pensar, cuestionarse sobre algunas decisiones, y por tal razón, el tema de Harry apareció en la cabeza de Louis con más intensidad apenas éste puso un pie dentro de la ducha. El joven entonces quedó un buen rato solamante parado allí, sintiendo las gotas pegar contra su cuerpo caramelo, mientras su mirada perdida y vacía estaba posada en uno de los muchos azulejos que cubrían la pared.
Habían pasado exactamente cinco días desde que no se acercaba al joven de orbes verdes. No sabía nada acerca de él, no sabía qué cosas podrían estar sucediéndole, no sabía si Harry lo estaba necesitando más que a nada en esos momentos, tal y como él lo estaba haciendo. No sabía si necesitaba un abrazo, una caricia, o algo más. Y Louis se sentía morir a cada día que pasaba. Pero el que el menor nunca haya buscado por él al momento en que se alejó, le hizo saber que quizás, Harry no lo necesitaba tanto, que quizás no era tan indispensable en la vida del rizado como él creía. El ojiverde jamás lo buscó. Ni siquiera para pedirle una explicación de su brusco alejamiento. Él simplemente se había esfumado, así sin más, sin reproches, y en cierta parte, aquello había deprimido mucho a Louis, pero estaba agradecido de que fuese de ese modo. Al menos el adiós no había sido tan doloroso para uno de ellos.
Al desaparecer como pompa de jabón que revienta en el aire, Harry también se había ausentado de la escuela. Y ante aquello, Louis comenzó a sentirse preocupado, porque el rizado jamás faltaba a clases, sólo si es que estaba muy enfermo.
Trató de convencerse a sí mismo de que, quizás, Harry no estaba enfermo ni nada de eso, que el menor sólo quería un tiempo para recomponerse de todo lo que le había sucedido, de todos aquellos hechos desastrosos de esa fatídica noche. Pero la preocupación no parecía dispuesta a irse, y las repentinas ganas de salir corriendo hacía su casa volvían al castaño, esas ganas de abrazarlo, atraparlo contra su pecho y que el joven llorase en él hasta descargarse. Pero la culpa disipaba con gran facilidad todos aquellos pensamientos, entonces Louis sólo se resignaba a pensar que Raquel estaría cuidando bien de él. Que Raquel le estuviese dando ese confort y apoyo que él no podía brindarle.
Todo aquello dolía, pero Louis sabía que era lo mejor, o eso quería creer.
Durante todos aquellos días de ausencia del menor, también habían surgido las preocupaciones en las personas que siempre lo rodeaban. Niall se acercaba constantemente a Louis, preguntando por el joven rizado, cuestionando el porqué de su ausencia, si es que estaba bien, si necesitaba de algo, tan sólo quería noticias sobre su paradero. Pero el castaño siempre ignoraba aquellas interrogaciones. Pasaba de largo del rubio como si se tratase de un mismísimo ser invisible, aunque eso sólo lo hiciera ganar muchos insultos por parte del blondo. Todas las malas palabras rebotaban en él. El escudo del dolor y la soledad era tan fuerte y persistente, y lo estaba aislando tanto que hacía que todo lo demás dejara de tomar importancia a su alrededor. Ignoraba a Niall porque no quería hablar de Harry. Nunca más. Tan sólo quería olvidar, quería olvidar todos los horribles sucesos que le habían ocurrido al joven por su culpa, quería olvidar cuán cobarde había sido al alejarse, quería olvidar, pero cuanto más trataba de ignorar aquellos temas, más los recordaba. Sabía que sólo se estaba engañando a sí mismo.
Niall no había sido el único en cuestionar sobre el asunto. Zayn y Liam también se habían percatado de la ausencia del menor, y también de lo muy cambiado que estaba su amigo de ojos azules.
Louis ya no tenía esa luz distintiva que había brotado en él desde que estaba junto a Harry. Ya ni siquiera sonreía, raras veces hablaba, su mirada siempre estaba vacía y perdida por el suelo, y ambos muchachos habían comenzado a preocuparse por su estado. Pero cuando intentaban acercársele, queriendo ayudar o saber algo al respecto de toda la situación, Louis simplemente pasaba de ellos, o les murmuraba un frágil "estoy bien, no se preocupen", que ni el ojimiel ni el morocho tragaban. Pero ambos optaron por no insistir más, dejando que el tiempo hiciese su trabajo, y se llevase pronto cualquier consternación que estuviese consumiendo en esos momentos a su amigo.
Vacío. Louis se sentía vacío. Se sentía caminar en un mundo vacío, oscuro, y frío en dónde ya jamás salía el sol. Cada día que pasaba era peor que el anterior, y cuando pensaba que su estado no podía empeorar, cada amanecer siempre le demostraba lo contrario. Necesitaba de la calidez del ojiverde. Necesitaba a Harry más a que nada en el mundo. Sin él se estaba desmoronando a pedazos. Sin él era sólo un desastre andante. Era un cuerpo moribundo deambulando por una tierra sin sentido...
El castaño cerró la canilla y con lentitud se vistió con las primeras prendas que encontró.
Al bajar hacía la cocina por un desayuno, su madre aún continuaba al teléfono hablando animadamente. Los ojos azules sólo le regalaron una mirada de indiferencia y pasaron de largo.
-¡A que sí, que estuvo genial!.- Habló Jay mientras enroscaba el cable que asemejaba a un rizo entre sus dedos. - ¡Y ni te imaginas la fiesta que tengo preparada para año nuevo! ¡Estarán todos invitados!...Mujer, ¡por supuesto que también estás invitada!.-
Un par de irritantes risas femeninas llenaron la casa. Louis trató de hacer caso omiso mientras los cereales de chocolate eran masticados con exagerada parsimonia en su boca. No quería escuchar el absurdo palabrerío de su madre, pero ésta hablaba tan estruendosamente que hacía que lo hiciera obligadamente.
-Oh, ¡No hay problema con eso!.-
Declaró escandalosamente y aquello llegó con gran claridad a la cocina, tal y como si estuviese a un lado del ojiazul y no en la habitación adyacente.
Éste bufó con molestia y continuó comiendo de su desayuno pesarosamente. Revolvió con mala gana los cereales en su tazón, volviéndolos pastosos y blandos, y un suspiro que no sabía estaba reteniendo, escapó de su boca. Alzó su mirada azul triste, y observó a la pequeña ventana que se exponía justo encima del microondas. El cielo gris matutino se pintaba a través del cristal, amenazando con bañar a la ciudad en cualquier momento.
-¡Te entiendo perfectamente!. - Espetó la mujer, y luego otro par de risas molestas abandonaron sus labios. Los ojos azules volvieron a rodar. - ¡Lo sé, es realmente detestable! Pero no te puedes preocupar por eso Isabel, mis vecinos son todos tranquilos y sé que no habrá problema por el ruido que ocasionaremos. Además, ¡Será año nuevo, santo cielo! Es todo fiesta, y festejos, sería absolutamente desagradable que vinieran con quejas en un día como ese.-
El castaño sintió cierta atracción hacía aquella conversación cuando la palabra "Vecinos" salió de la boca de su madre. Quedó estático por unos momentos, con la cuchara a medio salir de su boca, esperando a que las señoras en su charla comentaran algo más. Su sentido auditivo más afinado que nunca completamente puesto en el habla de su progenitora.
Jay rió como desquiciada, una fuerte y estruendosa risa que borraba completamente la imagen de señora refinaba que ella siempre aparentaba. Aquello hizo que una ligera mueca de desagrado se pintara en el rostro del castaño. Pensaba que su madre no podía ser más irritable, pero al parecer siempre podía ser peor.
-Nosotros teníamos de vecina a una mujer que era una campesina de primera, ¡Tenías que verla, era un completo asco! - Comentó con repulsión. - Siempre andaba con sus jardineros de jean manchados en tierra, y botas de campo, ¡Era realmente asqueroso!.- Echó a reír con malicia.
Los sentidos de Louis se dispararon como balas al momento en que su madre comenzó a hablar de Raquel. Se mantuvo estático, absteniéndose a hacer alguna otra acción que no fuese oír atentamente.
- ¡Aguarda, eso no es lo peor! - Espetó con gracia la castaña. - Su sobrino es un homosexual, y escucha esto Isabel, ¡Lo vi usando ropa de mujer!.- Rió con fuerza, y Louis entrecerró sus ojos, casi al mismo tiempo en que su mandíbula se ponía tensa. La cuchara en sus manos se oprimió con fuerza, haciendo que sus nudillos se pintaran de blanco con rapidez.
-¡Oh no! Gracias a dios esa mujer ya no está entre nosotros. ¡Alguien escuchó mis plegarias y se la llevó!. - declaró con descollante alivio. - No, no se mudó, al parecer tuvo un accidente de tránsito y murió. Ahora sólo queda ese muchachito marica, y sólo espero que le pase lo mismo pronto. Si eso ocurre, nuestro barrio volverá a ser de clase alta y refinada como lo era antes....-
El corazón de Louis se disparó a mil por hora luego de aquella oración. Sus ojos se abrieron al punto en que comenzaban a escocer. Soltó un ahogado resoplido, y liberó la cuchara de sus manos con lentitud. Aquello no podía estar pasando. Lo que su madre había revelado no podía ser cierto.
-No...-
Murmuró por lo bajo.
Un repentina ola de marea negra pareció arrojarlo con violencia contra un acantilado rocoso. Los segundos parecieron detenerse en ese instante, haciendo que el tiempo transcurriera con una tajante parsimonia, y de pronto, todo volvió a tomar su ritmo normal con brusquedad. Louis se levantó de su asiento y salió corriendo con desesperación de la cocina. Cruzó el living con premura, y la mirada castaña de Jay lo siguió con ceño fruncido pintado en su rostro. Al ver a su hijo saliendo con tal rapidez, la mujer sacó el teléfono de su oreja y se irguió. Intuyó a la perfección cuáles eran las intenciones del castaño.
-¡Louis regresa aquí! - Vociferó demandante mientras llegaba a la puerta. El castaño ya había salido. -¡Te juro que si vas en busca de ese asqueroso ser humano nunca más pisarás esta casa, te lo aseguro!.-
Habló con cólera, con palabras duras que la hicieron ver amenazante. Entonces el castaño giró y enfrentó la mirada furiosa de su progenitora. No dudó ni un segundo en responderle.
-Entonces te deseo la mejor de las suertes mamá. A partir de hoy sólo tendrás un hijo. -
Declaró.
Alivio, fue lo que sintió al declarar aquello. Fue como sacarse una pesada carga que llevaba arrastrando consigo por años.
-¡¿Por qué, diablos?! ¡¿Por qué me haces estás cosas, Louis!? ¡Te crié lo mejor que pude, te di mi cariño y todo lo que siempre quisiste! ¡Dime porqué haces todo esto!.-
Chilló con desesperación. La mirada de la mujer informaba que ya estaba a un paso de las lágrimas.
-Porque también quiero ser feliz, mamá.-
El semblante en Jay se relajó lentamente, aquellas palabras le pegaron con dureza a su ser. Quedó observando a su hijo sin saber exactamente qué decir, tan sólo observándolo. El castaño le regaló una última mirada a su madre, una mirada que enviaba un claro "lo siento", y sin decir más, giró y corrió hasta la casa adyacente.
Le había dolido decirle aquello a su madre. La mujer no había estado muy presente en su infancia, pero eso no quitaba el hecho de que lo había querido y cuidado como sólo una madre podía querer a un hijo, de una forma distinta, pero lo había hecho. Y Louis estaba muy agradecido por todo eso. Pero el decir adiós era una parte fundamental en la vida, era crecer. Ahora era tiempo de buscar su propia felicidad...
La casa con enredaderas lo recibió con una atmósfera fría, lúgubre, y triste. Las persianas estaban bajas, y la enredadera que la cubría comenzaba a dar señales de tallos secos. La puerta de la vivienda estaba abierta, así que Louis ingresó con lentitud, pisando unas cuantas boletas que yacían tiradas en el suelo en sobres blancos.
El pequeño living estaba oscuro y lleno de polvo. Un descollante silencio bañaba la casa por completo, haciendo que los pasos lentos de Louis se oyeran con gran claridad. Todo estaba cambiado, aquella calidez de hogar que antes se percibía allí, ya había desaparecido. Y parecía como si la eminente melancolía que flotaba en el lugar, se hubiese apoderado de Louis en el mismísimo momento en que pisó la casa, invitándolo a unirse al funesto entorno.
Los pensamientos catastróficos y luctuosos no tardaron en llegar a la mente del ojiazul, haciendo que su sangre se helase al instante. Vagas y funestas imágenes de Harry lo invadieron, y él trató de disiparlas con celeridad. Si es que algo malo le había sucedido al menor, él estaba seguro de que sería capaz de cometer cualquier locura consigo mismo.
-¡Harry!.-
Llamó, paseando su vista desorientada por todo a su alrededor. No hubo respuesta.
La respiración del castaño se volvió pesada por el temor. Subió corriendo escaleras arriba con desesperación, rogando a todos los dioses existentes que al abrir el cuarto del rizado, éste estuviese allí, y aquellos ojos verdes se posaran en él nuevamente. Pero al abrir la puerta del cuarto de Harry no había nadie allí. Todo estaba intacto. Algo de polvo reposaba en los estantes y en el escritorio a un lado de la cama. La misma melancolía reinante en toda la casa invadía también el cuarto del rizado.
Dió media vuelta y se dirigió con rapidez al cuarto de baño. recordando que el joven tenía esa manía de encerrarse en ellos cuando sentía ganas de llorar.
-¡Harry!.-
Volvió a llamar con angustia mientras abría la puerta de golpe. Pero al encender la luz del sanitario, tampoco encontró a nadie. Su alma cayó al suelo. Cada segundo parecía ser peor que el anterior, su corazón achicándose a cada paso que daba y seguía sin hallar señales del menor. La desesperanza y el pánico comenzaron a carcomer su ser, consumiendo de él como un potente veneno que le arrebataba de a poco la vida.
Estaba a un paso de romper en llanto cuando recordó que no había ingresado al cuarto de Raquel aún. Entonces con gran apuro, el castaño logró bajar las escaleras entre tropezones, e inmediatamente se adentró a aquel corto pasillo en la planta baja que daba a la habitación de la mujer.
Con agitada respiración, abrió la puerta con desespero, y una triste y trágica imagen se reveló.
El rizado estaba tendido sobre la cama, pálido, sumamente delgado, con ojeras, y el mismo sweater que él mismo le había puesto aquella noche en dónde había ocurrido ese suceso tan fatal. Los labios rosas carnosos ahora eran labios secos y agrietados, sus párpados estaban cerrados, y el corazón de Louis y todo el mundo que lo rodeaba pareció detenerse en ese momento. Lo más triste era quizás que el muchachito estaba aferrado con fuerza a las sábanas de su tía, abrazándolas como si se tratasen del cuerpo de la mujer difunta.
-Harry...-
Fue lo único que el dolor le dejó articular. Louis se acercó con premura a la cama y levantó la cabeza del menor con cuidado. Observó sus facciones, todo en él retrataba la más pura de las agonías. Todo él parecía un ser roto y castigado cruelmente por la vida. Entonces las lágrimas en los ojos azules comenzaron a brotar, lentamente.
-Hazz...- Murmuró con voz quebrada mientras acariciaba con mano temblorosa la mejilla del joven.
El mencionado lentamente abrió sus orbes, y su mirada verde perdida y llena de angustia colisionó nuevamente con la mirada azul del castaño.
-Lou...- Habló por lo bajo, y entonces le sonrió con debilidad. Le sonrió como si jamás hubiese llorado, le sonrió como si no fuese un ser roto y castigado. Le sonrió como si todo estuviese bien. Louis rompió en llanto y lo atrapó con fuerza entre sus brazos.
-Lo siento, lo siento tanto...-
Murmuró con congoja, ocultando su rostro devastado entre los rizos del menor.
-También lo siento...-
Contestó Harry con fragilidad.
Y ambos quedaron abrazados en silencio.
(...)
Durante los siguientes días, Louis se encargó de cuidar minuciosamente del menor. De tratar de recomponer su ausencia lo mejor que podía. De reconstruir al joven con lo que él sólo podía ofrecer; amor incondicional y puro.
Llenaba la bañera y pasaba horas y horas en silencio metido allí junto a él. Con suavidad le tallaba la espalda, le masajeaba los rizos. Dejaba cortos y dulces besos en su expuesta piel, y dejaba que sus finos dedos recorrieran la anatomía del muchachito.
También lo peinaba, como al rizado tanto le gustaba. Se sentaba en la cama junto a él y desenredaba con cuidado sus rizos, los trenzaba y luego los volvía a deshacer, cepillando por horas hasta que el ojiverde caía en la tierra de ensueño. Hacía todo para mantenerlo un poco feliz, por tratar de reponerlo. Disfrutando lo más que podía de tenerlo nuevamente, y agradeciendo haberlo encontrado a tiempo de que le ocurriese una desgracia.
Había vuelto a recuperar lo más bonito que tenía. Había vuelto a recuperar lo único que había hecho bien.
Los días continuaron pasando, algunos más duros que otros, pero mostrando leves mejorías, y cuando el ojiverde volvió a sonreír con más frecuencia, y ser casi el mismo muchachito feliz, inocente e infantil que solía ser, Louis decidió que era tiempo de que ambos retomaran sus idas a clase. Ya habían perdido demasiados días de escuela, pero igualmente habían sido necesarios y fundamentales para la mejoría del menor.
Así que un lunes por la mañana, Harry y Louis hicieron su viaje rutinario hacía Amery Hill en el lujoso auto de éste último mencionado.
El rizado iba feliz, con la ventanilla baja parcialmente a pesar de que ya estaban en pleno invierno y el frío gélido de Doncaster entumecía su rostro. Los rizos extensos le bailaban encima de su cabeza, con júbilo y él sonreía anchamente con plenitud. Louis lo observó de soslayo y le fue casi imposible no sonreír también.
Estaba completamente agradecido con quién fuese que haya estado junto a Harry en aquellos días que él se había alejado. Su ángel guardián, los dioses, o el destino, Louis no sabía con seguridad, sólo agradecía.
Buscó la mano del menor y la aferró con fuerza. Harry apretó con la misma intensidad como si comprendiese a la perfección los pensamientos que rondaban en su mente.
Los pasillos de Amery Hill los recibieron con miles de miradas raras. La mayoría de ellas, estaban centradas solamente en Harry. Ambos no entendían en absoluto a qué se debía tales reacciones, pero decidieron pasarlas por alto, ignorando a los estudiantes que parecían haberse vuelto locos. Louis pensó primero que se debía a que venían muy juntos y Harry lo aferraba del brazo, pero luego esas ideas se difuminaron cuando su mente le recordó que antes de que todos los hechos catastróficos se desencadenaran, los estudiantes ya sabían a la perfección de su relación y no habían dicho nada al respecto. Lo habían tomado realmente bien. Así que no supo qué pensar.
Las miradas raras eran algo que ambos podía ignorar con facilidad y tomaban sin molestia alguna. Hasta que los comentarios ofensivos e insinuadores comenzaron a llegar...
- ¡Hey primor, te espero a la salida de clases! ¡Quiero comprobar si tu boca hace tales maravillas como muchos dicen!-
Voceó un muchacho mientras cruzaba en el pasillo a la pareja. Giró y chequeó el cuerpo de Harry de arriba hacía abajo con mirada hambrienta. Éste se aferró con fuerza al brazo del ojiazul, no entendiendo a qué se debía aquello. Louis le soltó un par de insultos al muchacho, y ambos continuaron caminando entre miradas acusadoras, burlonas, y asqueadas. La confusión y extrañeza invadiéndolos.
Otro gritó llegó, no haciéndose esperar demasiado.
-¡Hey perra, aprende a cerrar tus piernas homosexual de mierda!-
Vociferó un muchacho, que era parte del club de fútbol, mientras cerraba su casillero y miraba con burla al rizado. Los dedos de Harry se aprisionaron con más fuerza en el brazo de Louis, y éste se giró a observarlo con ligereza. Los labios del rizado estaban temblequeando y sus ojos verdes llenos de lágrimas listas a caer.
Entonces la sangre en el cuerpo del ojiazul comenzó comenzó a hervir. Se separó del rizado y aferró por la camisa al muchacho que había dicho tal repulsión, estampándolo con fuerza contra su casillero.
-¡¿Explícame por qué mierda dijiste eso?! ¿¡Que diablos les sucede a todos que están actuando de esa manera con Harry!?-
Bramó a tan sólo centímetros del rostro del muchacho. Los ojos azules reflejaban eminente furia y cólera, y su respiración paulatina chocaba contra la nariz del hombre siendo aprisionado.
El muchacho no dijo nada, y entonces Louis lo aferró con más fuerza por la camisa de su pecho. El hombre decidió romper con su mutismo mientras luchaba por librarse del agarre del ojiazul y atrapar un poco de aire que comenzaba a escasearle.
-¡Eleanor repartió una foto de él chupando una polla por todo el colegio! ¿Contento? ¡Suéltame!-
Louis liberó el agarre con lentitud, y el muchacho murmuró un par de groserías mientras se alejaba sobando su parte dañada.
Eleanor.
Aquel nombre ser pronunciado por la boca del muchacho hizo que una parte desconocida en Louis comenzara a brotar. Dio un fuerte golpe al casillero, provocándole un leve hundimiento y jadeó encolerizado.
La voz de la muchacha se coló en sus oídos de repente.
-Pero miren quiénes decidieron aparecer por aquí nuevamente...-
La mirada verde, y la azul se posaron con rapidez en la figura de Eleanor. Ésta estaba parada con una pose muy femenina a unos pocos metros de ellos, apoyando una mano sobre su cadera, y varios muchachos de grados mayores la acompañaban por detrás. El cuerpo de Harry se paralizó al reconocer una de esas caras amenazantes.
Adam le sonrió ladino en cuanto se percató de que lo observaba.
El rizado corrió hacía Louis y lo aferró nuevamente por el brazo con fuerza. Tanta fuerza que la piel de Louis comenzó a arder por debajo de sus ropas. El cuerpo del joven ojiverde había comenzado a temblar, todos los sucesos que él parecía haber olvidado volvieron a su mente con absoluta facilidad al momento en su mirada chocó nuevamente con esa mirada oscura que lo observaba de igual forma en el callejón.
-É-él...-
Replicó con nerviosismo. Sus palabras salieron temblorosas, y dolidas. Louis entonces observó al muchacho detrás de Eleanor y no hizo falta que Harry aclarase quién era ese tipo, ni que hiciera un presentación con su nombre.
-Hola muñeca. - Saludó el muchacho con una sonrisa sucia incitadora. - ¿Me recuerdas? Quería agradecerte por la mamada fabulosa de la otra noche... Te recomendé con muchos amigos, dicen estar ansiosos por probarte también.-
Habló con burla, y Eleanor rió, al igual que los demás tipos que la acompañaban. Aquello sólo hizo perder la poca cordura en el castaño. Se desprendió de Harry y se acercó a los jóvenes que reían.
-CIERRA TU MALDITA BOCA HIJO DE PERRA. SI TE VUELVES ACERCAR A HARRY TE JURO QUE NADIE SABRÁ DE TU JODIDA EXISTENCIA NUNCA MÁS. -
Adam rió, y también se acercó hacía Louis. Caminando de forma arrogante con ambas manos en el bolsillo de sus pantalones.
-Tú debes ser el famoso Louis, si no me equivoco...déjame decirte que tu novio es un jodido experto con las mamadas. Metí mi polla bien al fondo de su garganta y ni siquiera se quejó, sólo se mantuvo chupando y chupando, y wow...de tan sólo recordarlo me pongo duro de nuevo.-
Ante eso, la ira que Louis venía acumulando, estalló dentro de su cuerpo. Se abalanzó hacía el tipo, pegándole con fuerza en su mejilla, y éste no tardó demasiado en reaccionar y devolver el golpe. El cuerpo del muchacho morocho era notablemente más grande y robusto que el cuerpo de Louis, pero éste no se dejaba golpear con facilidad. Ambos se regalaban fuertes y dolorosos puñetazos que hacían brotar la sangre con rapidez en sus rostros. Un fuerte golpe dio de lleno en la mandíbula de Louis y lo dejó atontado por algunos segundos.
Entonces Harry echó a llorar, sin saber exactamente qué hacer para detener aquellos violentos golpes hacía el castaño. Adam pegaba con rudeza, como si estuviera en un campeonato de boxeo, como si buscara arrebatarle la vida al ojiazul.
-¡BASTA, NO LO LASTIMES!-
Chilló desgarradoramente con las lágrimas saltándole de los ojos. Se acercó dispuesto a intervenir por el bienestar del castaño, sin importarle lo débil y escuálido que era su cuerpo, pero Eleanor lo empujó con brusquedad, impidiéndole aquello. Harry cayó sentado al suelo.
-¿A dónde crees que vas idiota?.-
Inquirió mirando con repulsión al ojiverde. Éste alzó su mirada rota y dolida, y la castaña soltó una risa aireada. Como si el sufrimiento en aquel ser fuera una clase de éxtasis para su cuerpo. Cada lágrima derramaba por el menor la llenaba de regocijo.
-Que imbécil eres...- Habló entre risas. - Bienvenido a tu final feliz princesita...-
El timbre de entrada resonó en toda la escuela, y entonces los muchos estudiantes que se habían aglomerado alrededor de la violenta escena, se fue disipando.
Eleanor peinó sus rizos con delicadeza, y se acercó a su amigo morocho, quién se entretenía pegándole patadas al castaño arrojado en el suelo.
-Adam, ya vamos, deja a estos idiotas, llegaremos tarde a clases.-
El muchacho dio una última agresiva patada a Louis y luego lo escupió.
Ambos se marcharon, girándose de vez en cuando a lo largo del pasillo para darles fugaces miradas llenas de regocijo y burla a Harry y Louis. Los ojos verdes los siguieron alejarse, hasta que ambos desaparecieron en la esquina del pasillo. Entonces el menor se levantó con premura del suelo, y corrió hasta Louis, dejándose caer a su lado para aferrarlo por el torso. El llanto desconsolado del rizado llenó los oídos de Louis. Un llanto lastimoso y ahogado. Harry enterraba su rostro en el pecho del castaño con fuerza, como si eso pudiera detener sus lágrimas y borrar todo lo que hace instantes había pasado.
Entonces Louis sintió que todo su esfuerzo había sido en vano. Que todo lo que se había esmerado por reconstruir al menor había sido completamente inútil. Aquellas escorias se aparecían nuevamente así como si nada, y en tan sólo escasos cinco minutos derrumbaban lo que a él le había costado esfuerzo, cuidado, y tiempo en reconstruir. Había sido todo en vano. Sabía que mientras ambos siguieran allí, alrededor de aquellas personas, quedarían estancados por siempre en un inminente dolor. Todo seguiría igual si ambos permanecían en aquel entorno. Entonces Louis lo decidió.
-Harry. - Habló por lo bajo, mientras llevaba su mano a los rizos despeinados de su novio y los acariciaba. El menor alzó su vista vidriosa y lo observó expectante. -Huye conmigo.-
Pidió, y un hipido escapó de los labios de Harry. Éste limpió con torpeza sus ojos con la manga de su sweater y observó pasmado al ojiazul.
-Vayámonos lejos de aquí Hazz...A la mierda todo esto, a la mierda la escuela, a la mierda las personas, la sociedad. Tan sólo huye conmigo. a empezar todo desde cero muy lejos de aquí...-
Sin esperar una respuesta por parte del menor, Louis se levantó con decisión del suelo, y aferró la pálida y fría mano de Harry con firmeza. Estaba dispuesto a abandonar todo, sólo por hacer feliz al rizado, sólo por alejarlo del dolor, y el sufrimiento.
Ambos salieron de la institución y subieron al vehículo de Louis, arrancando a toda velocidad rumbo al vecindario.
Minutos después, el auto estacionó con una chirriante frenada en la vereda de la casa del rizado, y ambos bajaron de allí. Louis con apuro, Harry completamente desconcertado, vacilante y temeroso.
-Ve a buscar tus cosas bebé, yo iré por las mías, todo estará bien pronto, ya verás.-
Anunció el castaño, tomando con firmeza ambas mejillas húmedas del menor. Éste le asintió con titubeo, y entonces ambos se separaron, cada uno haciendo su camino hacía su respectiva vivienda.
Harry empacó con apuro todas sus ropas y demás pertenencias dentro de una vieja maleta marrón. Al terminar con aquello, se dirigió al cuarto de su tía para decirle un último adiós. Acarició la pared de aquel frío cuarto, diciéndole adiós con una caricia, y luego se acercó hasta el armario de Raquel.
Su ropa estaba intacta. El aroma a lavandas y tierra de jardinería impregnaba cada una de ellas. El muchachito respiró hondo, y deseó poder recordar aquella fragancia por mucho tiempo. Tomó un sombrero de paja que reposaba encima de las demás prendas y sonrió tristemente con nostalgia. Raquel lo usaba cuando ambos cosechaban y plantaban verduras, frutas y flores en el patio trasero de su casa cuando ésta todavía no tenía su trabajo en la florería. Harry lo guardó junto con sus demás pertenencias y salió del cuarto, haciendo su camino hasta la puerta de entrada.
Le dio un último vistazo a aquella casa que lo había acompañado a crecer y había sido testigo de innumerables momentos, y luego cerró la puerta. Al mismo tiempo en que cerraba la puerta de una vieja etapa.
Cuando Louis ingresó con apuro a su casa, encontró a Jessica cuidando de Nouvel en el living. La niñera jugaba con cubos y otros juguetes infantiles junto al pequeño, ambos sentados en el suelo. Ésta le regaló una mirada extrañada en cuanto lo vio ingresar con tal rapidez.
El castaño subió con agilidad cada uno de los escalones rumbo a la planta alta, ignorando por completo aquella mirada que la muchacha le había regalado. Una vez en su cuarto, comenzó a empacar todo en una gran maleta gris. Con cierta dificultad logró bajar nuevamente hacía el living, arrastrando consigo el gran pesado equipaje. Se dirigió con premura a la caja fuerte que se situaba detrás de un viejo cuadro pintoresco, y sacó todos sus ahorros, guardándolos luego muy bien por entre sus ropas en la maleta.
Finalmente, se dirigió a la joven que aún le sostenía una mirada de extrañeza y se agachó a su altura para hablarle.
-Cuídalo bien, por favor...- Pidió con franqueza, y se inclinó para dejarle un pequeño beso a la cabecita de Nouvel. Jessica asintió lentamente, aún con mirada atónita. Louis le sonrió y se paró para retirarse con rapidez de la vivienda.
Al llegar afuera, Harry ya estaba allí, esperando por él, sus manos aferradas a la maleta temblaban ligeramente, el castaño notó cómo el pecho de Harry se inflaba y desinflaba, como si éste estuviese aguantando con fuerza los sollozos.
Tomó la maleta del menor y junto con la suya, las guardó en el baúl del auto.
Al mismísimo momento en que el motor se puso en marcha, Harry rompió en llanto, entonces Louis lo aferra por las mejillas con firmeza, juntando sus miradas fijamente. Sabía que decir adiós dolía, sabía que el menor iba a sufrir con esa improvisada despedida, pero luego de eso, el castaño estaba seguro de que sus vidas comenzarían a cambiar.
Besó los labios temblorosos de Harry y luego limpió unas cuantas lágrimas que caían por sus mejillas.
-Te prometo que a partir de ahora comenzará nuestra felicidad princesa...-
Harry asintió titubeante entre sollozos.
A medida que el auto se iba alejando, muchas memorias y recuerdos se alejaban. Los ojos verdes observaron hacía atrás, cómo su casa y la de Louis iban quedando en la lejanía. Eran demasiadas cosas a las que le estaba diciendo adiós en ese momento. estaba dejando su casa, sus recuerdos de infancia, el barrio que lo había visto crecer, sus estudios, sus amigos...
Un viejo ciclo se estaba cerrando en ese momento a medida que el auto se alejaba cada vez más de la ciudad. Pero Harry estaba seguro de que uno completamente nuevo los estaba esperando, uno en dónde quizás, pudiesen encontrar su final feliz...
Capítulo 30: Nuestra madrugada eterna.
Está tan oscuro en la habitación, y los techos son altos. Conoces la sensación, ya has estado aquí anteriormente. Hay un viejo banco roto, y un llanto de eco. No subestimes tu respiración, y tu pesado tiempo. Perdiste tus palabras, pero encontraste la rima, y ahora es todo poesía. Las paredes están cantando "aleluya amén" las paredes están cantando "aleluya amén", con el tiempo lo encontrarás. La vida es una pintura, y tú eres el artista, así que abre tus ojos. Nunca es demasiado tarde para limpiar el lienzo...te prometo que todo estará bien. - Sanctuary / Paradise Fears.
"Las alas rotas también pueden volar alto si se las empuja con el viento adecuado..."
Fríos, grises, tristes, y atentados de gente llena de desesperanza. Así estaban los pasillos del hospital público de Doncaster por los cuáles caminaba Harry a paso presuroso. El joven de orbes verdes sabía que había gente a su alrededor, que había médicos, pacientes, enfermeras, y niños caminando por allí también, pero sin embargo, él lo sentía como el lugar más solitario del mundo. Parecía que el mundo lo hubiese abandonado. Sólo su dolor lo acompañaba, aunque no fuese el más grato de los compañeros. Era la única compañía que sentía en esos momentos caminar a la par de él.
Mientras se hacía paso por los muchos pasillos con olor a yodoformo, recibía miradas de gente ajena. Miradas de intriga, extrañeza y cierta lástima, todas ellas caían sobre su rostro lastimado y bañado en lágrimas. Él apenas las notaba, pues sus ojos a duras penas podían parpaedar de tan hinchados que estaban, y su vista estaba nublada por las espesas lágrimas saladas. Difícilmente las notaba, pero las sentía claramente puestas sobre él, todas y cada una de ellas.
El muchachito soltó un hipido y bajó la vista, sus pies continuaban caminando impulsados por la preocupación que sentía sobre el estado de su tía. Ya no se sentía fuerzas para nada y se asombraba de que aún pudiera mantener sus piernas sin flaquear. El dolor era insufrible, todo parecía derrumbarse a su alrededor como débiles castillos de arena empujados por la más suave brisa. Todo de a poco iba tomando matices grises lóbregos.
Alzó su vista nuevamente, y con cierta dificultad notó que ya se encontraba en el pasillo número quince, tan sólo le faltaban unos cuantos pasos más y llegaría al pasillo diecisiete. Respiró hondo y continuó marchando aquella corta distancia que parecía interminable.
A medida que se iba acercando, su corazón comenzó a bombear a un ritmo más acelerado de lo normal, llevando y trayendo hacía todo su cuerpo la sangre que parecía helada por el pánico. Harry no quería llegar, no quería ver a la mujer que lo había criado, cuidado, amado, en un estado deplorable y luchando por su vida. Él quería saber que las cosas estarían bien para ambos... ¿Por qué la vida se empeñaba en traerle nada más que pesar a su existencia? ¿Será que había hecho algo tan malo para merecer todo lo que le estaba ocurriendo?.
Finalmente, la habitación número treinta tres se hizo visible casi al final del pasillo. Harry soltó un largo suspiro tembloroso mientras observaba ese corto dígito pegado a la puerta. La sección del hospital en dónde se encontraba, era la sección para personas en estado critico, y en una de esas habitaciones estaba su tía, la mujer que lo había acompañado en sus años más esenciales. La misma que había estado en todo momento junto a él en cada momento importante, la que lo había educado, cuidado, y amado incondicionalmente. Entonces una oleada de tristeza atravesó el cuerpo débil del joven y éste casi se deja caer allí mismo, pero con gran esfuerzo, el joven se mantuvo en pie. Harry reprimió su llanto al borde de salir y tomó la perilla con vacilación. En ese mismo instante, la cabeza del rizado comenzó a prepararlo para lo peor, para afrontar cualquier consecuencia que pudiese venir a continuación, o luego de esa noche, pero Harry tan sólo quería mantener la esperanza intacta, aunque a esas instancias ya era casi imposible de hacer. Ésta también parecía haberlo abandonado.
Con lentitud, el rizado abrió la puerta, tratando de no hacer demasiado ruido, e ingresó. Lo que allí vieron sus ojos fue posiblemente una de las escenas más desgarradoras que había presenciado en su corta vida. Deseó que aquella imagen no fuese real, que fuese sólo producto de una horrible pesadilla, que en ese mismo instante su tía lo despertara de tal mal sueño y le dijera que el desayuno estaba servido en la cocina, como un día normal en sus vidas. Deseó que todo aquello no estuviese pasando en realidad. Pero lamentablemente, todo aquello estaba sucediendo. La vida no era un bello cuento de hadas para desear y volver realidad hechos, y la vida de Harry era posiblemente lo más lejano a ello...
Raquel estaba postrada en la cama como un cuerpo muerto. Tenía el suero conectado a su brazo derecho, respirador artificial bombeando aire a sus pulmones, su cabeza vendada con gruesas gasas, moretones, raspones y leves heridas superficiales adornaban su rostro. Sus ojos avellana lentamente se abrieron con dificultad al sentir otra presencia dentro del cuarto, y enseguida encontraron su camino hasta Harry.
El joven muchachito se acercó con miedo a la cama, con pasos llenos de parsimonia, observando con zozobra a la mujer, como desconociéndola, como no creyendo que aquella persona tan herida fuese su tía.
-Hazz...-
Susurró la mujer con voz débil y rota, y entonces éste se dejó caer de rodillas a su lado. Inmediatamente aferró la mano libre de su tía y la aprisionó contra su rostro con vehemencia. Cerró sus ojos con fuerza y le pidió en silencio a quién fuese que lo estaba escuchando, que su tía jamás lo abandonase, que lograra vivir, y que se quedara junto a él por un largo periodo de tiempo más, porque él la necesitaba, porqué él aún era muy joven como para quedar a la deriva por un mundo repleto de maldad.
Harry comenzó a llorar desconsoladamente, soltando intermitentes hipidos lastimeros que lograban ahogarlo de vez en cuando. Lloró con todas sus fuerzas por el estado en que se encontraba su tia, lloró por todo lo que le habían hecho la noche anterior, lloró porque su suerte era una desdichada, lloró porque Louis se había alejado y no estaba junto a él cuando más lo necesitaba...lloró porque su vida sólo parecía arrojarle piedra tras piedra, y una más grande que la anterior, sin rastros de piedad.
Raquel comenzó a acariciar con su pulgar la mano de su devastado sobrino aferrada a la suya, con cariño y dulzura, en un intento en vano por tratar de reconfortarlo, de que cesara su llanto.
-No llores cariño... -Susurró por lo bajo con voz frágil, como si le estuviese costando articular esas simples palabras. Harry aferró su mano con aún más fuerza. Todo aquello dolía tanto. El menor comenzó a cuestionarse en si podría seguir adelante si es que su tía decidía partir. No creía que pudiese soportar más.
-Te recuperarás...¿V-verdad?.-
Inquirió con temor, esperando una respuesta positiva por parte de la castaña. Ésta sólo le sonrió con tristeza. Una sonrisa que Harry estaba seguro no olvidaría jamás, porque pudo comprender a la perfección su triste significado, y ese fue el último golpe que terminó por romper en miles de pedazos su desafortunado ser.
Raquel alzó su mano, y con lentitud la llevó hasta la mata de rizos chocolate de su sobrino para acariciarlo. Las lágrimas en los ojos verdes volvieron a acumularse con descollante rapidez. Aquellas caricias eran tan distintas a todas las anteriores que había recibido por parte de su tía, aquellas caricias sabían a despedida, sabían a amarga partida. Harry podía descifrar con gran claridad todo lo que la castaña trataba de decirle mediante aquellos mimos.
-Harry, mírame cariño...-
Pidió la mujer en voz baja. Entonces el menor volvió a levantar su vista con titubeo, su mirada volvió a hundirse en la interminable desesperanza y pena que cubrían los orbes castaños. La suave y lastimada mano de Raquel dejó de acariciar los rizos enmarañados para bajar hasta la lastimada mejilla de Harry, entonces ésta cerró sus ojos, esbozando una pequeña sonrisa ante lo que su tacto sentía.
-Recuerdo...- Susurró con tranquilidad rememorando hechos. -Recuerdo la primera vez que te tuve en mis brazos. Eras apenas un pequeño bebé recién nacido. Anne estaba tan contenta ese día, su sonrisa era enorme y brillante a pesar de todo el dolor que había sufrido durante el parto. Eras un bebé hermoso y sano, observabas a todos con tus grandes ojos verdes, y cada vez que tu mirada caía sobre tu madre, tu le sonreías. Con tu llegada iluminaste por completo la vida de la familia entera, Hazz, tenías una luz propia que era capaz de alumbrar cualquier cuarto en dónde te encontráras, y aún con dieciséis años la sigues conservando intacta Hazz, ruego para que no la pierdas nunca...-
Raquel le sonrió con cansancio al rizado, y éste no puedo más que devolverle el gesto con fuerza. Su sonrisa luminosa salió como una mueca repleta de agonía.
-Lamento todo esto cariño....lamento tener que dejarte con tan sólo dieciséis años, lamento no poder acompañarte más que esto. Faltaron tantas cosas que me gustaría poder haberte enseñado, supongo que ahora la vida se encargará de ello. Ésta será más cruda y dura al hacerlo, así que estate preparado cariño.- Raquel abrió y cerró sus párpados con cansancio, y ambas miradas tristes volvieron a unirse. - Sé una persona buena Harry, dulce, amable, y pura como tu madre lo era, pero también sé fuerte, valiente, y no te dejes pisotear como tu padre. No busques venganza en las personas que te hicieron mal cariño, no caigas jamás a la altura de ellos.-
Los sollozos abandonaban la garganta de Harry con fervor, uno tras otros. Sollozos ahogados y lastimeros que morían en la palma de su mano. Su tía hablaba como si se estuviese despidiendo, y Harry quería que se detuviera. Enterró su rostro en el colchón de la cama y a los instantes sintió la mano de su tía revolver sus rizos con delicadeza nuevamente.
-Recuerdo el día en que me avisaron que debía cuidar de ti. Ese día en el hospital, cuando tú apenas tenías siete años, cuando aquella devastadora y horrible noticia me había dejado muerta en vida. Ese día perdí una hermana, pero gané un pequeño hijo del corazón. En esos primeros días en que tú estuviste en casa, me di cuenta de algo que me dejó más que aliviada... - Reveló con sencillez y dulzura. Harry alzó su vista rápidamente, y la observó un tanto extrañado, aguardando a que continuase hablando. - Me di cuenta de que tú serías un niño fuerte, Harry. porque habías encontrado la fuente exacta de tu fortaleza. ¿Sabes de quién hablo, no Hazz?.-
Harry hipó y sólo se limitó a observar a su tía a través de sus pestañas pegoteadas y mojadas. Ésta le sonrió y limpió sus mejillas.
-Encontraste a Louis. - Susurró con voz baja la castaña, y todos las células del ojiverde reaccionaron ante ese nombre. - Louis llegó a tu vida a edad tan temprana cariño... y quizás no fue una coincidencia que llegara cuando tú más lo necesitabas. Recuerda que las coincidencias provienen de los más profundos planes del destino. Él llegó, y alejó las tristezas, él te hizo un muchachito fuerte. Podía ver claramente cuán feliz eras junto a él cada vez que los veía juguetear en la vereda de casa, cuán valiente te hacías cuando tomabas su mano, cómo tu sonrisa se volvía el doble de brillante cada vez que lo mirabas. Eras feliz a su lado...Eres feliz a su lado.- Remarcó con cierta congoja, y felicidad y acto seguido apartó unos cuantos rizos enmarañados que caían sobre la frente del menor.
-Quiero disculparme por todo lo malo que dije sobre él esta tarde, lamento tanto haberlo dicho. Debes comprender que sólo estaba devastada y cegada por el dolor en esos momentos, no es nada fácil digerir la noticia que tú me acababas de dar. Por favor, Harry, dile a Louis lo muy arrepentida que estoy de haberle dicho tales atrocidades, dile que lo siento...y dile que de ahora en más tu cuidado lo dejo en sus manos, sé que hará un buen trabajo.-
A medida que continuaba hablando, la respiración de Raquel se volvía más pesada y dificultosa. Su pecho se inflaba y desinflaba con fuerza, como si hacer todo aquello le estuviese doliendo muy en lo profundo. Como si ya le estuviese escaseando el aire.
El ojiverde hipó y limpió con la manga de su sweater las lágrimas que corrían por sus mejillas rosas.
-¿P-porqué dices todo esto tía? T-tú estarás bien, t-tú sanarás y volveremos a ser la p-pequeña familia feliz que éramos, ya veras.-
Afirmó entre sollozos, y la castaña volvió a cerrar sus ojos mientras pintaba otra vaga sonrisa, luego un resoplido débil y sofocado abandonó sus labios.
-Sufrí un grave golpe en la cabeza Hazz, mis pulmones están casi dejando de funcionar. Pediré que me desconecten el respirador artificial, cariño...no quiero vivir en agonía por el resto de mi vida.-
Y ante esas palabras, el agarre que Harry sostenía hacía la mano de la mujer se intensificó al punto que sus dedos comenzaron a doler. No sabía de dónde saltaban tantas lágrimas, pero continuaban escurriéndose de sus orbes verdes, ni siquiera las sentía caer por sus mejillas, sin embargo, veía cada una de sus huellas mojadas en la sábana de la cama de hospital. Era demasiado dolor. Demasiado sufrimiento junto.
-¡N-no me puedes dejar aquí! ¡T-te necesito!.-
Declaró en un chillido con exuberante tormento en su mirada. El escozor en sus ojos ya era insoportable, dolían y ardían, pero continuaban expulsando lágrimas tibias que corrían por sus mejillas con libre albedrío.
-Hazz, tranquilo cariño...- Raquel trató de mitigar la pena.- Tienes a Louis...él te cuidará, él estará a tu lado como lo ha estado haciendo todos estos años, protegiéndote. Harry mírame cariño, mírame y deja de llorar por favor...-
Pidió con angustia. El agarre que Harry sostenía a la mano de su tía, le informó a ésta que el menor había comenzado a temblar. Los labios de Harry estaban formando un puchero y se movían ligeramente en un penoso temblequeo. A Raquel le estaba doliendo más que su respirar ver a su sobrino de tal manera. Tan sumido en el dolor, tan devastado.
-No me dejes por favor...-
Suplicó el rizado con nada más que desconsuelo. Palabras rotas y quebradas que la mujer decidió pasar por alto para no romper en llanto junto al joven.
-Harry, quiero que sepas que estoy muy orgullosa del muchachito en el que te has convertido, me iré sabiendo que hice un buen trabajo contigo, y cuando me encuentre con tus padres allí arriba les contaré todo acerca del maravilloso chico que eres, les contaré anécdotas, les diré que encontraste al amor, y que eres muy feliz junto a él. Sé que ellos estarán tan orgullosos como yo lo estoy ahora.-
Dicho esto, la mujer comenzó a toser con fervor. Atrapaba grandes cantidades de aire y las soltaba con absoluta parsimonia y dificultad. Su vaga sonrisa ahora se había convertido en una mueca de dolor. Entonces una máquina conectada a ella comenzó a hacer ruidos ensordecedores a todo el cuarto. La sangre en el cuerpo de Harry se heló.
Dos enfermeras ingresaron con rapidez al cuarto y chequearon la máquina y unos cuantos papeles sobre la mesa de luz. Harry se incorporó del suelo, y las observó a ambas alarmado, consternado y aterrorizado.
Raquel dió un leve apretón a su mano, y entonces la mirada verde volvió a caer sobre ella. La mujer había comenzado a llorar, pero la vaga y triste sonrisa había vuelto a su rostro demacrado.
-Quiero que busques tu final feliz, Hazz. -Habló con dificultad, respirando y aspirando pausadamente. - Búscalo y encuéntralo, como siempre lo deseaste desde que eras un pequeño niño y me decías que querías una historia tan linda como la de cenicienta. Vendrá más sufrimiento a tu vida, vendrán cosas que te harán caer antes de que eso ocurra, antes de que el final feliz llegue, pero quiero que jamás desistas, sé fuerte bebé. Se que has estado siendo fuerte por demasiado tiempo y quizás ya quieras bajar los brazos, pero no lo hagas. Te prometo que todo esto pasara pronto, sé que serás muy feliz Harry...-
La maquina comenzó a volverse más estruendosa, y entonces las dos mujeres vestidas de blanco sacaron al rizado con apuro de la habitación. Un par de doctores ingresaron al cuarto con premura, colocándose barbijos en sus rostros y desapareciendo por detrás de la puerta blanca.
Harry sólo quedó inmóvil fuera de la habitación, a unos pocos metros de la puerta, con su mirada perdida en la nada, y dejando que el dolor lo arrastrase en su fatídica marea. Dejando que lo ahogara en sus oscuras y solitarias aguas.
Ésa vez, el dolor brilló más intensamente que él.
Aquella noche, Raquel murió, y una parte de Harry también se fue junto a ella.
El joven de orbes verdes quedó sentado un buen tiempo en la sala de espera del hospital, acompañado de más gente con sus esperanzas por el suelo, más gente con sufrimiento a su alrededor. Su mirada vacía de sentimientos pero repleta de lágrimas estaba perdida en el suelo. La sala de espera de a poco se iba despejando y quedando vacía y lóbrega. La gente se retiraba, algunas aliviadas y felices de saber que sus seres queridos estaban bien y sanos, otras llorando desconsoladamente y ahogadas en pena. Harry sólo se mantuvo inmóvil, esperando por nadie. Sólo aguardando a que su madrugada comenzara a mostrar señales de rayos solares en el horizonte. Pero su madrugada parecía ser eterna. Eterna y desgarradora.
(...)
Luego de la discusión con Raquel, Louis había salido de la casa del rizado rumbo al departamento de sus amigos, dispuesto a pasar la noche junto a ellos.
Simplemente, no se sentía en condiciones de regresar a su casa y también tener que soportar la presencia de su madre o sus miles de comentarios homófobos a para con él. Ya tenía suficiente con todo el sufrimiento que estaba pasando debido a la culpa.
Así que Louis había arribado al departamento de Zayn y Liam por algo de "tranquilidad", aunque aquello fue lo menos que encontró. Éstos trataron de animarlo con bromas absurdas, películas ridículas, en un intento desesperado por levantar su ánimo. El castaño no los culpaba, sabía que sus intenciones eran sanas y buenas, pero él no se sentía en el mejor de los humores para sus chistes sin sentido. Sólo quería paz, y tranquilida. Un momento a solas con él mismo. Un momento para reflexionar sobre todo lo ocurrido.
De vez en cuando, el ojiazul les regalaba sonrisas forzadas para complacerlos, y no hacer de sus intentos vanos. Pero por dentro se estaba cayendo a pedazos. Se sentía mal por haber dejado a Harry en el momento menos oportuno, cuando éste más lo necesitaba. También se sentía mal por todas las palabras que le había voceado Raquel, porque todo era cierto. Todos los problemas por los que estaba atravesando Harry en su vida, eran sólo culpa de él, y nada más que él. Ese mismo sentimiento de descollante culpa era el que le impedía regresar en busca del muchachito de ojos jade. No quería ver sus orbes llenos de dolor, no a sabiendas de que era él el provocador de tal pesar. Así que se abstuvo de salir corriendo en su búsqueda. Decidió que un momento a solas sería lo mejor para ambos...
Aquella noche, Louis no había podido dormir. Y no exactamente a causa de los sonidos raros de sus amigos en la habitación adyacente, si no el saber que Harry en esos momentos podría estar necesitándolo. Necesitando un abrazo suyo, un beso, una caricia, o una palabra de consuelo, pero él estaba tan lejos...
Así que esa noche, sólo se mantuvo en vela. Girándose en la cama, buscando en la oscuridad por el torso del rizado para aferrar y envolver con sus brazos, buscando sus labios húmedos, sus rizos sedosos. Sin Harry, ya estaba a un paso de perder su cordura.
El siguiente día, luego de la discusión, Louis decidió regresar a su casa muy temprano en la mañana.
Le fue casi imposible no dirigirle una mirada a la casa vecina. Aquella casa repleta de enredadera que él conocía de memoria desde sus más tiernos años. La vivienda ahora lucía apagada, lóbrega y tétrica. A pesar de que hace tan sólo días estaba llena de vida y calidez, con Raquel regando la enredadera de la cual estaba muy orgullosa, y con Harry ayudándola. Ahora sólo era una construcción sombría.
Louis soltó un triste suspiro e ingresó a sus vivienda con desgano.
Su madre lo recibió de inmediato, asomando su rostro bañado en crema desde la cocina con Nouvel en brazos.
-Vaya, hasta que te acordaste de que tienes un hogar. - Habló con ironía. Louis la ignoró por completo. - ¿Qué sucedió? ¿Te peleaste con tu novio mariconcito y ahora vienes llorando por tu familia otra vez? ¿O será que él te dejo porque encontró otro hombre al cual colgarse?.-
El ojiazul hizo caso omiso a las palabras de su madre, armando una coraza de descollante indiferencia que sólo irritó más a su progenitora. El castaño se dirigió hacía las escaleras, pasando por completo a la mujer, y comenzó a subirlas.
-¡Louis, regresa aquí!- Bramó Jay. - ¡Estuviste desaparecido por dos días y luego regresas a tu casa como si nada hubiese ocurrido! ¡Exijo una explicación!.-
El castaño iba por el sexto escalón cuando se detuvo y giró con brusquedad para enfrentar la penetrante y dura mirada de su madre.
-¡No estoy más con Harry! ¿Bien?- Vociferó con irritación.- ¡Ahora déjame tranquilo y vete a festejar por ahí que tu hijo ya no está con el chico que tanto detestas!.-
Louis estaba seguro de que aquello también había llegado a oídos vecinos por la intensidad con la que lo había gritado, pero no le importó demasiado. Estaba seguro de que todos a su alrededor ya sabían la clase de familia desastrosa que eran. Una familia que se caía a pedazos pero fingía ser feliz y perfecta.
Jay quedó con una expresión inmóvil y estupefacta, pero no acotó nada más. Entonces el castaño dio media vuelta y continuó subiendo las escaleras rumbo a su cuarto. Al llegar hasta allí, se desplomó con pesadez en la mullida cama, y ocultó su rostro contra la almohada. Las lágrimas comenzaron a brotar sin que pudiese hacer nada.
Sabía que no era verdad todo lo que le había voceado a su madre, pero le había dolido el decirlas, porque esa posibilidad ya estaba siendo considera en su mente. Esa posibilidad de separarse del joven de orbes verdes, de dejarlo libre, y sin más sufrimientos.
Louis aferró con fuerza las mantas de su cama, y enterró con más vigor su rostro en la almohada. No quería alejarse de Harry, el menor era su felicidad, era su vida, era su todo... Pero había ciertas veces en que la felicidad de una persona no empezaba sino hasta el sufrimiento de otra, por muy cruel que sonara, y el castaño estaba más que dispuesto a continuar sufriendo sólo por la felicidad de Harry, por verlo sonreír nuevamente, por disipar sus problemas, por alejar el dolor de su vida para siempre. Amaba a Harry, y estaba dispuesto al más profundo de los dolores para traer la alegría devuelta a su vida.
Capítulo 29: Repararte, quebrarte.
Durante toda su vida le han dicho que cuando fuese grande no sería nada. Todas las patadas y todos los golpes, él jamás los mostrará. Porque él es más fuerte de lo que crees, un corazón de acero ha comenzado a crecer. Cuando has estado luchando por eso durante toda tu vida, has estado esforzándote por hacer las cosas bien, así es como un superhéroe aprende a volar, todos los días, a toda hora, convierte el dolor en poder... - Superheros / The Script.
"Todos llevamos dentro un héroe dormido, no lo despiertes, él sabrá exactamente cuando es el momento para hacerlo..."
El aire fresco de las tres de la mañana se colaba por la ventanilla entreabierta del auto de Louis, manteniendo congeladas ambas de sus mejillas. El castaño aspiró profundo, llenándose del aire puro del campo abierto y disminuyó la velocidad del vehículo, después de todo, no iban hacía ninguna parte.
Harry a su lado se removió un poco, soltando un casi imperceptible quejido y Louis le envió una rápida mirada, chequeando que todo estuviese bien. No pudo evitar esbozar una triste sonrisa al verlo.
El rizado estaba acurrucado en el asiento del acompañante, abrazándose a sí mismo en una posición fetal. Lucía como todo un ángel, a diferencia de que - pensó Louis. - él era un ángel roto, un ángel lastimado y con cientas de heridas de batalla, tanto externas, como internas, y éstas últimas no se podían ver a simple vista pero él conocía cada una de ellas perfectamente. Sin embargo, Harry continuaba siendo hermoso, aún con sus mejillas rojas, lastimadas y húmedas, su nariz de igual tono, y sus pestañas pegoteadas por las lágrimas. Así roto y todo, el menor era un ser hermoso que no perdía su luz, y Louis deseó que la conservara así por siempre, sin importar por cuánto más daño tuviese que atravesar en el futuro, que no perdiese aquella luz que lo hacía brillar más intensamente que el sol y la luna unidos.
Harry se removió levemente y comenzó a fregar uno de sus ojos. Luego despertó, parpádeando un par de veces para abrir sus ojos con cierta dificultad y observar a Louis.
-¿D-dónde estamos...?.-
Preguntó con voz más ronca de lo normal mientras se acomodaba en el asiento.
-No lo sé, pero estamos bastantes lejos de Doncaster, vuelve a dormir Hazz...-
El menor bostezó con somnolencia y dió un leve asentimiento. Volvió a acurrucarse en su lugar y en menos de diez minutos, ya estaba nuevamente entre las redes de Morfeo.
Antes de que despertase, Harry llevaba durmiendo unas dos horas, y Louis agradeció que así fuese, pues había estado llorando desconsoladamente por un largo rato antes de caer rendido por el cansancio. El sueño era una buena salida para escapar de todo el dolor por un rato, Louis sabía aquello, así que hizo lo posible por mantener al menor en la tierra de ensueño, siendo precavido y manejando con lentitud.
El ojiazul quitó una mano del manubrio y acarició con cuidado los rizos chocolate de Harry. Volvió su vista a la carretera y comenzó a pensar en todo lo que había sucedido. En lo mucho que habían lastimado a Harry, en todo lo que le habían hecho, su daño físico y psicológico, en cómo haría para volver a repararlo... también pensó en la posibilidad de que, quizás, Harry jamás sanase. Y al pensar aquello, su corazón se sintió como una pesada piedra por unos momentos, porque si es que el joven jamás volvía a ser el de antes luego del incidente de esa noche, se encargaría personalmente de encontrar a la escoria que lo había lastimado, y lo haría sufrir hasta que pidiese, suplicase, por piedad, y exactamente lo mismo iba para Eleanor.
Louis aferró con fuerza el piercing en su labio y comenzó a morderlo, como un método fácil y rápido para desquitar su rabia en esos momentos. Sabía que dentro del cuerpo del joven rizado quedaría una gran mancha que jamás se borraría por mucho que él lo intentase, y eso le dolía, y lo llenaba de cólera. Habían marchitado a su flor más bella.
Harry dejó escapar otro pequeño quejido de sus labios, y Louis volvió a dirigirle una mirada fugaz. A los instantes, el jovencito de rizos despertó sobresaltado y tapó con celeridad su boca con ambas de sus manos.
-¡Detén el auto, detenlo!-
Pidió con dificultad, puesto que sus palmas obstruían el sonido. Louis sin pensarlo dos veces aparcó el auto en la banquina con premura, y entonces Harry salió corriendo con desespero. Los ojos azules lo siguieron extrañados y preocupados. El menor se metió entre el bajo pastizal que se erguía a un costado de la ruta y se dejó caer de rodillas allí. Comenzó a vomitar de inmediato y entonces Louis se bajó del auto con rapidez, posicionándose a un lado de él. Comenzó a frotarle la espalda con suavidad, mientras que con su otra mano le sostenía y apartaba unos cuantos rizos que le caían sobre el rostro para que no le molestasen.
Cuando Harry finalmente teminó de descargarse, se levantó con debilidad del suelo, y Louis lo tomó de inmediato por los hombros. El rizado parecía muy frágil y debilitado, y estaba más pálido que de costumbre.
-¿Te encuentras bien princesa?.-
Preguntó, mientras que con su pulgar limpiaba la comisura de aquellos labios rosados. Los ojos verdes sin brillo lo observaron, aquellos grandes orbes que hace apenas ayer trasnmitían felicidad, amor, sinceridad, y pureza, ahora sólo eran orbes vacíos con nada más que dolor y amargura. Louis sintió una gran oleada de tristeza atravesar su pecho.
-Sí...sólo...sólo tengo algo de hambre, no he comido desde hace varias horas.-
Reveló con voz baja.
-Volvamos al auto princesa, aquí hace demasiado frío y sólo estás con un sweater. El siguiente pueblo está a algunas horas de aquí, así que tendremos que estar un buen tiempo más viajando. Cuando lleguemos buscaremos algo de comida, ¿De acuerdo?.-
Ambos chicos regresaron al vehículo, y éste se puso en marcha nuevamente. Louis decidió acelerar un poco la velocidad, quería llegar al siguiente pueblo cuanto antes, y sabía que al menos unas dos horas le llevaría.
En el trayecto, Harry observaba el interminable cielo estrellado, los campos oscuros que se mezclaban en el horizonte con el firmamento, y las pocas luciérnagas que se paseaban por entre los matorrales espesos y abundantes. Bajó la ventanilla del auto y sacó su mano, dejando que el aire pegara con violencia contra su palma.
Louis lo observó y se sonrió a sí mismo. Buscó con su mano libre la mano izquierda de Harry y la aferró con fuerza. El ojiverde entonces giró y lo observó.
-Princesa, sé que esto es muy duro y quizás no quieras hablar sobre ello, pero necesitamos hablar sobre lo que pasó.-
El menor aferró su labio inferior con sus dientes y bajó la vista. Sabía que ese tema estaba ahí, incomodándolos, y que sólo era cuestión de minutos para que Louis decidiera sacarlo a la luz. Pero él no quería hablar sobre ello, tan sólo quería poder olvidar.
Louis prosiguió.
-No podemos dejar que todo esto quede así como así Hazz, ¿Entiendes? Debes decirme qué fue lo que te hicieron, quién te lo hizo, o cómo era ese hombre. Debe pagar por todo lo malo que te hizo bebé.-
El castaño hablaba con tono calmado y suave, tocando aquel tema con suma delicadaza porque lo ameritaba. No quería ser brusco y crudo cuando el estado en el que se encontraba el joven de ojos verdes aún era frágil. Harry lentamente deshizo el agarre con su mano.
-No. -Respondió, y Louis frunció el ceño. - Por favor Lou... hagamos como si esto nunca hubiese pasado, por favor...no quiero más problemas, quiero que esto quede atrás, que sólo sea un horrible recuerdo ¿Podemos, por favor?.-
Louis aprisionó ambos de sus labios y el agarre que sostenía en el manubrio se intensificó. Entendía la posición en la que se encontraba el joven de ojos verdes, entendía que quizás ahora estaba demasiado dolido con todo como para sumarle más problemas y hablar sobre el desastrozo momento por el que había pasado, pero debían hacer algo con todo eso. Lo habían lastimado, lo habían secuestrado y torturado, Louis no podía ni quería dejar las cosas como si nunca hubiesen sucedido.
-Hazz, escucha...- Comenzó. - Lo que te hicieron estuvo muy mal princesa, lo que te hicieron no se le debe hacer a ningún ser humano, y para impedir que eso vuelva a suceder debemos informarlo a las autoridades. Si no lo haces por ti, al menos hazlo para que a nadie más le ocurra. ¿Sí...?-
Los ojos azules observaron nuevamente a Harry, éste ahora estaba aferrado con fuerza a los extremos del sweater. Sus manos temblando ligeramente.
-Por favor, Lou, tan sólo olvidemos...-
Suplicó con voz débil y quebrada, y Louis supo que Harry estaba a punto de llorar. Soltó un suspiro y acarició el muslo desnudo del joven.
-De acuerdo Hazz, trataremos de olvidar...-
Replicó, pero él estaba seguro de que no lograría olvidar. No podía olvidar. Lo que le hicieron a Harry fue ruín, desagradable, y digno de las personas más inmundas. Si éste optaba por tan sólo olvidar, quizás era por su personalidad dócil, o su resignación al sufrimiento, pero él no era como Harry. Él se encargaría muy bien de pagarle con la misma moneda a los que lo hicieron sufrir y llorar despiadadamente.
(...)
El horizonte comenzaba a aclarar cuando un cartel verde al costado de la ruta les informó que estaban a sólo diez kilómetros del siguiente pueblo. Para esos instantes el estómago de Harry hacía más ruido que un León enjaulado y molesto, y Louis supo que debían encontrar comida cuanto antes si es que no quería que el menor cayera desmayado por la debilidad de tal ayuna.
La ventanilla del lado del ojiverde estaba completamente baja, dejando entrar el fresco aire otoñal de la mañana que jugaba libremente con sus cabellos rizados. Harry tenía su cabeza apoyada en ambas de sus manos sobre la ventana, observando y apreciando el alba que poco a poco asomaba por el firmamento, regalando una muy variada gama de colores interesantes. Giró su rostro y observó el paisaje que se mostraba por la ventanilla de Louis. Ese lado opuesto del cielo aún estaba oscuro. Muy oscuro. Y Harry se percató de que el cielo siempre era así antes de que amaneciera. Siempre era más apagado y lóbrego - Incluso más que el cielo a las doce de la noche.- y pensó en que, quizás, así también ocurriese en la vida de las personas, que cuando todo parecía oscuridad absoluta, la luz comenzara a filtrarse. Él sólo esperaba que su madrugada no fuese tan prolongada, porque no creía que pudiese soportar por mucho tiempo más aquella dolorosa seguidilla de sucesos desafortunados.
Suspiró y ladeó la cabeza. Un gran cartel se hizo visible un poco más adelante, y Harry afinó su vista para reconocer lo que allí decía.
"Bienvenidos a Green Valley".
El pueblo al que entraron era uno pequeño, pero constaba con una gran población, que por lo que parecía; era muy trabajadora. Todos estaban despiertos a tal hora de la mañana. Había viejos señores abriendo sus pequeños locales, vendiendo pan recién hecho en carros, o señoras tejiendo en las veredas de sus casas recién limpiadas. Los niños también se hacían presentes, andando en bicicletas, o jugando con múltiples juguetes en las veredas. Una auténtica sonrisa apareció lentamente en el rostro lastimado del rizado al ver tal paisaje.
-Aquí es muy lindo.- Murmuró, mientras con grandes ojos atentos apreciaba todo desde la ventanilla. Louis sonrió.
-Queda muy cerca de dónde está nuestra pequeña casa, ¿La recuerdas princesa?.- Harry asintió, sin quitar la vista de cada una de las pequeñas construcciones pintorescas. ¿Como podría olvidar la casa en la cual Louis había prometido, vivirían cuando contrajese matrimonio? - Aquí podremos venir cuando necesitemos comprar comida o demás cosas indispensables en nuestro hogar. Es el único pueblo que queda más cerca...-
Y al menor le agradó esa idea. Podía imaginarse comprando por algunas de esas pequeñas tiendas, o caminando por la tranquilidad de esas calles estrechas y repletas con hojas de Ombúes. Soltó un suspiro de regocijo y luego su mirada cayó sobre un hombre anciano vendiendo pan en la vereda de su casa.
-¡Lou, detente aquí! ¡Cómprale pan a ese señor!-
Exclamó con celeridad, antes de que el ojiazul lo pasara. Señaló a un punto exacto a través del cristal, y Louis disminuyó la velocidad del auto. Buscó con la mirada al señor al cual se refería su novio, y enseguida lo encontró. Era un hombre de edad mayor, unos setenta u ochenta años, con ropas viejas, y una boina gris ocultando sus cabellos blancos. En una pequeña mesa, exponía sus panes sobre un mantel a cuadros y Louis supo que Harry le había pidido aquello no por saciar su hambre con pan, si no por ayudar al hombre.
-Regreso enseguida princesa.-
Habló con suavidad, y Harry asintió. Louis bajó del auto, haciendo su camino hasta el hombre sentado en la vereda de su humilde vivienda y lo saludó con un movimiento de mano.
Los ojos verdes observaban con atención desde dentro del auto. El hombre le sonrió anchamente a Louis y comenzó a meter panes dentro de una bolsa de plástico transparente. Metió uno, luego dos, tres, cuatro, y así estuvo hasta acabar los veinte panes caseros que tenía sobre su mesa. Harry sonrió en grande, regalándole una mirada de completa dulzura a su novio, mientras, éste trataba de sostener la gigante bolsa de pan mientras el hombre buscaba el dinero para darle el vuelto.
El castaño regresó al auto, y el hombre lo despidió con una enorme felicididad, y es que no era para menos, había vendido toda su mercancía en un sólo cliente amable. Cuando Louis entró, fue recibido inmediatamente por los brazos de Harry alrededor de su torso, luego un enorme beso en su labios, y casi como reacción inmediata, una sonrisa se pintó en sus finos labios.
-¿Y eso porqué fue?.-
Inquirió con diversión mientras arqueaba una de sus cejas. Sabía perfectamente porqué había sido aquel beso.
-Gracias por ayudarlo.-
Contestó el menor en una sonrisa, mostrando sus hoyuelos, aquellos que Louis ya comenzaba a extrañar y que cuando vio, volvió a sentir que, quizás, no todo estaba perdido.
Le revolvió sus cabellos enrulados y le sonrió como respuesta.
-Come un poco de pan y regresemos a casa Hazz.-
El menor asintió y tomó uno de los panes, dándole un gran mordisco, masticando y tragando como si hubiesen pasado años desde que no lo hacía. Louis se limitó a observarlo comer en silencio, con una mirada destellante de amor y embeleso. De vez en cuando cuestionándole a la vida si es que había hecho bien en traerle tanto dolor a un ser como lo era Harry, tan puro, tan inocente. Quizás, ésta sólo quería que el rizado aprendiese algo de todo aquello, o que comprendiese su mensaje, pero Louis de igual manera no estaba de acuerdo con la manera que había elegido para enseñarle a ser fuerte. Decidió simplemente aceptar, porque después de todo, la vida jamás se equivocaba con sus planes para cada persona...
Las cosas sucedían, buenas y malas, y siempre era por algo.
(...)
8:45 a.m
Luego de un largo viaje de regreso, finalmente ambos muchachitos arribaron al vecindario. Harry atrapó una gran cantidad de aire al reconocer su vivienda cubierta de enredadera a tan sólo metros. Soltó el aire con parsimonia a medida que el auto se iba aproximando. El nerviosismo comenzó a consumirlo, ¿Cómo le explicaría todo a su tía?
-Bien, aquí estamos...- Louis frenó justo frente a la casa, y luego se giró para observar al ojiverde, éste le sostuvo una mirada que reflejaba miedo y preocupación. Louis trató de sonreírle tranquilizadoramente, pero su sonrisa salió más como una pobre mueca. -Todo estará bien bebé...- Afirmó, y el ojiverde le asintió titubeante.
Con lentitud, ambos bajaron del auto. Harry estiró su sweater lo más que pudo para ocultar sus partes íntimas e hizo su camino junto a Louis hasta la puerta. Allí, ambos se detuvieron y unieron verde y azul en una mirada llena de incertidumbre. El castaño le tomó la mano y le dió un leve apretón, informándole que él estaba ahí, a un lado de él, y que no tenía porqué preocuparse. Después de todo, Louis sabía que la peor parte se la llevaría él. Raquel seguramente no lo dejaría si quiera poner un pie dentro de la casa.
Cuando la puerta de madera finalmente se abrió, se reveló la figura de Raquel en una bata de dormir. Los ojos castaños de la mujer lucían cansados y oscuras ojeras los enmarcaban por debajo. Con rapidez, espesas lágrimas comenzaron a cubrir sus orbes.
-¡Harry!- Chilló con voz quebrada, y el cuerpo de Harry fue atrapado de inmediato por sus brazos, con fuerza, cariño, y alivio- ¡Harry por dios, estás bien!.- Sollozó.
Raquel se separó del abrazo y aferró ambas mejilas del menor con cuidado. Su expresión cambió rotundamente al notar cuán lastimado estaba el joven.
-Oh mi dios... ¡¿Qué te hicieron Hazz?! - La mujer palpó levemente una de las mejillas heridas con rastros de sangre seca, y el menor hizo una ligera mueca de dolor. Entonces los orbes castaños de Raquel viajaron enseguida hasta los ojos azules, su mirada cambió radicalmente pasando de una suave y preocupada mirada, a una mirada de furia y recriminación.
-¡¿Y tú porqué diablos no lo trajiste antes?! ¿Acaso no viste el estado en el que estaba? ¿Acaso no te preocupas por él?. - Bramó, y Louis se mantuvo callado. -¡Estuve esperando en vela toda la maldita noche para que aparecieras con él sano y salvo! ¡Estuve despierta con el corazón en la boca preguntándome si mi pequeño estaba bien, si es que nada malo le había sucedido y ni siquiera fuiste capaz de avisarme que ya lo habías encontrado!-
Raquel chilló con enojo, con las lágrimas saltándole de los ojos, y entonces la culpa cayó sobre los hombros de Louis como una pesada carga de hielo frío. Sabía que esto le esperaba en el mismísimo instante en que había decidido llevar a Harry lejos de la ciudad en vez de regresarlo a su casa, como era debido.
Mantuvo el silencio, y Harry decidió intervenir. No era bueno que estuvieran a los gritos en la puerta de la casa, y a tan tempranas horas de la mañana.
-Tía, entremos a casa por favor...-
Pidió con suavidad. Raquel, lentamente borró su ceño fruncido.
-De acuerdo, pasen... - Espetó, moviéndose de la entrada y ambos chicos ingresaron. - Pero exijo una explicación de todo est...HARRY POR DIOS, ¡ESTÁS DESNUDO! ¿¡QUÉ OCURRIÓ CON TU ROPA!?.-
Harry se giró exaltado y estiró aún más su prenda de lanilla.
-Tía, tranquila por favor, no fue nada, sólo...se me rompieron.-
Explicó torpemente, y la mujer lo miró fijamente con una mirada nada conforme. Trataba de sacar algunas conclusiones de aquello, de la expresión de Harry, del porqué de su desnudez, y su semblante rápidamente cambió cuando una idea no muy agradable le surcó entre sus pensamientos.
-Harry no me digas que...ho dios no me digas que...- Sollozó.
-No, no es eso que piensas tía, en serio.- Se apresuró a aclarar el menor, y los pulmones de Raquel volvieron a respirar con normalidad. Aunque aquella sensación nada agradable continuaba en su estómago.
-Entonces explícame porqué no estás usando ropa interior ni pantalones.-
Harry bajó la vista lentamente.
-Es que...-
Susurró por lo bajo.
-Eleanor. - Replicó Louis, y la mirada de Raquel tanto como la de Harry se posaron sobre él con premura. - Eleanor nos tendió una trampa a ambos, ella quería... - Se detuvo y peinó sus lacios cabellos hacía atrás soltando un gran suspiro. Aún podía creer todo lo que la obsesión había llevado a la muchacha. -Quería tener sexo conmigo, y ordenó que secuestraran a Harry para que no fuese una molestia entre nosotros...-
Raquel quedó observando por unos segundos a Louis con una expresión estupefacta. Quería creer que todo aquello que había salido de los labios del joven de ojos azules no era cierto. Pero el silencio en él corroboraba sus palabras dichas. Parecía pura ficción, una idea salida de una mente descabellada y desquiciada. Pero el joven castaño aún no mencionaba el porqué de la desnudez del menor.
-Qué le hicieron a Harry.-
Demandó con dureza, exigiendo saber qué había sucedido con el rizado mientras lo tenían secuestrado.
-Solo me pegó, y me obligó a besarlo, sólo eso tía...-
Explicó el rizado, con voz apenas entendible. Pero la mujer no era tonta, sabía que eso no había sido todo. El rostro triste y los ojos vacíos de su sobrino le decían que no sólo le habían obligado a dar un beso.
-Harry, dime la verdad, por favor.- Exigió, observando a su sobrino con cierta decepción. No le gustaba que el joven al cual había criado y entregado su amor incondicional, le mintiera. Harry jamás había hecho tal cosa.
El ojiverde se mordió con fuerza su labio inferior. Una atmósfera llena de incertidumbre se formó en la sala de la casa mientras el silencio se mantenía, adueñándose por completo de la escena.
-Él...él me obligo a que le practicara sexo oral...-
Ante esas palabras que sonaron como la más triste de las oraciones a los oídos de Raquel, ésta se dejó caer al sillón y comenzó a llorar, ocultando vanamente sus ojos con ambas de sus palmas.
Harry se acercó a ella de inmediato, y se sentó a su lado. Comenzó a frotarle la espalda con delicadeza, en un intento por tratar de reconfortarla. Louis observó la escena en silencio, sintiendo cómo sus piernas parecían ya no poder soportar el peso del dolor. Cuando Harry mencionó aquello a su tía, otra vez había vuelto a su mente la imagen del cómo lo había encontrado. Tirado como una bolsa de basura en el rincón de aquel oscuro callejón, desnudo, temblando, con sangre y esperma saliéndole de su boca, y entonces Louis tuvo que batallar duro por no dejar escapar un sollozo. Harry había pasado por tanto en sus cortos dieciséis años, y sin embargo estaba allí, tratando de consolar a su tía cuando en realidad los roles debían ser los contrarios.
Raquel alzó su rostro, y su mirada llena de dolor, cambió en una de furia cuando se clavó en Louis.
-¡Tú tienes la culpa de todo esto, maldición! - Bramó a más no poder. Su rostro completamente devastado cubierto por lágrimas saladas. - ¿Por qué Harry tiene que soportar todo este dolor sólo porque a ti se te ocurrió enamorarte de él y no de la vecina? ¡Explícame porqué mierda tiene que soportar las torturas y burlas de esa muchacha sólo porque tú te fijaste en él y no en ella! ¡Él no tiene la culpa de eso! ¿¡Por qué debe soportar estas cosas injustamente!?.-
Y un pequeño click se oyó dentro de la mente de Louis ante aquellas desgarradoras y acusadoras palabras. Porque todo lo que voceaba Raquel era cierto, porque Harry sólo soportaba las torturas de Eleanor porque ésta estaba celosa de él. Harry no tenía la culpa de absolutamente nada...
-¡Dime algo maldita sea! ¡Dime que aunque sea harás que encierren a esa muchacha en la cárcel! ¡Dime que harás algo con todo esto!.-
Raquel continuó gritando, pero Louis ya no escuchaba. Sentía que la culpa se había apoderado de todos sus sentidos, impidiéndoles funcionar como era devido.
Toda la culpa era de él. Toda de él. Se repetía una y otra vez en su mente.
Sólo se había metido a la vida del joven de ojos verdes a traerle dolor. ¿Por qué marchitaba todo lo que tocaba? ¿Por qué se pudría y se volvía gris y amargo? Había prometido que estaría junto a Harry aún si el estar en su compañía le generara cambios a su personalidad, o incluso si pudiera pudrirlo y volverlo una espina como él, porque después de todo él lo seguiría amando...pero ahora dudaba de todas aquellas palabras.
-Él no quiere que haga nada al respecto...- Reveló por lo bajo, con su mirada clavada en el suelo.
-¡Perfecto, lo que faltaba! -Exclamó mientras alzaba sus manos al aire.- ¿Entonces piensas hacerle caso y no hacer nada? ¿Eres idiota Louis?-
-¡Tía, ya basta!.- Chilló el ojiverde ante tantas acusaciones por parte de la mujer. Pero Raquel no estaba dispuesta a cerrar sus boca y no expresar su desconformismo respecto a toda aquella situación.
-¿Piensas quedarte callado? ¿Sabes que el culpable de todo esto eres tú, verdad? Por eso no dices nada.-
Volvió a dirigirse a Louis, y éste aferró su piercing con fuerza.
-¡Tía!.-
Otro grito desesperado por parte de Harry llenó la sala. Louis finalmente alzó su vista y observó al menor con mirada compugnida. Diciéndole una y otra vez cúanto lo sentía con tan sólo una mirada llena de dolor. Pidiéndole disculpas por todo el sufrimiento que había provocado en él desde que había entrado en su vida. Tanto las acusaciones de su madre, como las bromas crueles de Eleanor. Todo eso había ocurrido sólo porque se le había ocurrido enamorarse de él, de su dulce sonrisita infantil, de sus hoyuelos marcados, de sus grandes luceros, de su inocencia, sus rizos, su obsesión con las princesas, su personalidad femenina, o sus movimientos delicados.
-Lo siento tanto princesa...- Murmuró por lo bajo, y con rapidez, dio media vuelta y se dirigió a la puerta para abandonar la casa en silencio. Necesitaba pensar en todo aquello, necesitaba saber si estaba dispuesto a dejar que Harry estuviese expuesto a más dolor sólo porque ambos se amaban.
Cuando la presencia del castaño desapareció, la poca luz que quedaba dentro de Harry se esfumó junto a él, porque aquella luminosidad y fuerza que lo impulsaba luego de tanto dolor, era el saber que Louis estaba allí con él. Pero ahora ya no era así.
-Tu hermoso y perfecto príncipe huyó como un cobarde de los problemas, ¿Lo ves? Siempre supe que ese muchacho no era bueno para ti.-
Y Harry se dejó caer en el sofá con pesadez, con su mirada aún fija sobre la puerta, rogando para que Louis volviese a entrar, para que se quedara con él porque estaba sufriendo mucho en esos momentos, y lo necesitaba más que a nada en el mundo.
Separados, ambos eran aves cayendo en picada desde lo más alto del cielo.
(...)
Luego de que Louis se hubiese marchado de la casa, Raquel y Harry habían continuado discutiendo. El rizado comenzó a desconocer a la mujer que lo había criado, no podía creer cómo ella suponía que el culpable de todo aquello era Louis. Estaba más que seguro de que el ojiazul no era culpable en absoluto de la personalidad retorcida y desquiciada de Eleanor. De su nociva obsesión, o de sus acciones perversas y oscuras para con él.
-¡No tenías derecho a tratarlo como lo hiciste! ¡Se fue por tú culpa!- Chilló con dolor, mirando con reproche a su tía. Harry ya casi no sentía fuerzas para gritar, no estaba en condiciones de seguir soportando más nada.
-¿Lo vas a proteger Harry? ¿En serio? Desde que entró en tu vida no hizo más que traer consigo problemas para ti. Aquella muchacha se está desquitando contigo al no obtener su amor, y eso es muy injusto Harry.-
-Pero no tiene la culpa de que una loca se haya enamorado de él.- Contraatacó con cierta debilidad en su voz. No le agradaba pelear con su tía, jamás lo había hecho, pero ahora la mujer estaba siendo muy injusta, y Harry sentía que debía defender a Louis de sus palabras.
Raquel tomó las llaves de su Van y peinó sus cabellos en una coleta muy alta. Sus manos daban movimientos bruscos mientras la ataba, dejando al descubierto la frustración e irritación que corría en sus venas hacía todo su cuerpo.
-¿Sabes qué Harry? ¡Tienes razón! Tu perfecto príncipe no tiene la culpa de nada, él es un santo que te ama y te protege de todo y por tal razón te secuestraron, y por eso te dejó aquí sólo y se escapó hacía su casa como un cobarde. - Replicó con voz elevada desde la puerta, a un paso de salir de la casa. - Iré a despejarme un poco de todo esto, y espero que cuando regrese al menos hayas considerado la idea de hacer una denuncia respecto a todo esto, por el amor de dios, Harry.-
-¡Si vete, vete hasta que te calmes un poco!. - Espetó con tono elevado Harry mientras la mujer cerraba la puerta. - Vete, vete como hizo Louis...déjenme solo aquí que no los necesito...- Murmuró, mientras abrazaba sus rodillas y se acurrucaba en sí mismo en el sillón. Sin más, el joven comenzó a llorar, exigiéndole un poco de piedad a la vida. Que no fuese tan duro con él, que tuviera compasión. Cerró sus ojos con fuerza y las lágrimas bañaron a su antojo sus mejillas, Trató de llamar al sueño obligadamente, y deseó que al despertar, el dolor ya estuviese muy, muy lejos...
(...)
19:35 p.m
Harry despertó bruscamente al sonido de intermitentes golpes en la puerta principal de la casa. Lo primero que atinó a hacer, fue salir corriendo hacía la planta alta en busca de algunos pantalones, pues se había percatado de que en ningún momento se había puesto unos desde que había llegado a casa.
Bajó con ligereza las escaleras, y con extrañeza, el joven se dirigió a la puerta, preguntándose quién podría ser. Sabía que su tía no podía ser, pues ésta tenía llaves y podía entrar libremente sin necesidad de llamar. Entonces pensó en que quizás era Louis, quién venía a disculparse por haberlo dejado solo cuando más lo necesitaba.
Pero al abrir la puerta, ningún par de ojos celestes lo recibieron. Eran dos señores con uniformes policiales y éstos posaron su vista sobre el menor. Entonces la expresión de Harry se congeló, y comenzó a pensar en que, seguramente, su tía había informado a las autoridades sobre todo lo ocurrido, y ahora ellos lo llevarían para hacer una declaración o algo por el estilo.
Harry mordió con fuerza su labio inferior y tragó en seco.
-¿Harry Styles?.- Inquirió uno de los señores, y el rizado asintió titubeante.
-Necesitamos llevarlo hasta el centro médico, su tía ha sufrido un grave accidente automolístico.-

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Capítulo 21: Creciendo a tu lado.
No es un paseo por el parque para amarnos el uno al otro, pero cuando nuestros dedos se entrelazan, no lo puedo negar, no puedo negar que lo vales. Porque después de todo este tiempo, todavía estoy en ti. Deberían haberse terminado todas las mariposas, pero yo estoy en ti, y cariño, incluso en nuestras peores noches, yo estoy en ti. Deja que ellos se pregunten cómo es que hemos llegado hasta aquí, porque yo realmente no necesito preguntarme en absoluto, si después de todo este tiempo, todavía estoy en ti...- Still into you / Paramore Domingo 13:06 p.m
-¿Y por qué las gallinas no pueden volar?.- Louis le lanzó una veloz mirada al jovencito tumbado a un lado de su cuerpo. -No lo sé Harry, porque quizás sus alas no son de la suficiente magnitud como para elevar sus cuerpos…?- Contestó con desgano y cierta desconfianza pues no estaba del todo seguro de si su respuesta era la correcta. Pero el menor pareció tomar sus palabras como pura sabiduría y asintió ligeramente con comprensión. Harry continuó comiendo las palomitas de maíz con su vista fija en la pantalla de la netbook, y Louis imploró para que sus preguntas finalmente hayan acabado y pudieran ver la película en silencio, pero Harry no parecía dispuesto a reprimir su curiosidad.
-¿…y los pingüinos?-
Luego de una ajetreada y dura semana, en la que Harry se habia visto casi ahogado con bromas pesadas por parte de la castaña, finalmente el fin de semana había arribado para ambos. El domingo era triste y gris, con lluvias que descendían pero tomaban fuerza a los instantes, invitando a todos los habitantes de Doncaster a encerrarse. Debido a esa razón, Louis había decidido llevar su netbook hasta la casa del menor, con la intención de pasar ese aburrido día junto a él. “Pollitos en fuga” iba casi por la mitad, y aunque Louis ya la había visto como cinco veces y la sabía de memoria, sorprendentemente era la primera vez que Harry la veía y debido a esa razón estaba muy entretenido y maravillado. El ojiverde estaba completamente concentrado en el filme. Miraba con atención, reía, comentaba, y durante toda la película se la había pasado interrogando preguntas algo absurdas y sin sentido alguno, logrando que de a poco la paciencia de Louis se escapara.
El castaño resopló con fastidio y peinó sus lacios cabellos hacia atrás antes de contestarle. Ya había perdido la cuenta de todas las interrogaciones que el muchachito de ojos verdes venía haciéndole desde que la película había comenzado. Trató de formular una respuesta que sea cortante y directa, para hacerle saber que ya habían sido demasiadas interpelaciones. -Porque los pingüinos nadan Harry. Además sería jodidamente ridículo y extraño que pudiesen volar. Imagínate ver pasar un pingüino por el cielo.- Entonces el rizado soltó una risa bulliciosa que se apagó a los instantes al momento en que una nueva duda surcó en su cabeza. -¿Y entonces por qué tienen alas?-
Louis lo observó con fastidio. Definitivamente si tuviese una cinta adhesiva a mano, no dudaría en absoluto en usarla con el menor. Decidió cambiar de película por otra -que él estaba seguro- mantendría a Harry callado y más que absorto.
-¡No, no la saques! ¡Estoy viendo, Louis!-
El chico de ojos jade se abalanzó hacía la mano del ojiazul por detenerlo, intuyendo a la perfección sus intenciones. Batalló con la mano del chico mayor por unos instantes, pero este fue más fuerte, apretando de todos modos ese botón en la nebook que cambiaba a la película siguiente. El castillo de Disney se dibujó en la pantalla y Harry quedó quieto. Entonces Louis sonrió triunfante. Los ojos verdes se abrieron y brillaron como estrellas al reconocer el inicio de esa película que él tanto sabía de memoria. -¡Cenicienta!- Exclamó con emoción y alegría mientras daba cortos aplausos. -A ver si con esto lográs mantener un poco la paz…-
Espetó el ojiazul mientras se acomodaba en la cama nuevamante, haciendo que también Harry se removiera un poco. El rizado volvió a abrazarse al torso firme de Louis y comenzó a acariciar con la punta de su pie izquierdo el pie de este. El material suave y algodonoso con el que estaban hechas las medias del ojiverde causaba un cosquilleó en Louis; a sus pies, a su estómago, a su corazón…pero él estaba seguro de que las reacciones de estos últimos dos no era por las cosquillas recibidas. Se encontró sonriendo y acariciando la mata de rizos chocolate. Provocándole leves ronroneos agradables a Harry. -Algún día seremos como ellos, como Cenicienta y el príncipe.- Masculló con tranquilidad Harry y Louis lo observó.
-¿No podemos ser como la sirenita y su príncipe? Al menos Eric parece más hombre que el príncipe de Cenicienta, con sus calzas apretadas y su cabello bien peinado, no quiero ser él. Yo no soy tan afeminado.-
Harry soltó una contagiosa risa y lo observó.
-Bueno…,cualquiera de los dos príncipes está bien si es que copias algo de la valentía que poseen...-
Comentó con simpleza mientras volvía su vista a la película. Louis frunció sus labios y detuvo las caricias al cabello esponjoso.
Ese comentario fue un pequeño golpe a su persona, pero por mucho que le costara aceptarlo, él también deseaba eso. Lograr tomar de la mano a Harry en público sin importarle absolutamente nada, besarlo frente a su madre, o al menos decirle a ella que el quería al muchachito rizado. Conllevaría mucho esfuerzo y paciencia por parte de ambos. Louis sabía que no sería nada fácil volverse valiente pero estaba dispuesto a lograrlo. Sabía que de otra forma, podría perder a Harry, y eso era lo que menos quería en el mundo.
-Harry.- Habló con tranquildad y el nombrado lo observó nuevamente. -Sé que te dije que trataría de que los comentarios ajenos no me importaran, y que trataría de volverme un poco más valiente, pero también necesito de tu ayuda…y de tiempo. ¿Sí?.- El muchachito de rizos asintió con parsimonia. -Pero siento que…me estás presionando.- El rizado frunció el ceño levemente. -No te estoy presionando Lou. Es sólo que…tú mismo me dijiste que no tenía que importarme lo que los demás dijeran, y estas contrariando tus propias palabras, y yo no sé si podría soportar ocultar por mucho más tiempo esto…- Louis bajó la vista y mordió su piercing. Harry tenía razón. Ambos quedaron en silencio, escuchando de fondo la lluvia pegar contra el cristal de la ventana, los diálogos de cenicienta en la netbook, y sus respiraciones pesadas, hasta que la voz de Raquel irrumpió en la calma, sobresaltándolos.
-¡Hazz, cariño! ¡Les preparé algo de leche con chocolate! ¿Quieren que se las traiga ahora, o más tarde? Harry observó a Louis por una respuesta u aprovación.
-No suena mal.- Contestó con un encogimiento de hombros y el ojiverde le sonrió vagamente con un asentimiento. -¡De acuerdo tía!-
Respondió con el mismo tono intenso que había usado la castaña. -¡Entonces enseguida les traigo!- Los pasos de Raquel se alejaron de la puerta y Harry volvió a esbozar una sonrisa, esta vez, repleta de picardía por la brillante idea que había venido a su mente gracias a su tía. Observó a Louis aún no pudiendo controlar esa sonrisa pícara. -¿Quieres…quieres ser un poco más valiente Louis?-
Farfulló con marrullería pero manteniendo la timidez, observando con ojos inocentes al ojiazul. Este le devolvía la mirada con completo desconcierto. -¿A qué te refieres?.- Inquirió con confusión y frunció su ceño. Se sentó en la cama lentamente para poder apreciar mejor el rostro del ojiverde. Las mejillas de este de a poco se coloreaban de carmín y Louis intuyó que algo travieso pasaba por sus pensamientos. -…Mi tía, ella aún no sabe que nosotros…bueno…ya sabes…- Harry se encogió de hombros y bajó la vista. –Regresará al cuarto en unos minutos…puedes besarme frente a ella para lograr vencer un poco tu miedo…es decir…por algo se empieza…pero si no quieres está bien igual…no te estoy presionando a hacerlo…-
Harry hablaba entrecortado y tartamudeando, con cierto miedo de dejar salir aquellas palabras incitadoras. Louis arqueó una ceja por la nueva faceta que el chico menor estaba dejando al descubierto. Era inocente pero con la pizca exacta de descaro y desfachatez, y a Louis eso lo parecía fascinante y excitante. Sonrió ladino. -Acepto esa prueba ricitos.-
Anunció con diversión y seguridad mientras se lanzaba encima del cuerpo del ojiverde, dejándolo debajo de su cuerpo en la cama. Louis comenzó a hacerle cosquillas en el cuello que eran causadas por besos cortos y suaves y las risas de Harry no tardaron en llegar. Dulces, tiernas, absorbentes, encantadoras y estaban dejando cautivado al mayor. El menor chillaba entre risas por que se detuviera, pero Louis no frenó por sus pedidos, frenó sólo para observar su ancha sonrisa con claridad. Su blanca y pareja fila de dientes al descubierto, sus hoyuelos marcados, sus ojos entrecerrados por la risa y sus rosados y apetitosos labios. Esos gruesos y carnosos labios que parecían haber hecho sólo para ser besados y saboreados por la eternidad. El ojiazul los atrapó vertiginosamente y el muchachito de rizos abrió los ojos en asombro. La lengua de Louis no tardó en adentrarse en Harry y este se tensó ligeramente. El castaño había empezado a besarlo de aquella manera unos días atrás, y él aún no se acostumbrada a aquello, Louis era el primero que lo besaba de tal manera. No eran besos nada parecidos a esos besos dulces, agradables y hasta con un toque de timidez que ambos compartían los primeros días. Estos eran más íntimos y apasionados, y Harry en cierta forma se sentía corrompido. Pero podía acostumbrarse a aquello. Podía acostumbrarse a la experiencia de Louis. Las manos traviesas del ojiazul se colaron por debajo del sweater beige del ojiverde y este dió un leve respingo por la piel fría de la mano de Louis entrar en contacto con su piel tibia. El menor soltó una tímida risita cuando Louis mordió levemente su cuello y acto seguido los ocultó a ambos debajo de las mantas, formando una especie de tienda de campaña. Rápidamente el aire dentro de su improvisada carpa comenzó a volverse agobiante, y Harry sentía que a sus pulmones le escaseaba el oxigeno, pero todo eso era subyugado por las sensaciones que Louis le estaba regalando. El castaño continuaba jugando con la piel sensible del menor. Era como una especie de juego de botones. Mordía, lamía, descubriendo cuáles eran los puntos que le provocaban tales reacciones. Lo estaba descubriendo. Se acercó con lentitud a su oreja y la mordió fuertemente, entonces Harry soltó un chillido de dolor, al mismo tiempo en que la puerta del cuarto se abría, dejando llegar el sonido del rechinido a ambos pares de oídos. -Chicos, les traigo la leche con chocolat…-
Raquel enmudeció al instante por el estupor. Louis rápidamente quitó de encima las mantas que los cubrían y ambos observaron con muecas atónitas a la mujer. Raquel arqueó una ceja aún pasmada y sin pensarlo dos veces tomó uno de los vasos de leche caliente y se lo arrojó de lleno en el rostro de Louis.
-¡MALDITO DEGENERADO, QUÍTATE DE ENCIMA DE MI SOBRINO! ¡SIEMPRE SUPE QUE SÓLO TE ACERCABAS A ÉL PARA APROVECHARTE DE SU INOCENCIA!- Bramó con exaltación y enfado.
-¡¿QUÉ DIABLOS LE SUCEDE?! ¡¡¡ESTO ARDE!!!- Louis gimoteó con dolor mientras se aferraba su rostro adolorido el cual de a poco comenzaba a volverse colorado. La brillante idea ya no le pareció tan genial a Harry. -¡¿Tía qué hiciste!?- Se levantó con rapidez para verificar el estado del ojiazul y le tendió una prenda suya para que puediera secarse. Observó con reproche y enojo a la castaña.
-¡¡¡Harry te estaba por violar!!! ¡No lo defiendas!-
Y esa fue la oración que hizo culminar todo dentro del joven rizado. ¿Por qué todos pensaban que Louis sólo se acercaba a el para hacerle nada más que daño?
-¡No estaba por hacer tal cosa! ¡¿Por qué todos creen eso?! ¡El que se vista de manera amenazante y use aros o tenga tatuajes no les da derecho de que lo juzguen mal!-
Vociferó con enojo y decepción, y Raquel quedó callada observando pasmada a su sobrino enfadado. Nunca lo había visto de aquella manera. Él nunca le había levantado la voz. Supuso que había tocado una parte en él que no debía.
El rizado comenzó a jadear encolerizado pero con sus orbes tristes y llenos de lágrimas que amenazaban con caer en cualquier momento. Entonces la castaña se sintió muy mal por lo que había hecho. -¡No vuelvas a pensar algo así de él nunca más tía! ¡Él no es así!.- Chilló con voz quebrada y dolida y unas pequeñas lágrimas se escaparon de las esquinas de sus ojos. Louis lo observó con sorpresa. Nunca nadie lo había defendido tanto. Se sintió especial por unos momentos. Raquel simplemente no sabía qué decir, sentía que había metido la pata hasta el fondo. -Cariño, lo siento tanto…no quise…yo pensé que estaba por…- Intentó explicar, pero aún estaba algo shockeada por la situación. -No se preocupe, no tocaré a su bebé. Al menos no hasta que él me lo pida…- Raquel le lanzó una furtiva mirada a Louis y este volvió a secarse la cara como si no hubiese dicho comentario alguno.
-Hazz, ven aquí cariño…lo siento tanto. –La mujer atrajo el cuerpo de su sobrino y lo envolvió con sus brazos en un abrazo cálido y reconfortante. Trataba de hacerle llegar al menor cuán arrepentida estaba por haber hecho tal cosa. –Perdóname cariño, no quise herir tus sentimientos…- -Está bien, no te preocupes…- -¿Qué no me preocupe?.- Raquel se separó del abrazo pero mantuvo el agarre a los hombros del rizado. – Creí que sólo estaban viendo una película como amigos, y cuando entro nuevamente a tu cuarto me encuentro a este chico encima de ti, besándote y en una posición muy comprometedora. Harry se encogió en su posición con vergüenza y ahora no sólo sus mejillas estaban rojas, sino su rostro completo.
-Tú y yo tendremos una muy larga charla más tarde muchachito. Ahora quiero que se vallan a pasear por ahí y me dejan ver mis novelas tranquila.- -¿Pasear? Está lloviendo afuera.-
-Existen los paraguas muchachito. No pienso dejar que se queden ambos solos en este cuarto otra vez. Vallan al parque, o al cine, y no quiero reproches Harry. No me harán cambiar de opinión.- El rizado suspiró resignado.
-De acuerdo.-
La castaña le despeinó con cariño su mata de rizos chocolate y Harry sonrió. -Oh, y a ti perdón por lo de la leche caliente. No fue mi intención.- -Es Louis. Me llamo Louis.-
Informó el castaño mientras aún continuaba sobando su rostro con la playera que le había tendido el ojiverde. Raquel se acercó a él.
-Como sea Louis, lo siento. –Sonrió apenada y se acercó aún más, casi invadiendo el espacio personal del ojiazul. –Si le tocas un pelo a mi niño antes de tiempo me encargaré yo misma de arrancarte los testículos. ¿De acuerdo Louis?.- Farfulló lo más bajo posible, sólo para que los oídos del castaño captaran el mensaje y luego le regaló otra sonrisa mientras este asentía con cierto pavor.
-Diviértanse chicos, no regresen muy tarde.-
Espetó con cariño antes de retirarse y Harry le sonrió.
-A veces tiene su carácter, pero mi tía es una mujer admirable.- Comentó el rizado mientras se calzaba las zapatillas y Louis chasqueó su lengua. -Ya lo creo…-
(…)
Las calles de la ciudad estaban desérticas y con obvia razón. La lluvia densa invitaba a cualquiera a no abandonar la calidez del hogar, pero Harry y Louis caminaban con lentitud bajo un paraguas gris. Louis caminaba a paso lento y desganado, preguntándose en qué momento había ocurrido que a su mente le pareció más agradable la idea de caminar bajo la lluvia con un chico de rizos, a que estar con sus dos compinches compañeros de la vida tomando algunas cervezas. Soltó un pesado suspiro. Definitivamente el amor volvía idiotas a las personas. Sin embargo, cuando observaba al menor de ojos verdes, no le parecía nada malo la idea de vivir en sabia ignorancia durante el resto de su vida. Louis lo observó de soslayo. Harry tenía una absurda hebilla de girasol a un costado de sus rizos, sosteniendo un par de ellos. Un sweater color claro, leggins negros, y para la sorpresa de Louis, esas mismas zapatillas viejas que se habían descolado el día en que fueron a aquel antro. Ahora estaban pegadas y sanas nuevamente.
-¿No has tirado esas zapatillas? Ya están muy viejas, deberías dejarlas jubilar.-
-Las he llevado con un señor que las arregló, ya no están más rotas. Pueden durar un tiempo más.-
Respondió con una sonrisa dulce y Louis guardó silencio por unos momentos. Dudaba en si debía o no decir aquello que picaba en su garganta por ser expulsado. No sabía si es que sonaría muy descortés, quizás el menor lo tomaría mal y se ofendiera, o quizás se estristecería.
-Harry, no tienes dinero para comprar un par nuevo ¿Verdad? Por eso aún las conservas.- Finalmente replicó, pero al instante se arrepintió cuando ya era demasiado tarde. Las palabras quedaron flotando en el aire por unos minutos, hasta que el muchachito de rizos abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla a los segundos, decidiendo callar. Harry bajó lentamente su mirada con tristeza y algo de vergüenza por la situación. Entonces Louis lo tomó de la mano con firmeza y entrelazó sus dedos. -Ven aquí, quiero hacerte un regalo.-
Espetó con cariño y comenzó a caminar rumbo al centro de la ciudad. El chico menor simplemente se dejaba guiar con cierto desconcierto y duda. Ambos llegaron al centro de Doncaster, allí en dónde había mayor concentración de tiendas, y por ende, algunas personas se paseaban aún con la densa lluvia. Harry se percató de que muchos los observaban, y luego supo la razón. Louis lo venía tomando de la mano. Sonrió con amor y apretó aún más fuerte el agarre del ojiazul. Louis se giró y le regaló una sonrisa.
Finalmente ambos se detuvieron en una gran tienda en dónde se exponían varias clases de zapatillas, tacones, botas, entre otras clases de zapatos. Y Harry supo cuál era la intención del castaño. Louis quería comprarle un par nuevo de zapatillas.
-No puedo Louis, te costará mucho dinero. Estas zapatillas pueden aguantar un tiempo más en serio ¡Mira!.- Harry dio tres pisotones fuertes contra el piso mojado de la vereda, y al tercer pisotón, un pedazo de goma salió volando de los costados. Entonces quedó observando con reproche a sus Converse negras por haberles fallado en un momento tan inoportuno. Louis arqueó su ceja con cierta diversión y observó al menor.
-¿En serio ricitos? Si no quieres comprar, entonces compraré yo y será un regalo. Las aceptarás aunque no quieras.-
Louis se adentró con decisión en la tienda y Harry lo observó alejarse desde su posición en la mojada vereda. -¡Louis, Louis en serio! ¡Esto puede pegarse con algo de pegamento, Louis!- Suspiró en resignación cuando el castaño ya se había perdido en la inmensa tienda como para escucharlo. Sólo le quedaba esperar.
Al cabo de unos minutos, Louis volvió a salir de la tienda, cargando una gran bolsa blanca con el logo de las zapatillas que había comprado. -Para ti. Espero que te gusten.-
Le entregó la bolsa al rizado y este la aceptó con algo de duda.
-No…no tenías por qué hacerlo.-
-Quería hacerlo, en serio ricitos. Vamos ábrelas y fíjate si te gustan.-
Harry asintió, y le entregó el paraguas al castaño para poder abrir la caja con comodidad. Al abrirla, un nuevo par de converse desprendieron el aroma a zapatillas nuevas y Harry aspiró profundo. Eran hermosas, pero no eran negras, estas eran un par color rojo intenso. -Siempre estás sonrojándote, así que pensé en comprarte un par que hicieran juego contigo.-
Harry sonrió y volvió a tornarse carmín.
-Son preciosas, gracias Louis.- Espetó complacido y lleno de regocijo. Sin decir más, comenzó a descalzarse en plena calle, tirando lejos sus viejas converse y poniéndose las nuevas que su príncipe le había regalado. No eran los zapatitos de cristal de cenicienta, pero las converse rojas no estaban nada mal. Ambos continuaron paseando sin destino por toda la ciudad, tomados de la mano con orgullo y cariño. Haciendo caso omiso a las muchas personas que les lanzaban miradas raras y algunas repulsivas. A ninguno de los dos le importó demasiado. Harry estaba orgulloso del ojiazul, finalmente la valentía había llegado, y él no podía estar más feliz de aquello. Estaba más que contento, y saltaba en cada charco que veía en la acera, ensuciando sus nuevas converse pero restándole importancia. De vez en cuando salpicaba a Louis, tratando de hacerlo enojar como hace minutos atrás, cuando le había ensuciado con barro sus leggins y este en venganza comenzó a atacarlo con cosquillas.
Louis por su parte estaba extasiado, le agradaba la gran facilidad que tenía Harry para estar contento. Parecía ser inmensamente feliz con las cosas más simples, y eso le parecía de lo más tierno.
-Ojalá nunca saques esa sonrisa de tu rostro.- Harry detuvo su chapoteo y lo observó por unos instantes.
-Tú eres el que pone esta sonrisa en mi rostro, y eres el único que la puede borrar. El que no desaparezca depende de ti, no dejes que eso ocurra.-
Respondió en una sonrisa, y continuó jugando entre los muchos charcos que se formaban en los pozos de la acera mientras Louis lo observaba detenidamente sentado desde un banco. -Trataré de no hacerlo.- (…)
22:34
Para las diez de la noche, los amenazantes y rosados nubarrones ya se habían disipado en el cielo que cubría la ciudad. El clima había cambiado, y el fresco clásico de vísperas de otoño se había colado. Ambos chicos decidieron volver al vecindario. Luego de un beso de buenas noches por parte del ojiazul, Harry entró a la calidez de su hogar completamente agotado. Allí, su tía lo esperaba sentada en el sillón del living, vistiendo sus ropas de dormir, y tomando un café humeante. -Estaba esperando a que llegaras.-
Habló en un tono firme que hizo erizar la piel del menor. Harry sabía el regaño que estaba por venir, y soltó un agotado bufido.
-Tía en serio, sé que se nos hizo un poco tarde, pero ya estoy aquí ¿Sí? Estoy realmente muy cansado ahora y no quiero discutir…-
-No te voy a reprochar la hora de tu llegada. Quiero hablar contigo sobre ciertos temas, esto es realmente necesario Hazz.-
-Tía en serio, mañana hablamos, te lo prometo.- Harry subió unos pocos escalones de la escalera y esperó por la respuesta de su tía. Esta lentamente borró su ceño fruncido y soltó un suspiro. -De acuerdo, ve a dormir.-
Anunció, y eso fue todo lo que necesitó el rizado para continuar subiendo las escaleras rumbo a su cuarto. Tan sólo quería tumbarse en la cama y dormir. -¡Pero mañana hablamos sí o sí Hazz!-
Vociferó la mujer desde abajo, y el rizado no tardó en responder. -¡Lo prometo!- (…) Siguiente día. Lunes, 7:30. El despertador comenzó a vibrar y sonar fuertemente por toda la habitación despertando al joven de rizos. Este no tardó mucho en levantarse, y con premura, se vistió y calzó sus Converse para salir con apuro de su cuarto. Hoy tenía otro destino al cual llegar antes de la escuela, y debido a esa razón tenía tanta prisa. Harry quería comprarle algún regalo bonito al ojiazul como modo de agradecimiento por las hermosas zapatillas que él le había obsequiado el día de ayer.
En cuanto bajó las escaleras, su tía ya lo esperaba en la cocina preparando el desayuno para ambos. Harry sólo tomó una tostada con rapidez y corrió hacía la puerta de salida, preocupado por no desperdiciar ni un solo instante. Pero cuando estaba a punto de girar el picaporte, la voz de su tía lo hizo detener. -¡Harry regresa aquí muchachito! ¡Tenemos una charla pendiente!- Recriminó con enfado, asomándose por la cocina.
-¡Lo siento tía, ya se me está haciendo algo tarde! ¡Cuando regrese prometo hablar contigo de lo que sea!-
El ojiverde salió con velocidad de la puerta sin darle tiempo a una respuesta a su tía, y esta soltó un pesado suspiro fastidiada para luego regresar a la cocina. Luego de pasar por su tienda favorita y elegir el perfecto regalo para Louis, Harry corrió hacía la escuela con apuro. Para su suerte, había estado perfectamente bien con los horarios. Ningún retraso, y apenas luego de su llegada, el profesor apareció en el salón. Las horas de matemática pasaron con más morosidad de la normal, Harry se removía en su asiento esperando por el sonido del timbre mientras a su lado la voz del rubio parecía no querer callar. Harry sabía que su amigo le hablaba a él, pero no prestaba demasiado atención. Toda su mente en esos momentos estaba puesta en qué pensaría Louis al ver el regalo. ¿Le gustaría? ¿No le gustaría?...
En cuanto el timbre del receso sonó, salió a velocidad luz tomando el regalo y dirigiéndose a paso ligero hacía la cafetería esperando encontrar al ojiazul, y haciendo caso omiso a los llamados de Niall.
Louis reía junto a la compañía de Zayn y Liam en una de las mesas del fondo, y en cuanto Harry los vio se acercó con felicidad.
-Creo que la princesa viene por su príncipe…- Espetó el morocho con cierta diversión, observando cómo Harry se acercaba hacía ellos con una ancha sonrisa y con un regalo abrazado a su cuerpo. Entonces Louis se dio la vuelta ligeramente.
-Hola.- Harry saludó con felicidad en cuanto estuvo frente al chico de ojos azules. -Hey, hola. ¿Quieres acompañarnos? Apenas estamos por empezar a comer.- El ojiverde asintió con esa imborrable sonrisa abarcando en su rostro y se sentó a un lado de Louis. Zayn y Liam observaban la escena en silencio, enviándose miradas de vez en cuando que sólo ellos comprendían. -T-te traje esto.-
Harry levantó con timidez el regalo en sus manos, y Louis arqueó una ceja. -¿Un regalo? ¿Para mí?.-
-Mhm…espero que te guste.-
El castaño lo tomó y comenzó a abrirlo, entusiasmado pensando que sería algún dvd de los recitales de sus bandas favoritas. O un libro de suspenso, drama y sangre como esos que a él le fascinaban. Pero su semblante cayó notablemente al ver aquel infantil diario íntimo. La tapa estaba decorada con ridículos ositos saltando repletos de brillos, y Louis forzó una sonrisa. Observó a Harry sin saber exactamente qué decir. Este le sonreía anchamente, como si hubiese regalado una gran maravilla. -Ohh un diario, ¡Que hermoso! .- Zayn fingió una mueca tierna y Liam rió por lo bajo. –Ahí podrás escribir todas las fantasías sexuales que deseas experim- Liam le tapó la boca a su novio, intuyendo que las palabras que estaba a punto de soltar incomodarían a Harry y no serían nada apropiadas, como todo lo que salía de la boca de Zayn. Louis le regaló una mirada de agradecimeinto al ojimiel por aquel gesto.
-¿Te gusta?- Preguntó el chico de rizos, esperando por alguna palabra por parte de Louis, quién sólo observaba el diario en sus manos y lo movía incómodamente. -Es…llamativo.- Finalmente espetó. Tratando de no soltar nada ofensivo para no herir los sentimientos de Harry. -Puedes escribir todo lo que te sucede día a día, yo tengo uno también. Podríamos intercambiarlos algunas veces, así conoces más de mí y yo de ti.-
-¿Tú tienes un diario?- Inquirió Louis con asombro. Al parecer ese chico no dejaba de sorprenderlo a cada día. Él había creído que luego del hecho del vestido, Harry no lo sorprendería con nada más extravagante, pero al parecer, eso sólo era un ápice de la personalidad del muchachito de orbes jade. -Sí, y ahora tú también.- Sonrió con felicidad, dejando al descubierto ambos de sus hoyuelos. -También puedes utilizarlo para hacer apuntes, o simplemente escribir las letras de las canciones que más te gustan, no es específicamente para contar tus secretos, ya sabes…- Liam comentó, metiéndose en la charla de ambos chicos, mientras echaba sal a sus papas fritas. Harry asintió ligeramente a sus palabras. Esa idea no le pareció bastante mala a Louis. Podría ser bastante entretenido escribir allí sus canciones preferidas.
-Bueno, quizás escriba algunas cosas…-
El ojiazul hizo una mueca, considerando la propuesta. Quizás podía utilizar sus hojas para hacerle cientos de avioncitos de papel a Harry, como a él tanto le gustaban, o también podía anotar números telefónicos. Podría tener infinitos usos. Cualquier clase de pensamientos que vagaba por la cabeza de Louis por el nuevo diario, fueron hechos a un lado con agilidad por una persona chocando violentamente contra su espalda. -¡Oh dios mío lo siento tanto Louis!.- La castaña observó horrorizada el desastre que había hecho en la ropa del muchacho de ojos azules.
-¿¡Qué mierdas sucede contigo!? ¿¡Es que no tienes ojos?!-
Louis se levantó con apuro para observar el estado en que sus ropas habían quedado. Grandes manchones de coca-cola se pintaban en el estómago de su sudadera y en parte de sus pantalones, y unas cuantas lechcugas cortadas de la ensalada se le habían quedado pegadas al cuerpo. Observó con rabia a Eleanor, quién se mantenía callada observando la tragedia, pero sus dos amigas detrás reían tapándose inútilmente con sus palmas. -Lo siento, no quise hacerte eso, es que Patricia me empujó sin querer. Déjame limpiarte.- La castaña ofreció su ayuda, intentando quitar algunas lechugas con su servilleta pero Louis apartó su mano con rapidez. -Déjame, está bien. Sólo vete Eleanor.-
La castaña le sonrió y se encogió de hombros. -Como quieras.-
Las tres chicas se alejaron entre risas, y se perdieron por el pasillo de salida. -Puedo oler la envidia de esa tediosa chica desde aquí. Es realmente irritable.- Comentó el morocho comiendo de su sándwich mientras veía cómo su amigo se quitaba las lechugas de su cuerpo. Louis volvió a sentarse con enfado y observó que no sólo su ropa había sido afectada por el desastre, sino también el diario que hace tan sólo minutos el rizado le había regalado.
-Se arruinó...- Murmuró Harry con tristeza, observando lo mismo que el ojiazul. Este intentó rápidamente limpiarlo y secarlo con la manga de su sudadera. Pero fue en vano, el brillo se había ido y las hojas habían quedado amarillentas y pegoteadas. Entonces Louis maldijo la completa existencia de Eleanor.
-¡Mierda!, lo siento tanto Harry. La próxima vez que veamos a Eleanor le arrancaré sus extensiones de cabello, sin importar que luego me lleven preso por violencia de genéro. Tenlo por seguro, va a pagar lo que hizo. ¡Esa chica va acabar con mi poca cordura, maldita perra!.- Louis dejó caer su cabeza en la mesa con pesadez. El muchachito de rizos mordió sus labios pero luego esbozó una forzada sonrisa aún con ojos tristes. Acarició el cabello de Louis y este levantó levemente su rostro para observarlo.
-No te preocupes, puedo comprar otro más bonito para ti.- (…)
Eleanor regresaba entre risas por el pasillo con sus amigas.
-¡No puedo creer que en serio le haya regalado ese estúpido diario a Louis! ¿Qué ocurre con ese mocoso?-
Patricia -una de las amigas de la castaña- comentó entre risas incontrolables. -Pero gracias a mí ese estúpido diario ya no existe más. Tenía que haber grabado la reacción de la princesa, su cara de decepción fue épica.- Las tres chicas soltaron carcajadas estruendosas por el comentario de Eleanor.
-No puedo creer que Louis se haya fijado en serio en alguien como él y no como tú Eli... es simplemente inaceptable.- Alicia -la rubia del grupo- espetó y Eleanor le regaló a su cabeza un ligero golpe que la hizo chillar.
-Louis está confundido. Sabes perfectamente que sólo está usando a ese idiota, pero cuando aclare su mente volverá por mí, y lo haré mio de todas las formas existentes para luego hacerlo sufrir.-
Alicia y Patricia se enviaron una rápida mirada por los comentarios extraños y pertubadores que a veces hacía su amiga de cabellos castaños. Eleanor a veces parecía toda una desquiciada obsecionada con Louis.
-Ahora si me disculpan chicas, iré al salón de ese iluso y terminaré con este plan.- Eleanor peinó uno de sus mechones y giró sobre sus talones ante las miradas atentas de ambas muchachas.
-¿Qué harás?- Preguntó Alicia con curiosidad destellando en sus ojos.
-Sólo me divertiré un poco, no se preocupen, regresaré enseguida.-
Eleanor continuó caminando hasta el final del pasillo, allí en dónde se encontraba el aula del jovencito de rizos. Con cuidado abrió la puerta y verificó que no habiese nadie dentro, entonces con sigilo ingresó, dirigiéndose directamente al pupitre en dónde colgaba la mochila del ojiverde. Observó hacía la puerta nuevamente y comenzó a rebuscar entre las pertenencias del muchachito buscando eso que tanto deseaba poseer. Con aquel objeto en sus manos, estaba segura de que pasaría un buen rato divirtiéndose con la humillación y degradación de Harry. El rechinido de la puerta la hizo sobresaltar. Se giró con premura, ocultado detras de su espalda la mochila y observó pasmada al chico blondo. Este frunció el ceño al verla.
-¿Qué diablos haces con las cosas de Harry?- Inquirió con desagrado y aversión Niall.
La castaña buscó con agilidad una excusa creíble. Borró su semblante pasmado lentamente y esbozó una sonrisa relajada mientras hacía a un lado un mechó de su cabello.
-Se me ha perdido un labial, pensé que quizás tu amiguito de sexo dudoso lo tendría. Ya que él tanto le gusta disfrazarse de princesas…-
Niall se acercó con irritación y arrebató de las manos de la chica la mochila de su amigo.
-Lárgate de aquí Eleanor.-
La castaña lo observó de arriba hacia abajo, pero sin palabra alguna, se retiró de la habitación meneando sus caderas en un paso ligero. No había encontrado lo que buscaba, pero de algo estaba segura, que lo tendría en sus manos sea como fuera. (…)
13:05 p.m.
Luego del ajetreado día escolar, Harry y Louis regresaron juntos al vecindario. El incidente del diario ya había quedado hecho un poco a un lado, aunque Louis aún se sentía algo mal por no haberlo cuidado lo suficiente. Era el primer regalo que recibía por parte del jovencito de rizos y terminaba en la basura.
La mente de Harry venía puesta en otras cosas. Caminaba a paso presuroso y Louis no entendía por qué pero le llevaba el paso. Para el ojiverde no todo era paz y tranquilidad luego de clases. Ahora que la escuela había empezado, Jay había contratado a una niñera para que cuidara de Nouvel en las mañanas, pero apenas el horario escolar terminaba, comenzaba el turno del rizado para cuidar al pequeño querubín. Harry se rehusaba a abandonar aquel trabajo, por mucho que todo se le complicara con las tareas de la escuela, él no podía dejar sola a su tía con los gastos del hogar. No en el gran problema económico que estaban atravesando. Así que luego de un beso rápido, ambos chicos se despidieron y Harry entró corriendo a su hogar, descalzándose a medio camino y subiendo con prisa las escaleras. -¿Hazz, cariño, ya volviste?- Inquirió su tía desde la pequeña cocina en dónde tomaba un té con tranquilidad. Su sobrino contestó en un grito inentendible desde arriba, y a los minutos sus pasos apurados se oyeron bajar las escaleras. Harry apareció en la cocina cambiado con unos pantalones negros gastados y ajustados al cuerpo, un sweater demasiado grande para su cuerpo de lanilla verde, y unas converse rojas que eran nuevas a la vista de Raquel. -¿Tienes zapatillas nuevas?- Preguntó con asombro la castaña, admirando las nuevas pertenencias de su sobrino. Harry se dirigió con celeridad al refrigeador y sacó la botella de jugo de melón con apuro.
-¿No fuiste a trabajar?.- Interpeló mientras servía el líquido en un vaso de plástico.
-Me tomé el día libre hoy. No evadas mi pregunta con otra pregunta, Hazz.- El muchachito de orbes jade hizo una mueca con sus labios y luego bajó la vista a sus Converse nuevas, moviéndolas torpemente. -Louis me las regaló, ¿Son bonitas, verdad?.-
Raquel asintió lentamente, mientras observaba cómo su sobrino tomaba el jugo. Suspiró mientras lo apreciaba. Ayer, cuando lo vió defender a aquel chico de tal manera, le había caído un balde de agua fría encima, haciéndole saber que su bebé, ya no era un bebé. Su pequeño niño había crecido tan rápido. Apenas le parecía ayer cuando ambos dejaban las frías edificaciones del hospital de Holmes Chapel para venir a vivir a Doncaster. La castaña nunca había tenido esposo o hijos, pero amaba al pequeño rizado como si lo hubiese tenido nueve meses en sus entrañas. Ella lo había criado, le había dado su amor, lo había educado con su mayor esfuerzo, y estaba más que orgullosa de la gran persona en la que se había convertido. Harry ya tenía dieciséis años, no faltaba demasiado para que abandonara el nido y formara su propia familia. Raquel sabía eso a la perfección. Soltó otro suspiro cargado de nostalgia.
-Supongo que ahora sí podremos tener esa charla que venimos postergando desde ayer, ¿Verdad?- Habló Raquel y acto seguido dio un sorbo rápido a su caliente té. -Oh no, lo siento tía. Pero ya se me hace tarde, la niñera tiene que irse y yo debo quedar a cargo de Nouvel, prometo que hablaremos cuando regrese.-
Harry se retiró con prisa de la cocina y Raquel lo siguió con apuro, tomándolo del brazo para que se detenga.
-De ninguna manera muchachito, es la tercera vez que dices eso. Quieras o no, vas a volver a esa cocina, vas a sentarte en una silla y vas a escuchar todo lo que tengo para decirte.- Harry la observó con ojos de reproche, pero pronto frunció el ceño, poniéndose serio. -Tía, tengo un niño del quién hacerme cargo, creo que ya soy lo suficientemente grande como para hacer mis decisiones. Debo ir a ese trabajo, y esa charla que tanto quieres tener conmigo quedará para más tarde. Punto.-
Por mucho que Harry intentó parecer maduro, finalmente se vio suspirando en derrota sentado en la silla de la cocina frente a su tía y esperando a que esta hablase.
-Así que… –Comenzó Raquel. –¿Estás de novio con ese muchachito Louis?- Todos los sentidos de Harry reaccionaron ante aquel nombre. Se sentó recto en la silla y observó con grandes orbes a su tía.
-No, aún no…pero, espero que pronto.- Confesó con mirada esquiva. Le incomodaba hablar de esos temas con una mujer, y más si esa mujer era la que lo había visto crecer y pasar por cada una de sus etapas. La castaña asintió lentamente en comprensión.
-Hazz, ¿Recuerdas ese día en el hospital? ¿Cuando me dijiste que querías una historia tan bonita como la de Cenicienta?.-
El rizado asintió a sus palabras, tratando de descifrar a dónde quería llegar su tía con aquello. -¿Estás seguro de que ese chico es el que quieres como tu príncipe por el resto de tu vida?-
-Seguro...- Confesó Harry timídamente. -¿Seguro, seguro?- Harry entonces soltó un suspiro salido de la nada. -Tía, sé que él no es el chico perfecto que toda madre sueña para su hija, o en este caso...sobrino, pero yo tampoco soy perfecto, ni tú, ni nadie... Puede que tenga un carácter algo podrido y detestable para la mayoría de las personas que lo conocen, pero así es cómo lo quiero. Sé que se enfada fácilemente cuando hago muchas preguntas sin sentido, pero hace lo posible por mantener la calma y responder a todas ellas con paciencia. También cuando me comporto como un niño con mis caprichos, él muerde su piercing para controlar su irritación y no gritarme. Él trata de cambiar algunos aspectos de su personalidad cuando está conmigo, realmente lo intenta, y creo que eso es algo muy bonito…hacer todo lo posible por intentar cambiar, sólo por esa persona, para que sea feliz a tu lado. Quiero mucho a Louis, sé que él también a mí, y es al que quiero como mi príncipe, estoy seguro de ello.- Raquel quedó sin habla y completamente sorprendida por cada una de las palabras soltadas por la boca del menor, o de su corazón, no estaba segura de aquello. Porque cada una de las oraciones que se deslizaron de los labios de su sobrino rebalsaban absoluto amor y sinceridad y le recordó aquel día en que su hermana Anne le hablaba sobre cuán enamorada estaba de Robin. -Oh cariño ven aquí. –Se levantó de su asiento y fue directamente a atrapar el cuerpo del ojiverde en un fuerte abrazo. – Eso era todo lo que necesitaba escuchar. Sólo quiero asegurarme de que el día en que ya no esté más aquí, mi pequeño muchachito quedará en buenas manos que cuidarán de él.- Harry sonrió contra el hombro de la castaña y esta se separó.
-Ahora, no creas que esta charla ha acabado aquí jovencito. Ayer, cuando te vi en la cama con ese chico, me di cuenta de que tú ya no eres un niño, y sé que ambos están en la edad de experimentar, y eso no es nada malo.-
-Tía…- Harry se sonrojó con fuerza y corrió la vista. No quería escuchar lo que podría venir a continuación. -No, no tienes porqué avergonzarte de ello Hazz, sé que ambos pronto querrán pasar de nivel en su relación, sabes a lo que me refiero. No creo que ese chico quiera vivir un tiempo más con su mano cuando tiene semejante niño bonito a su lado.-
-¡Tía!- Harry creía que iba a reventar por la vergüenza. Una imagen pasó rápidamente por su cabeza de él y Louis teniendo sexo y fue suficiente. Ocultó su rostro con ambas manos, negándose rotundamente a mirar a los ojos a la castaña.
-El sexo homosexual es bastante intrigante, y quiero que te sientas con confianza de hablar conmigo de lo que sea. El que ninguno de los dos pueda quedar embarazado no quiere decir que no deban utilizar preservativos. Siempre es bueno prevenir enfermedades…-
Raquel continuó hablando y explicando por unos cuantos minutos más, y cuando finalmente terminó, el rizado casi huyó de la escena espantado rumbo a la casa vecina. No estaba seguro de si podría mirar a la cara a Louis luego de aquello.
La mujer observó desde la puerta de entrada cómo su sobrino corría con apuro a la casa adyacente y sonrió. Su pequeño niño, ya era todo un muchachito echo y derecho. Tan sólo parecía hace escasos días cuando ella lo llevaba a su primer día en segundo año de primaria y ahora le estaba explicando cómo tener un sexo seguro. Suspiró y se dirigió al living para ver algo de tele, como siempre lo hacía en las tardes. Pero antes de que pudiera hundir su trasero en los cojines con pesadez, el timbre sonó. Con fastidio, se dirigió a la puerta, abriéndola.
-Buenas tardes señora, mi madre le horneó este pastel y me mandó a entregárselo.- Sonrió con dulzura la jovencita.
-¡Oh pero que bello detalle por parte de tu madre! Pasa muchacha, prepararé un poco de té para ambas ¡Siéntete como en tu casa!.-
La jovencita de orbes avellanas entró en la casa con una sonrisa dulce a la vista de Raquel. Pero con infinitos significados perversos ocultos.
Capítulo 20: Es sólo amor.
Cada vez que veo tu rostro, mi corazón despega en una persecución de alta velocidad, ahora, no te asustes, es sólo amor en el cual estamos cayendo cariño. Yo nunca te haría mal o te dejaría tropezar, no mires hacia abajo es sólo amor en el cual estamos cayendo cariño. Estoy de pie en tu camino de entrada, es medianoche y estoy de lado para averiguar si sientes lo mismo. No será fácil, tengo mis dudas también, pero es más, sin ti estoy perdido, incompleto. Sí, contigo se siente como en casa, mi hogar…- Falling in / Lifehouse. Verano lentamente abandonaba la pintoresca ciudad de Doncaster, llevándose consigo los últimos días de vacaciones. Los días volvían a ser largos, cálidos, exhaustivos, y llenos de agotadora rutina.
Esa mañana era una especialmente templada. Rondaban unos escasos nubarrones grises que eran salpicados en partes por manchas de tonos naranjas debido al amanecer. El aire estaba pesado, asfixiante, y con rastros de humedad y quizás era esa la razón por la que los estudiantes que se movían por cada extensión de los pasillos de la secundaria Amery Hill estaban tan alterados. Iban y venían, caminando con apuro o con exagerada lentitud, gritando, haciendo bromas o contando variadas anécdotas de sus vacaciones. Harry caminaba con lentitud a la par de Niall. Este contaba cada uno de los hechos que le habían sucedido durante las vacaciones, pero Harry no estaba prestando demasiada atención. Su mente divagaba en una persona con ojos azules y tez morena. Soltó un suspiro. Muchas cosas habían sucedido desde aquella portentosa noche en la cual se habían besado… Sonrió levemente y tocó con suavidad el collar que colgaba de su lechoso cuello.
-….Entonces le dije que lo olvidara, que no le diera importancia. Cuando me sonrió vi mi oportunidad para invitarla a tomar algo y le pregun…- Niall detuvo su parloteo de repente al momento en que notó cómo el rostro de su amigo estaba sin expresión alguna, y su mirada perdida entre las muchas personas que caminaban por el pasillo. Harry no le estaba prestando ni el más mínimo interés. Entonces Niall carraspeó para llamar su atención, y traerlo de vuelta a tierra.
-Parece que por tu mente pasa algo más interesante que mi historia…¿Qué sucede? ¿Ocurrió algo en tu vida durante las vacaciones que desees contarme?.- El rizado lo observó con grandes orbes verdes, y mordió su labio inferior. Dudaba en si debía o no contarle al blondo todo lo que había ocurrido con Louis durante los últimos días de vacaciones. Quizás debía esperar un poco para revelar hechos. No quería precipitarse demasiado. -Estaba escuchando, Ni…dije que ese era un nombre muy lindo para un perro…-
Entonces Niall soltó una risa.
-Terminé de hablar sobre mi nuevo perro hace más o menos veinte minutos Harry.-
El rizado bajó la vista lentamente hacía sus manos.
-Vamos Harry, se supone que somos amigos, mejores amigos. Siempre me cuentas todo, y yo igual, ¿Qué sucedió en tu vida que tanto quieres mantener en secreto?.-
El ojiverde frunció sus labios hacia un costado y acomodó con nerviosismo un rizo detrás de su oreja. Conocía a su amigo, sabía que no lo dejaría de atosigar con preguntas hasta que decidiera contarle eso que tanto él deseaba ocultar. Así que suspiró con resignación y lentamente volvió a subir su vista para hacer frente a los ojos azules de Niall. Estos esperaban pacientes por una respuesta.
-Cuéntame.- Habló con simpleza el blondo y le regaló una vaga sonrisa. -Louis y yo…bueno…él y yo…–Harry empezó a esquivar a toda costa la mirada de su amigo. Su mano se movía con nerviosismo y torpeza, acomodando una y otra vez el mismo rizo detrás de su oreja... –ehm…él me beso y…-
Niall detuvo su caminar bruscamente por las palabras que sus oídos captaron y observó atónito a Harry con ambas de sus cejas enarcadas. Ese “y…” no le había gustado en nada y su mente comenzó a elaborar sucesos que eran menos agradables. -Oh no, no, no, no me digas que ese idiota se aprovechó de ti, y se robó tu virginidad ¡Harry! ¿¡Cómo lo dejaste hacer tal cosa!?.-
El pasillo estaba lleno de personas y el tono de voz que había usado el blondo era más que elevado, logrando que unas cuantas adolescentes los observaran y soltaran risillas, y que algunos muchachos les regalaran miradas raras. Las mejillas de Harry se volvieron carmín brillante.
-¡Por supuesto que no! –Soltó en un chillido con algo de ofensa y pena. –Él sólo me besó…y…ahora…estamos empezando… ¿Algo…? Creo…eso es lo que él dijo…- Harry bajó la vista y sonrió dulcemente al recordar cómo Louis lo había acompañado a su casa luego del cumpleaños de Eleanor y le había confesado todos y cada uno de sus sentimientos. La repentina felicidad que había sentido en ese momento volvía a florecer en su estómago. -¿Algo? ¿A qué te refieres con algo? ¿Algo más que amigos? ¿Algo raro? ¿Algo prohibido? – Inquirió Niall confundido por las palabras de su amigo y comenzó a caminar nuevamente a la par de él.
-Algo…algo extraño…no somos novios, pero tampoco somos amigos…es algo así como un “nos estamos conociendo y viendo si esto puede llegar a funcionar”.-
Niall soltó una risa y palmeó la espalda del rizado.
-Oh dios amigo, yo etiquetaría eso como “Algo complicado”, por razones como esa no me gustan las relaciones. Yo y mi pequeña manito somos felices. – El rubio levantó su mano derecha y le plantó un ruidoso beso. Harry rodó los ojos con gracia para luego sonreír.
-Mi fiel Manuela, nunca me defraudara. Pero ahora en serio, supongo que debes estar más que feliz por toda esta situación ¿verdad? Louis te gustaba desde que eras un pequeño come mocos.- Niall llevó ambos brazos detrás de su nuca y los cruzó.
-Supongo, pero aún hay algo que me preocupa…, ya sabes, a su madre nunca le agrade, no quiero saber qué es lo que sucederá cuando se enter..-
El rizado no pudo terminar de recitar su oración completa cuando una pierna lo hizo tropezar. Cayó de lleno contra las baldosas del pasillo atestado de estudiantes y las estruendosas carcajadas de estos no tardaron en llegar. Luego la voz de Eleanor llegó hasta los oídos de Harry.
-¡Oh, lo siento princesita, no te vi! Venía tan apurada…¡que descuido!.-
Eleanor cubrió su boca con ambas de sus palmas e hizo una mueca de lamento. Luego soltó una carcajada uniéndose a todos los adolescentes que también reían por la escena. Harry mordió con fervor su labio inferior, tratando de suprimir el dolor que sentía en sus rodillas, y el dolor que sentía su persona por la humillación que la castaña le estaba haciendo pasar.
-Quizás si algún día decidieras operarte esa nariz podrías ver con mayor claridad.-
Contraataco el rubio a la defensiva de su amigo mientras lo ayudaba a reincorporarse. Eleanor lo fulminó con la mirada pero decidió ignorar su comentario y centrarse sólo en el rizado.
-Bienvenida a clases cenicienta. Creo que este ciclo será bastante interesante, me divertiré mucho contigo...- Eleanor le sonrió y se retiró de la escena caminando con clase y delicadeza. Los demás estudiantes volvieron a centrarse en sus respectivas actividades.
-Perra…- Murmuró con enfado Niall mientras observaba cómo la figura de Eleanor se alejaba entre los demás estudiantes. –¿Estás bien Harry? ¿Te lastimaste?.- El rizado negó con una vaga sonrisa tranquilizadora, la cual Niall no creyó del todo pero decidió dejarla pasar. Harry respiró hondo, estaba bastante seguro de que ese nuevo ciclo sería un gran tormento para él.
(…)
-…La teoría Geocéntrica, formulada por Aristóteles, propone que el Planeta Tierra es el centro del universo, y a su vez el resto del sistema solar gira alrededor de ella. Mientras que la teoría Heliocéntrica, propuesta por Nicolás Copérnico uno de los astrónomos más importantes de la Historia, sustenta en el modelo astronómico que sostiene al sol como el centro del sistema solar…- La profesora de Ciencias se mantenía hablando con entusiasmo hacía todos los estudiantes de tercero y el ojiazul bostezó por quinta vez en el día. La madura pero femenina voz de la mujer se mezclaba con los suaves murmullos de sus dos amigos tras él. Oía claramente cómo Zayn le hacía comentarios sucios y descarados a Liam, y este simplemente soltaba una que otra risilla por lo bajo.
Zayn murmuró algo así como un “Follarte en los baños viejos” y Louis se dio la vuelta, regalándoles una mirada repleta de advertencia y rodó los ojos. La profesora continuaba con su explicación, y Louis se dispuso a tratar de concentrar toda su atención en ella y no en los susurros de ambos muchachos tras él.
Pero ni el morocho ni el ojimiel parecían dispuestos a parar con su cuchicheo. -Li, a que ya estás completamente caliente…sé que me deseas más que agua en el desierto en este instante.- Zayn habló por lo bajo, pero Louis pudo oírlo claramente. Liam soltó otra risilla suave.
-Zayn, basta, no, no me toques, nos pueden ver…- Habló entre risas bajas el ojimiel y eso fue el detonante para la paciencia del castaño. ¿Es que ambos se estaban tocando? ¿En plena clase de Ciencias? Se giró para regalarles una mirada de pocos amigos, y ambos se volvieron serios. -¿Quieren dejar su calentura a un lado por una puta vez en la vida? ¡Estamos en la escuela!-
Farfulló lo más bajo posible con molestia. Trató de no soltarles ahí mismo el grito que hace rato venía reprimiendo en su garganta.
-Señor Tomlinson, ¿Tiene algo que quiera compartir con la clase? También queremos saber por qué tanto cuchicheo, lo escuchamos…-
La voz severa de la profesora habló con firmeza y rebalsando ironía. Louis se dio vuelta lentamente, algo avergonzado por las miradas de todos sus compañeros observándolo directamente a él. Rascó su brazo con nerviosismo.
-No, no es nada…perdón. Puede proseguir.- La mujer arqueó una ceja, acomodó los anteojos que se resbalaban de su puente y continuó explicando como si nada hubiese pasado. Louis suspiró y dejó caer su cabeza sobre el escritorio. Primer día de clases y ya tenía pinta de que el resto que quedaba del año sería pésimo. Se preguntó si al menos Harry estaría pasando un buen día. No veía la hora de que el maldito timbre sonara y los dejaran el libertad, así podría estar en dónde a él le gustaría estar en esos momentos; junto al rizado.
Para la suerte de Louis, la hora de Ciencias pasó con rapidez, puesto que Liam había entretenido a la profesora hablándole sobre sus teorías del origen del universo sólo para distraerla y mantenerla ocupada. Todos los alumnos habían agradecido eso, y no sólo Louis. El ojimiel podría ser algo aniñado y un nerd –Como el ojiazul siempre lo calificó. – Pero sabía a la perfección cuando debía usar sus conocimientos. El timbre del primer receso resonó por toda la institución, y al instante el barullo de alumnos se hizo presente.
Louis se levantó a velocidad luz y comenzó a caminar a paso presuroso rumbo a la cafetería. Empujó sin querer a unas cuantas personas en su apuro, pero no le tomó demasiada importancia. Después de todo el allí era el chico temible y punk al que todos respetaban, nunca nadie se animaba a hacerle frente. Cuando él hacía algo malo, los otros eran los que se disculpaban con él, y no es que Louis estuviese muy orgulloso de aquello, pero le facilitaba algunas cosas.
Al llegar a la cafetería, abrió las puertas de par en par y chasqueó la lengua con fastidio al notar la gran multitud que allí también se concentraba. Era sólo un acumulamiento de estudiantes yendo y viniendo con sus bandejas repletas de comida. Louis soltó un pesado suspiro y comenzó a caminar con lentitud, procurando observar cada mesa en busca de esos orbes jade. Cuando finalmente los encontró, una sonrisa se pintó de la nada en su rostro. El muchachito de dieciséis años parecía tener cierto poder sobre él, porque Louis durante esos últimos días había descubierto que cada vez que pensaba sobre él esa misma sonrisa aparecía. Harry era como una felicidad repentina. Se acercó lentamente a la mesa. El rizado hablaba amenamente con su rubio amigo. Ambos reían, y se veían muy entretenidos, así que Louis decidió limitarse a sólo observarlo desde la lejanía. Esperando al menos a que sintiera su mirada puesta fijamente sobre él, y así fue, Harry dejó de hablar con Niall y paseó su mirada extrañada por todo a su alrededor. Buscando esa persona que lo estaba haciendo sentir observado e incómodo. En cuanto se encontró con la mirada de Louis, sus mejillas se sonrojaron levemente y con cierta timidez, alzó su mano lentamente, saludándolo con una sonrisa. Entonces Louis se acercó hacía ellos. -Hey, hola.-
-Hola…- Harry respondió con voz cohibida, enfrentando con timidez los orbes de Louis fijos en él. Niall observó la escena en silencio y se sintió completamente excluido. Él estaba de sobra allí, era como si esos dos hubiesen construido un mundo sólo para ellos al instante en que sus miradas se habían unido. Él estaba muy feliz por su amigo, claro que sí. Sabía que Harry desde su más temprana edad había tenido sentimientos por Louis y ahora que sabía que este también le correspondía, él estaba muy contento por él. Pero también sentía ciertos celos. Se levantó, tomando su bandeja y palmeó la espalda de su amigo con suavidad.
-Bien Harry, nos vemos luego. Debo ir a…la biblioteca. Sí. ¡Adiós!.- El blondo sonrió y se marchó con rapidez, dándose la vuelta a unos pocos metros y levantándole el pulgar a Harry con una ancha sonrisa. Harry le sonrió y agradeció que Louis estuviese de espaldas para no percatarse de aquello. -¿Cómo estuvo tu día?.- Inquirió el castaño con simpleza mientras tomaba el asiento que hace instantes ocupaba Niall.
-Bien…supongo.- Harry se encogió de hombros rememorando lo que la castaña le había hecho más temprano.
-¿Supones? ¿Ocurrió algo?- Preguntó con extrañeza el ojiazul y Harry negó. -Nada realmente importante, en serio.- Sonrió y sus hoyuelos se marcaron. Entonces Louis también se encontró sonriendo sólo por lo tierno que el ojiverde se veía de aquella manera. Unas súbitas ganas de besarlo vinieron hacía él. Sin pensarlo dos veces se acercó lentamente a la boca del menor. Harry lo observó extrañado con grandes orbes inocentes que luego cerró lentamente. El rizado entreabrió sus labios, esperando por los de Louis. Pero estos jamás llegaron. El ojiazul carraspeó y se separó con celeridad. Por mucho que le gustara hacer aquello, por ahora no debía ni podía hacer tal cosa. No estaba preparado aún para enfrentar las reacciones que tomaría toda la escuela. Comenzó a morder efusivamente el piercing en su labio.
-…¿Por qué no quieres besarme? ¿Hice algo mal?.-
Inquirió con retraimiento el menor, debido a las extrañas reacciones del castaño. Este lo observó y suspiró pesadamente. -Alguien nos puede ver…-
Entonces Harry comprendió cual era el problema allí y bajó la vista con tristeza. Louis se avergonzaba de él. Rápidamente sus ojos comenzaron a acumular vagas lágrimas que trató de limpiar con disimulo y celeridad. -Escucha Harry, no eres tú. Es que…aún no estoy preparado para que todo el colegio se entere de…mi sexualidad? Y quisiera…mantener esto en secreto. Al menos por ahora.- Louis observaba cómo el rizado mantenía su mirada triste baja, observando a sus manos que jugaban con torpeza. Harry lentamente asintió y el castaño frunció sus labios hacia un costado.
-Ven, acompáñame al baño. Si seguimos hablando de esto aquí nos podrían escuchar.-
Habló por lo bajo, y el ojiverde volvió a asentir lentamente con angustia. Louis lo tomó de la mano para levantarse, y al instante lo soltó cuando se percató de que unas muchachas los observaban de manera rara. Rascó su nuca con algo de incomodidad y salió de la cafetería lo más rápido posible. Harry lo venía siguiendo por detrás pero a paso más lento y cabizbajo.
-Harry sé muy bien qué es lo que siento por ti. Sé muy bien qué es lo que quiero para mi vida. Pero necesito un poco de tiempo para acostumbrarme a esto, ¿Entiendes?.- Espetó el ojiazul cuando ambos entraban a los sanitarios. Luego cerró la puerta y puso la tranca para evitar posibles interrupciones y presencias no deseadas. Harry lo observó con mirada compungida y nuevamente asintió sin decir una palabra. Louis comenzó a fastidiarse por la reacción del muchachito de ojos verdes, sabía que tenía algo para decir pero no lo expresaba verbalmente y eso lo irritaba. -Harry, di algo. Si te enojaste conmigo estas en todo tu derecho. No voy a decirte nada malo.- Entonces el menor abrió la boca para murmurar algo, pero calló al instante en que unos susurros y suspiros se escucharon en el ambiente provenientes del interior de uno de los cubículos. Louis bufó molesto. Sabía con certeza quiénes serían... Se acercó con decisión y algo de molestia al cubículo ante la mirada atenta y extrañada del ojiverde, y sin más, pateó con fuerza la puerta abriéndola de par en par súbitamente. -¡¿Qué rayos?!-
Zayn se subió los pantalones con apuro, algo exaltado por el susto, y Liam volvía a reincorporarse del suelo completamente apenado.
-Necesito hablar con Harry de algo serio. Se van. – Replicó Louis con firmeza mientras señalaba hacía la puerta de salida con su brazo extendido. Invitando a ambos de sus amigos a retirarse.
Zayn lo observó con una mueca graciosa, arqueando sus cejas.
-¿Disculpa? Que yo sepa los baños son PÚBLICOS, estoy en todo mi derecho de utilizarlos.-
-Se van si no quieren que vaya a la oficina de la directora a informarle que su mejor alumno se la estaban mamando a su novio en los baños.-
-De acuerdo, de acuerdo…me voy. -Zayn levantó ambas de sus manos en señal de rendición. - Espero que al menos estés aquí para follarte a la princesita.- -ZAYN.-
-Bieen, nos vamos…-
El morocho rodó los ojos y tomó la mano del ojimiel para retirarse en silencio. No sin antes enviarle una sonrisa algo enigmática al rizado. Este se mantenía observando todo con extrañeza y cierto pudor por lo que acababa de presenciar.
-Lo siento por eso. Debo lidiar con situaciones parecidas la mayor parte del tiempo, parecen un par de conejos. Te aseguro que si los hombres pudiesen quedar embarazados Liam ya tendría al menos diecisiete niños…- Harry sólo sonrió de lado. Al menos Zayn y Liam no tenían problema en demostrarse lo mucho que se querían, lo mucho que se gustaban el uno al otro. Y él deseaba que Louis copiara al menos un poquito de ello. Que obtuviera al menos un poco de valentía. Porque si es que ambos querían hacer florecer una relación, empezando de ese modo en el que iban no llegarían a ninguna parte. -Piensas…¿Qué algún día puedas demostrarme lo que sientes sin miedo a lo que las personas digan?- Soltó sin más con voz baja, jugueteando torpemente con un hilo que se escapaba de la costura de su sudadera. Louis mordió su piercing y bajó la vista sin saber qué decir exactamente. Esa pregunta lo había tomado por sorpresa, y el tono que había usado Harry no le había gustado en absoluto. Sabía que al rizado le estaba lastimando esa situación, pero ¿Qué podía el hacer?...Había crecido en una casa en dónde prácticamente toda su vida lo habían llenado con pensamientos homofóbicos que él creyó nunca lo habían afectado, pero al parecer no fue así, porque ahora su mente sólo giraba en el “¿Qué dirán?”
Suspiró y se acercó a las canillas para mojar un poco su rostro. Harry lo seguía con su mirada entristecida, esperando por una respuesta. Pero Louis nunca contestó. -Es sólo amor…- Murmuró con angustia el ojiverde. Louis continuó mojando su rostro sin prestarle la más mínima atención, entonces sin decir más, Harry se retiró en silencio de los baños. Louis quedó un buen rato observándose en el espejo pensando. Las palabras del rizado le habían quedado dando vueltas por su mente. “Es sólo amor…” ¿Por qué algo que parecía tan fácil era tan difícil? ¿O es que él estaba volviendo complicado algo tan banal y simple por el mero hecho de que tenía miedo?... Amor es valentía. Y Louis deseaba ser al menos un poco valiente. (…) 23:15 p.m Era ya la cuarta vez que el rubio llamaba y Harry simplemente le cortaba. Había recibido unos diez mensajes de texto también por parte de este preguntándole que había ocurrido con Louis, si estaba bien, o porqué no quería atenderle.
El rizado apagó el móvil y lo dejó bajo su almohada. Realmente no sentía ganas de explicarle a Niall todo lo que había ocurrido. Simplemente porque eso implicaba rememorar los hechos de esa mañana y tocar esa pequeña herida que aún no cicatrizaba.
La vista que él tenía fija sobre el techo de su cuarto comenzó a volverse borrosa por las lágrimas que comenzaron a aparecer. Harry se dio la vuelta y ocultó su rostro contra la almohada.
¿Por qué no podía tener una historia de amor simple y sencilla?. Caminar de la mano con Louis, besarlo cuantas veces quisiera, decirle lo mucho que lo quería en público sin rastros de miedo por parte de ninguno de los dos. Si había esperado tanto tiempo para que todo aquello ocurriera tenía derecho a poder expresar cuán feliz él estaba a su lado. Pero debió haber supuesto que no todo le sería fácil. Él era posiblemente el ser humano con menos suerte en todo el planeta tierra. Llegar a tener una historia como un cuento de hadas no le sería nada sencillo. Eso era la realidad, y Harry sintió como una pesadez invadir su ser.
Dos pequeños “tocs” en la ventana lo hicieron sobresaltar más de lo debido. Alzó su mirada bañada en lágrimas y a través del cristal observó a Louis en el árbol de manzanas. Entonces el menor frunció el ceño con restos de enojo y volvió a ocultar su rostro contra la almohada. Louis era la persona que menos quería ver en esos momentos.
El ojiazul golpeó la ventana nuevamente, ésta vez con más fuerza. Harry se hizo una pequeña bola y se cubrió completamente con las sábanas a sus pies. Como si eso pudiera hacer que la presencia del castaño desapareciera. Louis parecía no querer desistir, pues mantuvo los golpes una y otra vez, y comenzaban a ser molestos a los oídos del rizado. Finalmente el menor se levantó con molestia, abrió la ventana, y volvió a meterse bajo sus mantas con rapidez. El ojiazul observó todo con cierta gracia. Le recordó a los berrinches que Harry hacía cuando ambos eran pequeños. Se adentró a la pieza con cuidado de no hacer mucho ruido y se acercó a la cama. -Perdón, Harry. En serio lo siento mucho…-
Murmuró con aflicción mientras se sentaba a los pies del mullido colchón. El bulto que formaba el cuerpo de Harry bajó las sábanas sólo se removió un poco. Pero Harry no dijo palabra alguna. Entonces Louis suspiró y observó hacía el techo. -¿No piensas decirme nada?.-
El menor negó bajó las mantas.
-Te traje algo. Pero para verlo tienes que salir de debajo de las sábanas, si no tendré que llevármelo nuevamente a mi casa.- Louis habló con dulzura, como si estuviese haciendo algún trato con un niño. Y al parecer, con Harry eso funcionó. El muchachito de ojos verdes lentamente se destapó, revelando sólo sus grandes orbes que miraron a Louis con cierta desconfianza. Luego bajó la vista hacía las manos de este, buscando esa tal sorpresa. El ojiazul sonrió.
-Tienes que destaparte por completo Harry, de otra forma no hay trato.- Louis fingió un puchero y Harry soltó un bufido, resignándose. Finalmente se destapó por completo y se sentó, aguardando por la sorpresa que aún no llegaba. Louis lo quedó observando y le sonrió, tratando de hacerle borrar ese leve puchero que adornada en su rostro aniñado. Harry lentamente pintó una leve sonrisa, entonces su cuerpo fue atrapado por los fuertes y tatuados brazos de Louis.
-Perdón.- Replicó con sumo arrepentimiento. Harry simplemente se dejó abrazar. ¿Cómo podía aquel muchacho hacerlo olvidar por completo de todo lo malo con tan sólo un abrazo? ¿Cómo si quiera podía ser posible que un simple ser humano ejerciera tanto poder sobre él? Louis era ventisca fría de invierno, podía hacerlo temblar hasta los huesos, pero lo hacía sentir vivo y puro. En sus brazos se sentía débil y a la vez fuerte. Sonrió contra el hombro de este y Louis lentamente se separó para apreciarlo.
-¿Mi regalo?.- Fue lo único que atinó a decir el menor con una leve sonrisa que le informó a Louis que estaba perdonado. El mayor soltó una risa y atrapó nuevamente el cuerpo de Harry para tirarse con él en la cama. Ambos quedaron recostados, Harry con su cabeza a la altura del pecho del ojiazul. -Tu regalo está escondido en mis pantalones, luego te lo daré.-
Entonces Harry se incorporó rápidamente, apoyando sus codos en el colchón y observó a Louis con confusión y cierta vergüenza. Sus mejillas estaba coloradas por lo que acababa de escuchar. Louis no comprendía a qué se debía esa mirada hasta que cayó en lo que había dicho y soltó una risa. -No es eso que piensas tontín.- Habló entre risas, y el rizado sonrió con algo de alivio y volvió a acurrucarse en su cuerpo.
-¿Y cuando me lo darás?.-
-Luego, ahora quiero que estemos un momento así…sólo nosotros dos en silencio...- Louis cerró los ojos y Harry copió su acción. Los delgados dedos del castaño comenzaron acariciar con parsimonia la mata de rizos chocolate. Enredando cada hebra entre sus dedos y tocando con suavidad el cuero cabelludo del menor.
Harry disfrutaba esa sensación, le agradaba esa calidez, esa sensación agradable que lo hacía sentir vulnerable cuando alguien tocaba su cabello con delicadeza. El silencio era ameno. Ambos disfrutaban de la presencia del otro en absoluta paz. Harry oía con claridad cómo la respiración del muchacho mayor se había vuelto lenta y pesada, y las caricias a sus rizos se fueron apagando. Louis estaba por dormirse. -¿Louis?.-
El nombrado no respondió, entonces Harry supuso que ya había caído en la tierra de ensueño. -Lou…- Volvió llamar. Ésta vez, incorporándose levemente, verificando si estaba durmiendo en realidad. Sonrió levemente y plantó un pequeño beso en sus labios para luego volver a acurrucarse a su lado.
Trató de conciliar el sueño también pero había algo que picaba en su interior y no lo dejaba hacer tal cosa. Sabía que no debía hacerlo, pero la curiosidad lo estaba carcomiendo por dentro. Movió el hombro de Louis levemente para comprobar que este estaba en un profundo sueño y que no se despertaría por lo que él estaba a punto de hacer. Al no tener reacción alguna por parte del castaño, metió con lentitud su mano en el bolsillo de sus pantalones leggins buscando su ansiado regalo. Los pantalones eran algo apretados, por lo que Harry temía que sintiera el roce de su mano contra la pierna, pero al parecer Louis no sintió absolutamente nada pues siguió durmiendo con placidez. El rizado sacó de allí un pequeño papel, que luego se dio cuenta era un avioncito algo aplastado y arrugado. Frunció el ceño y comenzó a abrirlo, preguntándose si esa era la gran sorpresa que el castaño tenía para él. Al abrirlo completamente un collar de avión de papel cayó y el rizado lo tomó rápidamente. Lo apreció por unos instantes; era realmente hermoso y muy brillante. Se sintió algo mal por haber abierto la sopresa sin el consentimiento del ojiazul y sin que este ni siquiera lo supiera. Pero esos pensamientos rápidamente se borraron de su mente cuando descubrió que en el papel había algo escrito y enseguida comenzó a leerlo.
“El amor es ser valiente. El amor es tener el suficiente valor como para enfrentar al mundo por la persona que quieres. Es hacer a un lado la opinión de los demás. Es darlo todo. Es volar alto a sabiendas de que puedes caer en cualquier momento. Es estar dispuesto a atravesar adversidades. Sé que no soy la persona más valiente del mundo Harry, pero quiero aprender a serlo a tu lado. Enséñame a volar alto sin tener que estar lidiando con el miedo a caer. O si lo hago, quiero tener la certeza de que caeré contigo. Quiero que seas mi compañero de vuelo, el que este conmigo cuando tengamos que atravesar tormentas o cielos celestes…quiero que me enseñes a retomar vuelo…por esa razón te dejo este collar, yo tengo uno a juego también. Los collares de algodón de azúcar son muy infantiles para seguir usándolos ¿No crees?. Aunque tengamos que pasar tormentas o huracanes, sé que juntos volaremos alto y atravesaremos cualquier cosa..." El corazón de Harry comenzó a bombear a un ritmo acelerado por todo lo que había leído ellí. Las palabras de Louis eran más que sinceras, y podía sentir todo el sentimiento que había puesto escribiéndolas. Sonrió y apretó el arrugado papel junto con el collar contra su pecho. Se recostó nuevamente con suavidad a un lado del ojiazul y volvió a acurrucarse en él. -Aprenderemos juntos Lou...-
Capítulo 19: Un nuevo mundo.
“Hubo una vez un mundo, uno pequeño, uno inocente, lleno de sonrisas infantiles, raspones de rodillas, golosinas, y juguetes. Un mundo que tú y yo construimos de pequeños. Un mundo en dónde todo era cálido y siempre había días soleados. Con el correr de los años ese mundo quedó olvidado. Quedó hecho a un lado, quedó contaminado con promesas rotas e indiferencia. Sin embargo, los restos de aquel destruido mundo aún se conservan muy en el fondo de ambos, y cada vez que tu mirada se une a la mía, cada vez que nos tocamos sin querer, cada vez que te oigo hablar, esos pedazos parecen querer unirse y volver a armarse. ¿Estarías dispuesto a volver a reconstruir ese mundo a mi lado?...”
No creo que nadie se sienta de la manera en la que yo me siento por ti ahora. -Wonderwall / Oasis. -¿Puedo besarte?- El corazón de Harry se detuvo ante aquella interrogación. Cada célula de su cuerpo parecía enloquecida, reaccionando ante las palabras soltadas por el chico mayor. Ese conjunto de letras insípidas que formaban una oración tan importante para él.
-Sí, puedes…- Respondió en un susurro. Como no queriendo que nadie más se percatara de lo que estaba a punto de suceder allí, en el medio de aquella calle.
Louis se acercó a él y lo tomó con delicadeza por ambas mejillas. Se fue acercando poco a poco, hasta que sus respiraciones chocaban la una con la otra. Finalmente juntó sus labios. No fue un beso apasionado, fue más bien uno simple. Uno dulce. Pero con infinitos significados ocultos. Duró apenas escasos segundos. Pero para Harry había sido más que suficiente. Ese hecho compuesto por tan sólo mínimos instantes le dejaría emociones que durarían semanas, él estaba muy seguro de eso. Mantuvo sus ojos cerrados, con miedo a abrirlos y encontrarse con que todo aquello no era real. Que en realidad había besado a otra persona creyendo que era Louis.
¿En serio lo había besado? ¿Todo eso estaba ocurriendo realmente? Finalmente su príncipe volvía a ser SU príncipe luego de tanto tiempo. Todo parecía salido de un cuento de hadas, todo parecía tan irreal y perfecto, todo era tan…
-¡Harry!.- Raquel observó con gracia cómo su sobrino se aferraba a la almohada y la besaba, aún estando dormido.
-Lou...- Murmuraba entre besos y Raquel soltó una risa. Su sobrino soñaba con el vecino. Otra vez… No era la primera ocasión que Raquel oía cómo el nombre de aquel castaño se escapaba de los labios de Harry entre sueños. -¡Harry, despierta!- Volvió a llamar. Esta vez, moviendo el hombro del rizado. Sólo así, los párpados de Harry comenzaron a abrirse lentamente. Tan pronto como pudo lograr abrirlos, los cerró. Toda la luminosidad de su cuarto hacía arder sus ojos. Sabía que eso era sólo el principio, pues la resaca apenas comenzaba a atacar.
-Apaga la luz…- Se quejó, escabulléndose debajo de sus muy desordenadas sábanas de flores.
-Debo irme a trabajar Hazz, te dejé un par de aspirinas junto a tu desayuno, tómalas cariño. – Anunció Raquel mientras abría las cortinas de par en par. Era un hermoso día en la ciudad. Sólo unos pequeños nubarrones rosados por el amanecer, adornaban el cielo matinal. La luz de la mañana se filtró a través de las finas sábanas de Harry y este soltó un molestoso quejido. -Nos vemos más tarde Hazz, ya se me hace tarde para el trabajo, no me gustaría que me despidieran cuando apenas comienzo a trabajar en aquella florería.-
La castaña se acercó a su sobrino y plantó un dulce beso en su cabeza por encima de la tela de las sábanas. El fuerte olor a alcohol llenó sus fosas ni bien se acercó a él, entonces Raquel frunció el ceño. - Cuando regrese de trabajar tú y yo tendremos una charla muy seria muchachito.- Harry se limitó a suspirar de mala gana. No estaba en su mejor estado para soportar los reproches de su tía. Su femenina y madura voz se oía como grandes gritos en sus oídos. Todo le causaba molestia, hasta los leves cantos de las aves en la lejanía. Parecía tener una especie de banda de rock tocando dentro de su cabeza a toda potencia, y Harry sabía que no se detendrían en un buen rato.
Asomó la mitad de su cara fuera de sus sábanas buscando la figura de su tía. Al parecer ya se había marchado, pero tan pronto como pensó eso, los pasos de sus zapatos de charol volvieron a acercarse al cuarto. Harry se tapó por completo nuevamente.
-Cariño, me olvidé de decirte, llamé a la casa de los Tomlinson y avisé que hoy no podrás ir a trabajar porque no te encuentras bien. La vieja aceptó pero dijo que deberá descontarte un poco de tu paga.-
Harry contestó con un par de murmullos inentendibles. Le daba igual si le descontaban paga o no. Él solo quería exiliarse al Sol en esos momentos. Anotó mentalmente que jamás volvería a probar ni una sola gota de alcohol. No al menos hasta tener lo dieciocho años cumplidos.
-Ahora sí me voy Harry, ¡no olvides tomar las aspirinas que dejé!-
Escuchó atentamente los pasos de su tía alejarse, bajar las escaleras, y finalmente el ruido de la puerta de entrada cerrarse.
Unos minutos después, cuando el rugido del motor de la Van dejó de escucharse, el ojiverde decidió levantarse. Tardó más de lo normal en hacerlo, pues su cuerpo parecía una pesada bolsa de cemento y sus piernas sólo extensiones sin vida que no estaban dispuestas a cumplir sus órdenes. Así que después de un largo rato sentado en la punta de su cama observando la nada, decidió tomar una gran bocanada de aire para reunir fuerzas y levantarse de una vez por todas.
Cuando finalmente sus pies tocaron el suelo, las náuseas se hicieron presentes. Harry volvió a repetirse por segunda vez que jamás volvería a probar alcohol.
El muchachito de ojos verdes corrió con desesperación por el largo pasillo de su casa, dónde al final se encontraba el baño. Al llegar, se dejó caer de rodillas frente al retrete y descargó todo. El sabor ácido y repugnante invadió su boca. Harry soltó un suspiró pesado y observó sus ropas; aún llevaba el vestido de flores. Este tenía manchas de cerveza y otras manchas que Harry prefirió no saber su origen. Se preguntó qué tan destrozado había llegado la noche anterior cómo para olvidar cambiarse. Él no recordaba absolutamente nada de lo que había sucedido, sus pensamientos eran difusos y mezclados. El último hecho que su mente había retenido era estar buscando a Niall por los sanitarios y encontrar a Zayn y Liam teniendo relaciones. Las mejillas de Harry se colorearon al recordarlo. Esperaba que al menos hubiese podido besar a Louis. De otra forma, todo el calvario que estaba viviendo en ese momento por la borrachera, sería en vano.
Decidió tomar un baño. El olor a alcohol que desprendía su cuerpo ya casi lo estaba volviendo a embriagar. Por unos cuantos minutos dejó que la lluvia de la regadera diera contra su espalda, mientras él sólo pensaba, haciendo su mejor esfuerzo por recordar algo. Colocó un poco de shampoo en su palma y lo esparció por sus rizos, masajeando con suavidad, y pasando la yema de sus dedos por su cuero cabelludo. Comenzó a hacer memoria nuevamente, esta vez, teniendo éxito. Recordó que Niall lo había abandonado en el bar para irse a bailar con unas cuantas mujerzuelas, y que luego Louis lo había dejado por los mismos motivos. Por esa razón él había decidido emborracharse. Dejó de masajear sus rizos al momento en que recordó cómo había bailado descaradamente en medio de esos dos hombres desconocidos. Un gran rubor se apoderó de sus mejillas. ¿Cómo había sido capaz de tal cosa? Se sintió asqueroso y decepcionado de él mismo. Continuó recordando. Louis lo había ido a buscar y él se había resistido a abandonar su posición de entre los dos hombres. Volvió a cuestionarse así mismo, ¿Qué diablos pasaba por su cabeza en esos momentos para hacer tal cosa? Sentía que merecía una buena bofetada en el rostro.
Recordó cómo aquellos hombres comenzaron a pegarle a Louis, y se sintió culpable por eso. El ojiazul sólo trataba de defenderlo y alejarlo de esas dos escorias que buscaban aprovecharse de él. Pero él, cegado por el remordimiento de que Louis lo había dejado por irse a bailar con las dos muchachas, buscaba llevarle la contraria a toda costa, aunque eso significara quedarse con aquellos patanes. Se desconoció nuevamente. Luego de que ambos habían escapado del antro, recordó que habían corrido por la calle descalzos y sonrió dulcemente ante eso. Al menos no todo había ido mal esa noche. Su memoria trajo a su mente la siguiente escena, y el ojiverde se recostó contra la pared con pesadez. Su expresión se volvió una de completa desilusión, tristeza, y pena. Se sintió el ser humano más torpe, inoportuno, e infortunado del mundo por lo que había ocurrido luego... Flashback.
-¿Puedo besarte?- El rizado contuvo la respiración cuando esa pequeña oración salió de los labios de Louis. Mínimas palabras pero que traían un gran significado para él. Porque eso era lo que había estado esperando por tanto tiempo… -S-si puedes...- Contestó con voz cohibida.
Louis se acercó hacía él y lo tomó por ambas mejillas. Harry cerró sus ojos y entreabrió sus labios a la espera de los finos labios de Louis. Pero en ese instante, en ese preciso e inoportuno instante, las débiles piernas del muchachito de ojos verdes flaquearon, y la perfecta figura de Louis comenzó a difuminarse de su campo visual.
Parecía como si el mismísimo universo estuviese conspirando en su contra, porque justo en ese momento las consecuencias de haber bebido cantidades de alcohol comenzaban a surgir efecto en él…
Fin del flashback.
Harry arrojó el jabón en sus manos con enojo. Una serie de insultos eran lanzados hacía su propia persona en esos momentos por ser tan desgraciado. Sólo a él le sucedían ese tipo de cosas. Louis estuvo a escasos centímetros de juntar sus labios con los suyos y él se desmayaba por la ebriedad. Jaló sus hebras y volvió a tomar el jabón. Fregó con fuerza sus brazos y piernas, tratando de sacarse la suciedad que sentía en esos momentos por haber bailado en medio de dos desconocidos que lo toquetearon a su antojo, y también tratando de liberar el enfado que tenía consigo mismo. De seguro Louis en esos momentos se estaría riendo de él por su estupidez, o quizás no volvería a querer saber de su existencia nunca más. Harry se sintió completamente deprimido al pensar aquello.
¿Por qué tenía la manía de arruinarlo todo siempre? Volvió a su cuarto cabizbajo y caminando a paso lento. Casi arrastrando ambos pies. Su mente parecía no querer dejar de torturarlo y atosigarlo con preguntas que no hacían más que hacerlo sentir más deprimido de lo que ya estaba.
¿Cómo había permitido eso? ¿Cómo había sido tan idiota? ¿Por qué había dejado ir una oportunidad como esa? Harry quería encerrarse en su cuarto y pasar allí unas dos o tres semanas, sólo hasta que su tristeza se marchara. Sabía que había dejado ir una muy grande oportunidad.
Suspiró pesadamente mientras se observaba en el espejo y comenzaba a peinar con lentitud sus rizos mojados, desenredándolos con cuidado. Se sonrió forzadamente pero luego el puchero volvió a tomar lugar en su rostro. Bajó la vista con tristeza y a través de reflejo observó sus pantalones tirados en el suelo junto a un montón más de ropa sucia, pero del bolsillo de este salía un pequeño papel que atrajo su atención. Frunció el ceño y se acercó. Levantó la tarjeta con algo de duda y la observó extrañado por unos instantes. Al abrirla pudo reconocerla. Era la tarjeta de invitación del cumpleaños de Eleanor. Recordó que la fiesta se llevaría a cabo esa misma noche y soltó un pesado bufido. A duras penas se estaba recuperando de su resaca y esa misma noche tenía otra fiesta. Pero él no estaba dispuesto a faltar, eso sería dejarle a Louis servido en bandeja a la bruja de Eleanor. Sabía que esa fiesta era otra gran oportunidad y esta vez no la dejaría pasar… ¿Quién dijo que su batalla estaba del todo perdida? No estaba dispuesto a flaquear tan fácilmente, no después de haber esperado tantos años a que su príncipe regresara por él nuevamente…
(…)
-¡Oh, vamos! ¿Por qué no quieres? Piénsalo, seriamos una hermosa pareja; yo de cenicienta y tú del bello príncipe…¿He? ¿Qué dices Louis?-
-¡No Eleanor! ¡Acabo de decirte que ya reservé mi disfraz de pirata, no pienso sustituirlo por un ridículo disfraz de príncipe! , eso es de lo más cursi que he oído en mi vida.-
Al decir aquello, el subconsciente de Louis le recordó todas las situaciones que habían ocurrido la noche anterior, como él corriendo descalzo tomado de la mano de Harry. Eso era realmente cursi, y pegó directamente en el ego del ojiazul, pero decidió no darle importancia. Después de todo, nadie había sido testigo de esos hechos. Nadie a excepción del rizado, pero Harry había estaba demasiado borracho como para rememorar tal hecho. Soltó un suspiro algo triste al recordar aquel beso que no fue. Se preguntaba si al menos el rizado recordaría que él había intentado besarlo. Esperaba que sí. Aunque estaba seguro de que por la condición que tenía esa noche, esta mañana al despertar, el rizado con suerte recordaría su propio nombre. -Pero yo puedo comprarte el traje, tú no tendrías que gastar nada de dinero ¿Qué dices? ¿Si?.- Eleanor juntó sus palmas como suplicando. Su jovial rostro mostraba su mejor sonrisa amable y compradora, aunque para la vista de Louis, esa sonrisa se asemejaba más a una tétrica y espeluznante. El castaño chasqueó la lengua con fastidio. Su resaca aún no se iba y Eleanor no hacía más que empeorarla. Por no mencionar los llantos de Nouvel en la planta alta que le informaban que ya se había despertado.
-¡NO! No seas cargosa ¿quieres?.- Bramó. Su paciencia había llegado al límite. –Y ahora vete, el mocoso ya despertó y tengo que cuidarlo.-
Eleanor arqueó una ceja.
-¿Qué no está Harry para eso?.-
-Su tía llamó avisando que él se siente mal, así que yo debo cuidarlo sólo por hoy. Y antes de que preguntes, mi madre dijo que pagaría todas las deudas de mi auto si es que lo hacía. Ahora se me disculpas, iré arriba.-
-¡Espera Louis! ¡Por favor, te prometo que no te molestare nunca más con nada! Pero disfrázate de príncipe, ¿Por mí, por favor?- Louis se detuvo a mitad de la escalera y giró para observar a la castaña. Eleanor rogaba en su interior para que aceptara, porque si es que Louis estaba de acuerdo con ser su príncipe aquella noche, el plan que rondaba por su mente estaría casi completo. -Es una oferta muy tentadora…- Espetó el ojiazul y los orbes avellana de Eleanor brillaron. Reprimió la risa triunfadora que amenazaba con abandonar sus labios. –Pero creo que tú no entiendes el significado de la palabra “No” ¿Verdad, Eleanor?. Ve a averiguarlo a la biblioteca y déjame en paz, no estoy de humor para tus parloteos.-
Louis se dio la vuelta y continuó subiendo hacía la planta alta. Abajo, una mirada llena de furia lo observaba alejarse detenidamente. Eleanor había sufrido el rechazo de Louis durante toda su infancia, y ahora en la adolescencia nada había cambiado. Había soportado el desprecio de este por años, sólo con la esperanza de que algún día cambiara y comenzara a desarrollar sentimientos hacía ella. Estaba bien para Eleanor, nunca le había molestado mucho que la tratara de tal manera. Pero ahora, ahora que le había pedido que se disfrazara de príncipe sólo por ser su cumpleaños y complacerla con algo tan mínimo y banal como eso, y este se había negado, fue suficiente para la castaña. Fue el detonante para que todo culminara. Se marchó de la casa con paso decidido e hirviendo en cólera. Con cientos de ideas perversas en su mente para hacerle sentir a Louis lo mismo que él le había hecho sentir a ella todos esos años; rechazo y dolor.
(…)
Para las siete de la tarde, la desesperación de Harry por armar un disfraz había llegado a tal punto de evaluar la idea de cortar algunos vestidos de su tía. Decidió que era mejor no hacerlo, no quería hacerla enojar más de lo que estaba por lo de la noche anterior. Así que sacó los pocos ahorros que tenía ocultos bajo su colchón, y marchó rumbo al centro de la ciudad por algún disfraz económico.
Afuera las farolas de las calles se encendían de a poco, iluminando las asfaltadas calles. Anunciando que no faltaba mucho para el anochecer. El astro rey ya se había ocultado por completo, pero en el cielo aún quedaban partes claras de su iluminación. Harry apuró el paso. Sabía que el cumpleaños de Eleanor comenzaba a las nueve de la noche, no tenía demasiado tiempo. Se detuvo en una tienda y observó los cientos de disfraces que se exponían en la vidriera. Había máscaras manchadas con sangre artificial, había un disfraz de hada, otro de lobo, de brujas, entre muchos otros. Pero ninguno se asemejaba al disfraz que rondaba en su mente. Finalmente encontró lo que buscaba en la tienda del frente, y no era precisamente un disfraz. pero era lo que él quería. Sus ojos se iluminaron ante tal belleza y su mandíbula había caído levemente. Se acercó a la vidriera y su semblante cayó al momento de ver aquella elevada cifra. Era demasiado dinero. Él jamás podría comprar algo así. Suspiró afligido y continuó observando –Ahora con algo de tristeza. – aquella obra de arte tan preciosa y delicada que se mostraba en un maniquí, rodeado de pequeños focos amarillos que lo iluminaban y lo hacían resaltar de entre los demás. No muy lejos de dónde se encontraba Harry, Eleanor se paseaba por entre las tiendas buscando los últimos accesorios para su disfraz. La castaña aún continuaba hirviendo en cólera por lo que Louis le había hecho esa mañana. Y aún continuaba pensando qué era lo que podía hacerle para hacerlo sufrir y sentir una completa basura como él siempre la había hecho sentir a ella. Así que en cuanto vio la figura pequeña y aniñada de Harry a unos metros de ella, su semblante se iluminó y una maléfica sonrisa se pintó en sus labios.
Quería hacer sufrir mucho a Louis, y no había nada mejor que atacarlo en su talón de Aquiles. Se acercó al muchachito con una sonrisa maliciosa, caminando con delicadeza y haciendo sonar la suela de sus zapatos negros contra la acera. Harry estaba tan absorto que no se percató de que la castaña se acercaba hacía él, y cuando Eleanor finalmente estuvo a su lado, se dio cuenta cuál era el centro de atención del menor, y por la cual su rostro se veía tan cautivado; Harry observaba un hermoso vestido blanco. Uno de copa ancha, con encajes de tul, y muy delicado. Casi como salido de un cuento de hadas. Entonces Eleanor supo qué era lo que haría esa noche. -Es hermoso.- Habló, fingiendo suma atención al vestido frente a ella. Harry se sobresaltó y observó extrañado y con algo de temor a la castaña a su lado. -¿Te gusta?.- Inquirió Eleanor, y esta vez Harry respondió con un trémulo “Si”. La castaña sonrió. -Apuesto a que Louis quedaría embobado si te viera usándolo.- El rizado frunció el ceño. Observó fijamente el perfil de la castaña, tratando de averiguar sus intenciones. No entendía hacía dónde quería llegar con eso. Pero si de algo estaba seguro era que sus intenciones no eran nada buenas, porque nunca eran buenas. Eleanor notó la mirada de desconfianza del rizado y se apresuró en actuar. Debía ganarse la confianza del muchachito de ojos verdes sí o si, de otra forma, el plan que había elaborado hace minutos se iría a la basura. -Harry, sé que nuestra relación siempre fue pésima porque ambos sentimos lo mismo hacia Louis ¿Verdad?. Pero ahora que hemos crecido, me di cuenta que él jamás me mirará de la forma en que te mira a ti. Decidí no interferir más en su camino. Louis es todo tuyo ahora…-
Harry quedó mudo y más confundido de lo que ya estaba. ¿Qué rayos le ocurría a Eleanor? ¿Qué buscaba con toda esa actuación?. Buscó algo de insensatez en sus castaños ojos, o esa pizca de malicia que Eleanor siempre traía en su mirada.
La chica de dieciocho años suspiró con fastidio, tratando de mantener su paciencia con el muchachito de rizos. Le estaba costando más de lo que pensaba hacer que confiara en ella, pero estaba dispuesta a hacer lo que sea para hacer marchar su plan a la perfección. Aunque eso significara que tendría que comprar un vestido carísimo, así lo haría.
-Te ayudaré a conquistarlo para que creas que todo esto que te digo va en serio. Creéme Harry.- Sonrió lo más pulcramente que pudo y tomó la mano del rizado para ingresar a la tienda. Al instante de hacerlo una rubia mujer con rasgos finos se acercó a ellos. -¿Puedo ayudarlos con algo?- Preguntó con un acento francés muy marcado y Eleanor asintió. -Quiero que me muestre el vestido que se expone en la vidriera, por favor.- La mujer rubia le sonrió a ambos y se marchó en busca del delicado vestido. Harry observó a la castaña atónito. ¿Entonces todo iba en serio? ¿Eleanor sería capaz de comprarle ese vestido sólo para ayudarlo a conquistar a Louis? ¿Debía creerle…?. Harry no sabía qué pensar al respecto, todo era muy extraño. Observó a Eleanor desconcertado, y esta le regaló una sonrisa dulce.
-En serio Harry. déjame ayudarte con Louis, prefiero que sea tuyo a que sea de alguna de todas las zorras de la escuela. No tendrás que pagarme nada por lo del vestido, tómalo como un regalo ¿Si?.- Harry asintió suavemente. Sabía que sentiría ese peso de deberle algo a la castaña para toda su vida. Tenía que poder hacer algo por ella para no sentirse tan mal consigo mismo. -Al menos ¿Puedo hacer algo por ti? Te prometo que haré lo que sea.- Entonces la maliciosa sonrisa de Eleanor volvió a tomar lugar en su rostro. Al fin el rizado se había dignado a decir aquellas palabras que fueron melodía para sus oídos. -Déjame alistarte para el baile.-
Soltó con firmeza y Harry aceptó de inmediato.
Eleanor pensó que Harry aún era ese niñito inocente que se dejaba engañar por una par de cosas que llamaban su atención. Aún era ese niño incapaz de ver las verdaderas intenciones de las personas. Aún era un crio fácilmente manejable.
No hacía falta más que un vestido o unas cuantas muñecas para poder tenerlo bajo su merced.
(…) 8:30 p.m
-Zayn, no quiero ir con esto, es incómodo…- Se quejó el ojimiel mientras se observaba al espejo, chequeando su disfraz.
El morocho –Quien estaba ocupado arreglando el sombrero de pirata en la cabeza de Louis. – se giró y soltó una risita. Liam vestido de caperucita roja era una de las fantasías sexuales que había tenido hace mucho y no había excusa mejor que una fiesta de disfraces para obligarlo a usar tal vestimenta. -Te queda bien, ¿Verdad Louis?.- Inquirió, y el ojiazul se limitó a lanzarle una mirada a Liam, pero no contestó. Ya suficiente tenía con su propio disfraz. -En serio Li, no te lo quites. Además si decides cambiártelo ya no hará juego con mi disfraz de lobo feroz.- Zayn fingió un puchero y Liam rodó los ojos, suspirando resignado.
-De acuerdo…pero esto es realmente vergonzoso Zayn, lo haré sólo por ti.- -Te ves jodidamente sexy con eso Liam, en serio. Será genial descubrir qué se siente follar a alguien usando un disfraz de caperucita roja.- El ojimiel dejó de observarse en el espejo y giró para mirar a su novio con una sonrisa pícara. Zayn fingió un gruñido y dio un arañazo en el aire para que su novio lo viera, entonces ambos echaron a reír.
-¿Quieren dejarse de estupideces? Parece que sus vidas sólo se resumen en follar. Zayn apúrate con mi puto sombrero o no terminaremos esto nunca.- -Bien, bien, aguafiestas. No te muevas…-
Louis suspiró y volvió a quedarse quieto en su silla mientras su amigo arreglaba su sombrero. El ver a sus amigos actuar como la pareja que eran, hizo que su cabeza trajera la figura del rizado a él. Se preguntó si también estaría ocupado con su disfraz en esos momentos o si ya estaría listo. ¿De qué iría vestido? Louis sabía que aunque Harry decidiera ir vestido como una bolsa de papas, a sus ojos seguiría siendo atractivo. Soltó una suave risa al imaginarlo usando una bolsa de papas, y Zayn y Liam se enviaron una mirada, intuyendo a la perfección la persona que pasaba por los pensamientos de su amigo en esos momentos. (…) En la casa adyacente también ocurría una situación parecida. Eleanor trataba de arreglar el corsé en el vestido de Harry. Apretaba los cordones con rudeza y al rizado ya comenzaba a faltarle el aire. Pero según la castaña eso marcaría más su cintura.
-Eleanor, me duele.- Espetó con debilidad por la falta de aire, pero la castaña le restó importancia y continuó tirando de las tiras del corsé con fuerza. -La belleza duele Harry, soporta un poco más, ya casi esta.-
Harry no dijo más nada y dejó que Eleanor hiciera su trabajo. Cuando esta finalmente terminó, ajustó las tiras del corsé en un moño muy femenino. -Ahora tu cabello, ¿Quieres que te lo trence o quieres que ponga un par de moños blancos?.- -Lo que quieras.- Respondió en voz baja Harry y fue todo lo que Eleanor necesitó para comenzar a trenzarlo.
Todo estaba marchando a la perfección gracias a que Harry era tan sumiso y dócil de manejar. Por un momento Eleanor sintió algo de pena por el menor. Se veía tan ilusionado, y estúpidamente feliz, creyendo que sería cenicienta por un día y que Louis caería enamorado de él. Ya podía imaginar la cara de horror en Louis al ver a Harry. Estaba segura que ni bien arribaran al salón disfrutaría toda esa escena como una desquiciada.
-Eleanor, ¿No vas a ponerte tu disfraz? ¿No tienes que llegar primera a la fiesta…?-
Inquirió Harry con intriga debido a la notable despreocupación de la castaña. Y es que ya eran más de las ocho y media, sólo faltaban unos minutos para que la fiesta comenzara y ella aún no estaba presente. Eleanor siguió trenzando el cabello del menor con indiferencia y tiró de una de sus hebras a propósito, haciendo que el muchachito soltara un leve gemido de dolor.
-No te preocupes por eso Harry, los mozos del salón recibirán a todos los invitados. Ya está todo minuciosamente preparado allí. Respecto a mi disfraz, es realmente muy sencillo, no costará nada el prepararme. El que tiene que estar perfecto esta noche eres tú, debes estar parecido a una princesa para Louis, para que caiga rendido a tus pies de tanta belleza, ¿Entendido? No te preocupes por mí.-
Harry le sonrió y la castaña sintió arcadas por todas aquellas ridículas palabras que habían salido de su boca. Todo tendría su recompensa en cuanto arribaran al salón y se llevara a cabo su plan.
-Por cierto traje mi set de maquillaje, te pintaré un poco Harry ¿Quieres?.- El rizado asintió y Eleanor comenzó a llenar su blanquecino rostro con polvo, echando en cantidades exageradas. Luego puso una espesa capa de sombra rosa en sus párpados para luego delinear el contorno de sus ojos con delineador. Todo muy desparejo y en líneas torpes y malhechas. También pasó máscara negra en las pestañas del ojiverde, oscureciéndolas y aumentándolas de tamaño, y finalmente decidió dibujarle dos pequeños lunares con delineador negro a un costado de sus labios. Luego de que su trabajo quedara completo, se alejó un poco para apreciar su obra y reprimió la carcajada que amenazaba con salir de sus labios. Harry parecía un payaso, peor que eso, alguna especie de fenómeno extraño. Su trabajo había quedado más que excelente.
-Realmente te ves como toda una princesa Harry. No tengas duda de que Louis será tuyo esta noche, pero falta algo más…-
-¿Qué?- Inquirió Harry con preocupación.
Él quería estar perfecto esa noche para el castaño. Debía conseguir ese beso que la noche anterior se había perdido como un idiota. Sabía que las probabilidades de que se diera una situación parecida eran muy escasas, pero él no perdería las esperanzas. Además ahora tenía la ayuda de Eleanor.
-Estás muy plano de arriba, te pondré un par de medias para rellenar.- Anunció la castaña, tomando un par de medias que sobresalían de una de las cajoneras del rizado. -N-no…no quiero Eleanor, está bien así.- La detuvo, y la muchacha lo observó con reproche. -Oh vamos Harry, sólo un par, recuerda que todo esto es para que Louis se enamore de ti, y a Louis le gustan las chicas con muchos pechos. Lo conozco mejor que nadie, créeme.-
Entonces Harry asintió sumisamente, ganándose una sonrisa por parte de la castaña mientras metía dos medias enrolladas al busto de su vestido. -Ahora sí quedaste realmente una princesa Harry…te ves tan bien, que envidia… – El rizado sonrió avergonzado, mostrando sus dos hoyuelos que lo hacían ver como un querubín, y la sonrisa cariñosa de Eleanor desapareció. –Bueno ahora sal del cuarto así yo puedo ponerme mi disfraz, espérame abajo, vete.-
La castaña casi que lo empujó para que saliera de la habitación. Harry decidió esperarla abajo. Bajó las escaleras con lentitud y aferrándose firmemente a la baranda de madera, caminar con tacones era algo realmente difícil y comenzaba a lastimar sus dedos. Recordó lo que le había dicho Eleanor; “La belleza duele” Mientras esperaba a que la castaña estuviese lista, decidió hacerle una nota a su tía informándole que esa noche tampoco estaría. Esta aún estaba en su trabajo y hasta las diez no aparecía por la casa. Harry sabía que se enojaría mucho con él por no haberle avisado a tiempo por el cumpleaños de Eleanor, y se sintió algo mal por eso. Sabía que le esperaba un gran reto luego de esa noche.
Mientras en el cuarto, Eleanor comenzó a vestirse entre risas por lo ridículo que había dejado a Harry.
¿Cómo alguien podía ser tan iluso y patético? ¿Ese muchachito en serio creía que Louis caería enamorado de él cuando su imagen se asemejaba más a un fenómeno de circo que a una princesa? Estaba segura de que cuando Louis lo viera se arrepentiría muchísimo de haberla tratado de esa forma, y la buscaría nuevamente. Pero ella lo rechazaría y le haría sentir todo ese horrible sentimiento que él siempre había provocado en ella. Soltó otra carcajada y comenzó a arreglar su cabello frente al espejo. Harry escuchó las estrepitosas risas de Eleanor, y se preguntó qué diablos estaría haciendo para divertirse de tal modo. Suspiró y continuó aguardando con paciencia en la soledad de su sala. Observó al techo pensante. ¿Qué estaría haciendo Louis en esos momentos? ¿Ya estaría listo y rumbo al salón de fiestas, o aún estaría batallando con su disfraz?. Sin saberlo y por completa inercia pasó sus dedos con delicadeza por el collar que colgaba de su cuello. El pequeño y rosado algodón de azúcar resaltaba claramente en su lechosa piel. Ese infantil colgante que le había obsequiado Louis cuando eran pequeños siempre le había traído suerte. Justamente por esa razón lo estaba usando en esos momentos, porque sabía que esa noche necesitaría un poco, o quizás mucha suerte. -Ya estoy lista Harry, podemos ir yendo.-
El rizado giró al escuchar la voz de la castaña. Eleanor venía vestida como una conejita, utilizando medias de red negras, una maya roja, una pequeña corbata de moño en su cuello, y dos orejas largas en su cabeza castaña. Harry se abstuvo a hacer algún comentario, pero pensó que ese era un disfraz muy inapropiado para una cumpleañera. No debía, ni podía decirle eso a Eleanor, no después de que ella se había comportado tan bien con él. Así que en silencio, ambos salieron de la casa y subieron al auto de la castaña rumbo al salón.
(…) 9:15 p.m
El salón estaba decorado con globos dorados, cintas violetas, y las mesas tenían manteles lilas con puntillas. Era una decoración muy fina y delicada. La iluminación era tenue. Luces suaves y agradables que al momento en que el D.J comenzó a pasar música se convirtieron en luces titilantes y de colores que cegaban la vista. Una gran bola de espejos bajó del techo para comenzar a brillar, y Louis se sintió nuevamente en el antro de la noche anterior. Su mirada recorrió cada rincón del salón y cada persona, esperanzado en que podría reconocer a Harry aún estando disfrazado, pero le fue imposible. -Hey, de seguro que tu princesita aún no ha llegado. Ven a divertirte con nosotros, deja de preocuparte.- Zayn y Liam lo atrajeron a bailar junto a ellos, y el castaño se unió rápidamente. Después de todo, ambos tenían razón. Seguro Harry lo buscaría ni bien arribara pues no conocía a nadie allí. Wake me up de Avicii retumbaba en los oídos de todos los invitados cuando un gran reflector apuntó a la entrada y todos dejaron de bailar. La música se detuvo siendo reemplazada por un redoble de tambores y todos supieron que la cumpleañera estaba a punto de ingresar al salón. La gran puerta se abrió y una máquina de humo que había pasado desapercibida detrás de unas decoraciones comenzó a funcionar. Soltaba espesas nubes que apenas hacían visible la figura de Eleanor.
Finalmente la castaña salió de detrás de todo el humo, sonriente y saludando a sus invitados, quienes comenzaron a aplaudir de inmediato. -¡Muchas gracias por venir! ¡Se los agradezco!.- Saludaba y arrojaba besos con su mejor sonrisa, y luego espero a que dejaran de aplaudir para anunciar lo que tenía para decir.
-Ahora quiero que también reciban con un gran aplauso a mi amiga, está muy tímida, así que quiero que la aplaudan muy fuerte.-
Eleanor volvió a salir por la entrada y todos se miraron extrañados. Entró nuevamente a los instantes con una persona tomada de su mano, y los ojos de Louis se abrieron por completo al reconocerlo. -¡Aplaudan, aplaudan!.- Gritó la castaña y comenzó a reír a carcajadas. Risas estruendosas y llenas de maldad que hicieron que la pequeña sonrisa que tenía pintada Harry en su rostro se fuera desvaneciendo. Todos los presentes copiaron la acción de Eleanor y comenzaron a reír a carcajadas burlonas por la apariencia del rizado, todos a excepción de Zayn, Liam y Louis.
El morocho y el ojimiel observaron con pena cómo el pobre rizado parecía un completo payaso pintado de esa forma. Lágrimas se acumularon en sus orbes verdes, y no tardaron en salir. Esparciendo el delineador negro de sus ojos a los largo de sus mejillas, ensuciándolas.
La mirada de Louis no era de pena, ni tampoco estaba sobre Harry. La mirada de Louis era de furia, de aberración, y estaba puesta fijamente en la gran carcajada burlona y estruendosa de Eleanor. No sabía por qué, pero esa carcajada maliciosa más las lágrimas y sollozos del ojiverde, habían tocado algo dentro de él. Se sintió como si lo hubieran atacado a él, sintió que tenía que cuidar del muchachito de ojos verdes porque era una extensión más de su ser.
Eso es amor.
Susurró una voz dentro de él, y Louis supuso que eso debía ser. Ese sentimiento extraño que hace tan sólo días había vuelto a revivir dentro de él, ahora parecía querer salir a la luz y mostrarse ante todos. Y Louis tenía miedo.
Harry echó a correr hacia los baños con velocidad, ocultando su demacrado rostro entre sus manos. Unas cuantas personas lo iban señalando con dedos acusadores, llenos de maldad. Cómo remarcándoles a todos los presentes la situación en la que se encontraba Harry, para hacerlos reír más. Eso fue suficiente para Louis. Se acercó con decisión a Eleanor, dispuesto a terminar con todo lo que ella había comenzado.
-¿Viste lo hermosa que estaba tu princesa? No sé porqué echó a correr, si se veían tan preciosa. Apuesto a que te enamoraste de nuevo de él.- Eleanor soltó otra carcajada y Louis respiró hondo tratando de calmar un poco su ira. La observó con cólera y repulsión.
-¿Qué pasa Louis? Oww no me digas que sentiste pena por él, de seguro ya está acostumbrado a cosas así. ¡Oh, pero me olvidaba! ¡Cierto que él es tu princesita! Aw, perdón por lastimarla Louis, pero fue sólo una broma para divertir a mis invitados, no te lo tomes tan a pecho.- Eleanor movió su mano en un gesto despreocupado y el castaño la tomó con firmeza por ambos hombros. La expresión de Eleanor se volvió una de temor. -¿Sabes cuál es el problema contigo? Siempre tuviste envidia de Harry, siempre te preguntaste por qué mierda estaba rodeado de gente que lo quería siendo cómo es. Siempre pensaste que era un ser asqueroso que no merecía nada sólo por ser diferente, y siempre te peguntaste porqué gastaba mi tiempo junto a él y no contigo, que eras perfecta y hermosa según tú. – Exclamó con enojo a tan sólo centímetros de la cara de la muchacha. Para que cada una de las palabras se le quedaran grabadas muy al fondo de su cabeza. - ¿Sabes por qué nadie desea pasar tiempo a tu lado? ¿Sabes por qué decidía pasar mi tiempo junto a él y no contigo? Porque tú eres una nena caprichosa que cuando no consigue lo que quiere busca hacer sufrir a otras personas. Eres una chica que busca atención desesperadamente, aunque para eso deba maltratar y herir personas a su alrededor. Eres una perra Eleanor, y te quedarás sola el resto de tu vida por ser asi.-
Louis terminó de decir aquello y dio la vuelta, dirigiéndose hacia los sanitarios en busca de Harry, dejando a una Eleanor atónita por todas las palabras que había recibido.
-…Me dijiste perra…- Musitó con asombro, observando con ojos grandes cómo Louis se alejaba de la escena.
Enseguida una serie de murmullos invadieron el salón, y una estrepitosa risa por parte del morocho más al fondo.
-¡OH SÍ, TRÁGATE ESO ELEANOR, LOUIS SE REVELÓ!- Soltó entre risas Zayn, ganándose la mirada de muchas personas, y una penetrante y gélida mirada por parte de Eleanor.
-¡CÁLLATE MALIK, TÚ Y TU MARICA AMIGO VAN A PAGAR POR ARRUINAR MI FIESTA! ¡IMBÉCILES!.-
La castaña se giró enfurecida y se marchó de la escena con rapidez. Abandonando su propia fiesta de cumpleaños, y dejando a todos sus invitados desconcertados.
(…) Louis entró a los sanitarios con lentitud, cerrando la puerta de metal tras él. Había sólo tres cubículos, y de uno de ellos se oía el débil sollozo lastimero de Harry. Se acercó a este y golpeó dos veces la puerta. Nadie contestó desde adentro.
-Harry, abre por favor, sé que estás allí.-
Un hipido se escuchó del otro lado, y luego el sonido de la tranca siendo destrabada. La puerta se abrió lentamente, y allí estaba Harry. Sentado sobre el retrete y ocultando su rostro entre sus rodillas y parte de su ancho vestido blanco. Louis ingresó al cubículo y cerró la puerta, colocándole la tranca nuevamente. Quedó en silencio unos instantes, sólo observando con tristeza la penosa escena frente a él. Harry lloraba e hipaba como un niño. Allí, aferrado a sus piernas se veía más pequeño, más vulnerable, más frágil. -¿Es un hábito en ti encerrarte en los baños cuando quieres llorar…?-
Inquirió en voz baja y Harry lentamente alzo su vista. Sus ojos estaban rojos e hinchados, y ambas de sus mejillas estaban negras por el delineador corrido debido a sus lágrimas. Louis suspiró y acercó con duda su mano hacía el rostro de Harry, limpiando con las mangas de su disfraz de pirata todos los grandes manchones negros. -¿Ella te dijo que usaras todo esto, verdad?- El rizado asintió. – ¿Y por qué lo hiciste Harry? ¿Por qué hiciste le hiciste caso?- El menor bajó su rostro.
-Puedes decirme, no te diré nada…- Animó el ojiazul. Harry soltó un débil suspiro y comenzó a jugar con la puntilla del vestido blanco. -Ella dijo que si me vestía así tú…tú te fijarías en mí… –Harry mordió sus labios con ímpetu, dándose cuenta de lo que había dicho. El ambiente se silenció por completo. Pasaron segundos, minutos en que ninguno de los dos dijo nada. Minutos que para Harry parecieron una eternidad. Quería que Louis se marchara y lo dejara llorar en paz.
-Cuando te conocí también fue en un baño, y también estabas llorando, pero por razones muy diferentes…- Louis decidió romper el silencio y el rizado lo escuchó atento, pero con su rostro aún oculto entre sus rodillas. –Yo te pregunté por qué estabas usando una playera de niñas, y tú me contestaste que porque esa te había parecido bonita… ¿Dónde quedó ese niño Harry? ¿Dónde quedo ese niño que estaba orgulloso de lo que era y que no le importaba lo que la sociedad le dijera?- Harry no respondió, entonces Louis tomó sus brazos e hizo que dejara de ocultarse entre sus rodillas. El ojiazul metió su mano dentro del busto del vestido blanco de Harry y este abrió sus ojos con vergüenza. -¿Q-que haces?-
Louis no respondió. Quitó el par de medias que llevaba Harry para hacer de relleno, y las arrojó con enojo al suelo.
-No necesitas absurdos rellenos para aparentar algo que no tienes, no necesitas ponerte kilos de maquillaje para ser más bonito, ni usar vestidos caros, ni tacones, ni peinar tu cabello para parecer una princesa Harry.- Louis tomó ambas mejillas de Harry, haciendo que lo mirara fijamente.
-Todo eso no hace más que ocultar lo que tú realmente eres, y así es como tú me gustas, siendo simplemente tú. Para mí ya eres una princesa. Y aunque eso al mundo le parezca aborrecible, aunque eso al mundo le parezca anormal, le parezca mal..., ¿Pero sabes que es lo que está realmente mal, Harry? Toda esta puta sociedad que te juzgaba cuando apenas tenías siete años, que te hizo pasar por cosas horribles sólo porque a alguien se le ocurrió que los vestidos eran para niñas. Según ellos tú eres anormal, pero lo normal es burlarse de gente con discapacidades, lo normal es matar gente, lo normal apesta Harry. No intentes ser alguien que no eres sólo por gustarle a alguien, o simplemente encajar en el mundo. Siempre habrá alguien que te quiera por quién realmente eres, alguien que te acepte....y tú ya me tienes a mi Harry…-
Louis terminó de decir aquello y unió sus labios suavemente con los de Harry, con miedo y timidez. Comenzando a moverlos con parsimonia, procurando degustar cada centímetro de los labios del menor. Este aún se mantenía estático, pero no tardó demasiado en corresponder el beso. Por un instante aquel sucio baño se convirtió en el escenario más perfecto para el rizado, en el castillo de cenicienta, en un cuento de hadas. Porqué simplemente ellos estaban allí, porque Louis estaba allí, porque su amor se selló allí con aquel beso. Los hechos eran lo que volvían especial algo, y Harry lo comprendió.
Al compás del sonido de sus respiraciones en sincronización y el latido de sus corazones, Harry se encontró pensando en aquel beso que ambos habían compartido cuando eran más chicos. Su primer beso. Ese inocente roce de labios que se había llevado a cabo en la oscuridad de su cuarto, fruto de una infantil promesa. Entonces sonrió entre el beso.
Louis por su parte pensó que los labios de Harry seguían sabiendo a helado de chocolate, a manzanas y a los caramelos que ambos habían comido aquel lejano día de infancia. Volvió a tener ocho años, volvió a sentirse un niño remontando un barrilete, volvió a tener la sensación de que todo estaría bien. Pensó que quizás su lugar en el mundo se encontraba junto a Harry, porque así se sentía en ese momento; confortable y seguro...como en casa. Ambos chicos se separaron lentamente. Extrañándose, a pesar de que se tenían a escasos centímetros. Louis observó a Harry. El menor aún tenía sus párpados cerrados, respirando bajito y pausadamente. Sus labios ligeramente hinchados, y entreabiertos, cómo esperando por más. Harry se veía hermoso. Louis comenzó a tocar con suavidad cada uno de sus casi invisibles lunares, siguiendo por el contorno de sus labios y finalmente bajando hasta sus clavículas. Allí observó algo que le robó una sonrisa.
-Aún lo tienes…- Murmuró. Observando el pequeño collar que colgaba del blanquecino cuello del menor, entonces Harry abrió sus ojos. Louis metió su mano en el bolsillo de sus pantalones y de allí sacó otro collar. Uno con un dije de algodón de azúcar azul que había sigo degastado por el trascurso de los años. El corazón de Harry comenzó a latir a un ritmo acelerado. Louis aún conservaba el collar de algodón de azúcar.
-Creí que ya no lo tenías…- Musitó el ojiverde, no pudiendo apartar la vista del colgante en las manos del ojiazul. Aquella pertenencia tan infantil no encajaba en nada con todo en el castaño, sin embargo, allí estaba.
-Yo creí que tú no lo tenías. Pensé que quizás lo habías arrojado a la basura ni bien te lo regalé, ya sabes, no era una muñeca gigante que caminaba sola como tú tanto querías, pero cuando tenía ocho años pareció una buena idea eso de tener algo a juego, así que los compré.-
-No,no…en serio, me gustó mucho Louis. Piensa si no, no lo conservaría luego de tantos años…- Harry se encogió de hombros.
-Buen punto ricitos.-
Ambos chicos sonrieron y quedaron en silencio otra vez. Escuchando de fondo la música que provenía desde el salón. Afuera de los sanitarios la fiesta aún continuaba.
-¿Quieres volver?- Preguntó Louis y Harry mordió su labio inferior.
No le agradó demasiado la idea de volver al lugar en dónde todos se habían reído de él, y menos que menos cruzarse nuevamente con la castaña. -Estaré allí contigo ¿De acuerdo? No sucederá nada malo Harry.-
Entonces el rizado asintió. Se bajó del retrete y acomodó un poco el ancho vestido. Al salir del cubículo, Louis lo tomó de la mano con fuerza. Informándole con tan sólo un apretón que él estaba allí y que no tenía por qué preocuparse de nada, y Harry se sintió seguro.
El salón se había convertido nuevamente en una masa descontrolada de gente bailando por cada rincón. La ausencia de la cumpleañera pareció no afectar en lo más mínimo a todos los invitados. Harry agradeció que todos estuvieran muy ocupados en su mundo como para notar su presencia nuevamente en el lugar.
-¿Bailas?.-
El castaño de ojos azules le tendió su mano a Harry y este lo observó dubitativo y con mejillas enrojecidas, pero enseguida la tomó sonriente. Louis lo arrastró hasta la pista de baile y aferró con delicadeza su cintura, guiándolo con pasos lentos y suaves que no encajaban en absoluto con la música que pasaban en esos momentos. Pero a ninguno de los dos le importó demasiado. Harry apoyó su rostro con cuidado en el hombro del castaño, cerró sus ojos y comenzó a soñar. Imaginando que se encontraban en otro escenario, que tan sólo estaban ellos dos bailando en algún lugar solitario y alejado de todos. Un lugar parecido a un cuento de hadas. Entonces Harry rápidamente volvió a abrir sus ojos porque ya no quería seguir soñando o imaginar hechos de fantasía. Ahora su realidad era más bella que cualquier cuento de hadas, ahora un nuevo mundo nacía.




